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Las puertas de la paz sólo las abre el pueblo, vamos a lograrlo.

Análisis
Por María Méndez
Fundación Colombia Soberana



Iván Márquez, el Jefe de la Delegación de Paz de las FARC-EP, en entrevista con Daniel Coronel, advertía que de pasar más tiempo en este estado de incertidumbre el proceso de paz, en el que se ha trabajado por casi 6 años, podría "pasar del limbo al infierno"

Las razones están muy alejadas del revés electoral. Es más, como analizábamos en un artículo pasado, en nuestra opinión uno de los ganadores del plebiscito fueron las FARC. Ellos,  sin muestra de triunfalismo, toman el estrecho resultado a favor del NO como algo natural de la democracia, una oportunidad para escuchar otras opiniones valiosas y constructivas.

La preocupación del jefe negociador, y obviamente de las FARC, es que es muy costoso mantener un ejército sin recibir dinero alguno. Las FARC han dejado de cobrar los impuestos con los que se mantenían económicamente, pero los gastos siguen siendo los mismos.


Iván Márquez, Pablo Catatumbo y Pastor Alape
Por su parte en entrevista con El Tiempo, Pastor Alape también se refiere a estas preocupaciones y confía que al terminar este año el acuerdo comience a ser implementado. Pablo Catatumbo le contesta a Camilo Segura y Mario Zamudio de El Pacifista, sus preguntas sobre el triunfo del NO y, al igual que los comandantes Iván Márquez y Pastor Alape, muestran su preocupación por la dilación en la implementación del proceso.

En nuestra opinión esta situación puede deberse a varias cosas, y una de ellas es al afán de quitar del acuerdo final la repartición justa y equitativa de la tierra, el derecho de las comunidades de hacer consultas válidas para que se defina el uso de la tierra y así poder frenar proyectos mineros que acaban con nuestro medio ambiente, las medidas y garantías para poder desmantelar el paramilitarismo y la corrupción, pero sobre todo eliminar de raíz la posibilidad de que los colombianos sepamos de una vez toda nuestra historia, quiénes financiaron los grupos armados que masacraron nuestros familiares, quiénes están detrás de la guerra en nuestro país y viven de la sangre que derrama los pobres de Colombia.

Para conseguir estos objetivos, el NO uribista esgrime sus “bases para un Acuerdo Nacional de Paz”, el cual es una invitación para fortalecer la guerra contrainsurgente, busca conservar el poder más cavernícola del país: paramilitarismo, los políticos corruptos, los despojadores de tierras y las multinacionales y afianzar la política del estado, de despojo y muerte que ha llenado el país de ríos de sangre, sangre campesina y de las clases populares.


Movilización por la Paz 12 de Octubre.
Foto Danilo Peralta. Fundación Colombia Soberana
Su afán de acabar con la Jurisdicción Especial de Paz y dejar intacta su ley de impunidad “Justicia y Paz” es, en primer lugar, no ser juzgado por los crímenes de lesa humanidad en los que está relacionado, ya sea directa o indirectamente. Colombia es un país donde la impunidad bordea el 97%, siendo la ley de “Justicia y Paz” una de las normas que más la garantiza. De 4.440 desmovilizados solo hay 35 sentencias, cifra escalofriante si contamos que es un grupo que realizó dos masacres por semana y sus líderes han confesado atroces crímenes, sin que esto represente para las víctimas verdad, justicia y reparación.

Absurda idea la del uribismo de dividir a las FARC. Quien conoce esta guerrilla sabe que es el grupo insurgente más cohesionado de Colombia. Sus triunfos y su fuerza reposan en esto. Intentar que unos sean juzgados y otros no, es una jugada para atentar contra esa cohesión histórica de esta guerrilla. 

¿Por qué apostarle a esto? Por el miedo. Tanto el uribismo, las demás fuerzas de extrema derecha, la derecha y la oligarquía colombiana han tenido un miedo histórico a enfrentar políticamente, no solo a las FARC, sino a la izquierda, pero sobre todo a los comunistas y revolucionarios de nuestro país.

La masacre de las Bananeras y la arremetida contra Maria Cano y el Partido Socialista Revolucionario, la eterna sentencia a muerte a la que hemos sido condenados los miembros del Partico Comunista, el asesinato de Gaitán y el genocidio contra los gaitanistas, la barrida a sangre y fuego contra la UNO y los más de 6.000 muertos de la UP respaldan nuestra teoría.


Movilizaciones por la paz en el patio 4 de la Picota
A la mesa se llamó a Uribe y a todos los sectores de la sociedad. A los Foros no fueron los cristianos que ahora quieren declararse víctimas. Deben demostrarlo y pueden hacerlo, así como nosotros hemos demostrado el exterminio contra los sectores revolucionarios. Pero eso se hace con números y nombres, no con mentiras y trabas a la paz. Nosotros tenemos a Jaime Pardo Leal, Manuel Cepeda, Mercedes Méndez y un gran y doloroso etcétera que reposa ante las cortes nacionales e internacionales.

Quieren proteger a la familia de los homosexuales, pero no de los despojadores, violadores, empaladores y torturadores. Gritan por la libertad de culto y no recuerdan que esa libertad ya está consignada en la Constitución del 91 y reposa sobre la sangre de nuestros miles de nuestros muertos y los huesos de otros centenares de desaparecidos que, a pesar de no compartir sus creencias, nos la jugamos para que tuvieran la libertad de creerlas y divulgarlas, y aun así tienen el descaro de pedir respeto mientas llaman a los colombianos y a sus feligreses a acabar con los comunistas. El respeto se pide cuando se da.

Hablan, al igual que el sector uribista y otros sectores fascistas del NO, de los niños combatientes que “no ha entregado las FARC” pero señores cristianos, son los mismos niños que ustedes llaman a exterminar en sus discursos. Señor Uribe cuéntenos que pasó con los casi 3000 niños paramilitares que usted impidió que fueran entregados al ICBF. Señores del NO ¿no son conscientes que entre más dilaten el proceso más se demoran esos niños en salir de la guerra? 

Comunicado Autodefensas Gaitanistas 
El fascismo se mueve y manipula gente. Se manifiesta de las maneras más grotescas y absurdas, pero la movilización y los anhelos de paz de los colombianos no se detienen. Las FARC, a pesar de estos problemas, continúan firmes en la determinación de continuar adelante con el proceso de paz. 

Los colombianos tras las rejas se movilizan, en sus posibilidades, para exigir esa paz que llegue a todos los sectores sociales, los militares y policías presos respaldan el proceso de paz y apoyan la Jurisdicción  Especial para la Paz (JEP) y se acogen a ella, por su parte algunos grupos, como las Autodefensas Gaitanistas, también apoyan el proceso con las FARC y piden un proceso de paz con ellos.

Las calles colombianas se repletan de niños, hombres, mujeres, ancianos, comunidad LGTBI, estudiantes, víctimas, en fin, personas convencidas que el futuro de nuestro país no puede seguir siendo el miedo, las balas, los muertos, los retenidos de lado y lado, los bombardeos, los asesinatos, la prepotencia, el egoísmo, el odio y la negación del otro diferente. 

El gobierno entiende sus errores y asume las consecuencias, pero también su papel de cumplir el mandato constitucional que le dimos que fue luchar y alcanzar la paz para todos los ciudadanos de nuestro país. Santos, presionado por las masivas movilizaciones, se vale de la Constitución vigente para darle una salida jurídica a este impase. 

Ya nos estamos movilizando, y este es solo el inicio del camino. Falta fortalecer nuestra organización y la unidad de todos los sectores sociales que anhelamos y estamos dispuesto a jugárnosla por la paz. La paz es un derecho pero sobre todo un deber que nos impulsa a olvidar pequeñas diferencias, a pensarnos el país que le dejaremos a nuestros hijos y nietos y a tomar la iniciativa en las calles, si es necesario, en pro del inicio de la implementación de los acuerdos y, luego, exigiendo todos y cada uno de los derechos allí negociados. Las puertas de la paz sólo las abre el pueblo, vamos a lograrlo.





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