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Los bebés que mueren de hambre en la Guajira

Análisis
Tomado de Las 2 Orillas
Por Isabella Bernal 

Su nombre y su edad solo se conoce el día del entierro. Los wayúus los lloran en sus rancherías mientras en Bogotá entran a formar parte de las estadísticas: 4.125 murieron en 5 años.

Los bebés que mueren de hambre en la Guajira



Un chinchorro guajiro arrulla el cuerpo de un bebé mientras las mujeres lo despiden con gritos y llanto en una ramada en Manaure. Allí está su mamá, sus abuelas, sus tías, las vecinas de la ranchería, quienes se cubren el rostro como parte del doloroso ritual de despedida. Un adiós lleno de afecto. Nadie habla, no saben ni preguntan por su muerte. La piel de su barriguita hinchada estaba cubierta de manchas. El piache, el médico de la ranchería, creyó curarlo con su medicinas ancestrales, pero el bebé agonizante terminó en el Instituto para la salud indígena donde le recetaron una pastilla para la fiebre que costó dos mil pesos porque la mamá no tenía para el antibiótico que le hubiera salvado la vida. Murió de hambre, sin haber alcanzado a cumplir el primer año de vida. Sobrevivió días chupando un pedazo de plátano que le daba otra niña desnutrida de catorce años, su mamá, quien nunca pudo darle de lactar.

Después de un llanto ruidoso vuelve el silencio. Las tejedoras de mochilas suspenden durante 24 horas su trabajo para despedir al niño muerto; comen lentejas con arroz y conversan calladamente. En este ritual no hay chivo ni un gran fogón encendido, tampoco botellas de whisky Old Parr como en los entierros de los caciques indígenas. Es una velación dolorosa y austera. En una manta funeraria que no es otra cosa que una tela estrecha colorida, parecida a la de las mochilas, envuelven el pequeño cuerpo para enterrarlo en el árido desierto de los cementerios guajiros. Antes de que las mujeres empezaran a echarle la tierra encima, le lanzaron al hueco lo único que tenía en la vida: una camiseta sucia de franela.

Este ritual se ha vuelto algo cotidiano entre los wayúu pues casi que cada semana muere uno de sus niños. Así han enterrado a los 4125 niños que han muerto de hambre y de desnutrición en los últimos cinco años en La Guajira, según los manuales de salud. Pero también mueren por el agua con la que buscan calamar la sed del ardiente sol caribe; agua que sacan de pozos donde se revuelve la tierra y la lluvia cuando no la recogen en tanques negros de plástico sucio donde crecen y se cultivan bacterias, parásitos intestinales, sarna, conjuntivitis aguda y enfermedades pulmonares en los niños wayúu. Los riachuelos que salen del rio Rancherías van cargados de mercurio producto de las minería de las multinacionales, para hacer que el agua que beben en la Guajira sea casi que veneno.

La comida es un vaso de avena diario que es el alimento que reparten gratuitamente. El pan, un platanito o un plato de lentejas llega a la casa cuando las mamás logran vender laguna mochila en el mercado de Riohacha a menos de 10 mil pesos cuando en Bogotá valen 200 mil.


Pero para lograr esa venta, antes se enfrentan a un camino de trocha. Deben caminar desde sus ranchería hasta la carretera principal donde toman un carpati –jeep 4×4- en los que el cupo cuesta dos mil pesos si por ejemplo, el viaje es desde Mayapo hasta Manure. La inexistencia de vías no solamente complica la llegada hasta el mercado sino también hasta los centros de salud y los centro de acopio de alimentos.

Los wayúu viven de la artesanía, el pastoreo y muy pocos de la pesca, pues no todos tienen el nylon y los anzuelos. Algunas logran tomarse una sopa ayudando a los pescadores a traer la red. Otras para su suerte, se pueden encontrar en el camino con un hombre que se enamoré de su hija y les ofrezcan un chivo. La poligamia hace que las niñas queden embarazados prematuramente, casi que desde que les llega la primera menstruación.

De los niños wayúu solo se sabe su nombre y su edad cuando mueren.

El año pasado seguían muriendo los niños mientras el ex gobernador Kiko Gómez, detenido en la Picota, lanzaba con el Instituto de bienestar Familar el Programa de Alimentación y Nutrición para la Guajira – P.A.N, con un presupuesto de 4800 millones, una plata que debió cuidar Leandro Sampayo, pero que se esfumó como tantas platas en la Guajira. Como ocurre con las regalías de Uribia, un municipio que recibe 5.000 millones y que maneja las cifras de miseria más altas del país. La politiquería y la corrupción campea mientras la muerte acecha.

En los primeros dos meses de este año ya han muerto 3 bebes y 47 agonizan por haber nacido con bajo peso, por la desnutrición de sus mamás. No son muertes anónimas, son niños de carne y hueso con mamás que no olvidan y que los visitan en los cementerios esperando que algún día este ritual de la muerte no se repita con tanta frecuencia, con tanta indolencia.
 Aquí está el nombre, el lugar y la edad de los 4.125 niños que han muerto en La Guajira. Esta información se obtuvo de la tutela puesta por el Director de Planeación de La Guajira, Cesar Arismendy

Aquí está el nombre, el lugar y la edad de los 4.125 niños que han muerto en La Guajira. Esta información se obtuvo de la tutela puesta por el Director de Planeación de La Guajira, Cesar Arismendy

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