opinión
tomado de Plano Sur

Todo empezó con un golpe de prensa, cuando al General José Roberto León Riaño le dio por maquillar resultados en un reciente episodio de desinformación nacional. El movimiento fue simple: el director de la policía presentó el operativo como un gran golpe a las estructuras de las FARC en las Universidades públicas del país.
Tal y como se publicó en varias Empresas Periodísticas (entre ellas Vanguardia Liberal, el Meridiano de Sucre.com, la Revista Semana, Caracol Radio, El Tiempo, El Espectador, Radio Nacional y otros), se dio a entender que los organismos de inteligencia “reaccionaron” luego de varios meses de investigaciones y seguimientos, al percatarse de una estructura universitaria que posaba indistintamente como JM19 y como Movimiento Juvenil Bolivariano, plataforma clandestina desde la que se estaban planeando para la fecha varios disturbios en conmemoración del segundo aniversario de la muerte de alias el 'Mono Jojoy’.
Publicaron además el evento como si fuese el resultado natural de una intervención democrática de la seguridad del estado al detectar “presencia de miembros del Partido Comunista Clandestino de Colombia, PC3, fundado por orden del extinto jefe del Secretariado de las Farc, Alfonso Cano y del MJB”. Los distintos medios ofrecieron versiones encontradas, salvo en la acusación, con datos que no contrastaron, con una nula investigación y con informaciones que no verificaron. Algo acostumbrado en las rutinas afanosas de sus salas.
Luego del episodio, con dignidad y argumentos, organizaciones defensoras de Derechos Humanos, e integrantes de la Universidad Industrial de Santander (UIS) informaron sin estridencias, sin mentiras ni pomposas ruedas de prensa que desde abril de 2011, las Fuerzas militares y sus organismos de inteligencia, habían desplegado una estrategia ilícita de persecución política “con el oscuro objetivo de obstaculizar y criminalizar la protesta social en las universidades colombianas”.
Señalaron con ahínco que la estrategia de persecución “se venía trazando gracias a una fábrica nacional de falsos testigos e informantes, los cuales son utilizados para señalar de manera temeraria a los distintos colectivos y organizaciones universitarias como ‘supuestos integrantes’ de la guerrilla”. Por último se manifiesta en el oficio la total confianza en la inocencia de los siete detenidos.
N
o obstante la declaración, ella fue desconocida y contra evidencia, en los informes publicados a todos nuestros colegas les dio por revolver peras con naranjas y en el intento de criminalizarlo todo, de ser portavoces indolentes, se copiaron y pegaron unas declaraciones que faltaban a la verdad, entre las que se distinguieron grandes torpezas, como la de hacer pasar la organización JM19 como el brazo político del Movimiento Bolivariano o MB, una acusación tan traída de los cabellos como torpe.
Como bien pudo establecer Prensa Rural en su portal web, en alianza con la publicación digital especializada Prensa universidad, las inconsistencias saltan a la vista pues “La noticia de la captura se produjo el día 28, ¡dos días después! de la protesta estudiantil que se desarrolló en la UIS en la que durante un "pupitrazo" el ESMAD arremetió brutalmente contra los estudiantes que se manifestaban pacíficamente contra la situación de la Universidad tras varios meses de encontrarse en un limbo jurídico y por haber invalidado la designación de Gilberto Carrillo como el legítimo rector gracias a una acción de tutela…”.
La misma agencia puntualiza: “Durante dicha jornada, los universitarios resistieron la invasión por parte de la policía al campus y destruyeron algunas de las cámaras de persecución que había instalado Camacho Pico - exrector que estuvo en el cargo a pesar de la conversación con un paramilitar en la que se hablaba de asesinar estudiantes y profesores que se opusieran a su gestión- con el objeto de perseguir al movimiento estudiantil, ya que tras su nefasto paso por la rectoría por ejemplo, hoy es una falta leve pegar un cartel en la Institución y una falta grave interrumpir una clase”.
En contraste, las empresas periodísticas privadas destacaron desde el otro lado de la orilla que los capturados tenían planeado (que nos enseñen la máquina del tiempo) destruir las cámaras de seguridad de la Policía (ya averiadas), tomarse el edificio de Bienestar Universitario, saquear un cajero automático e incendiar salones, “la acción criminal de los capturados había sido bautizada como operación incursión renacer”. Sin sonrojarse recalcaron que “la misión de los capturados era fabricar dicho material explosivo el cual sería usado para sabotear las diferentes protestas convocadas por diferentes sectores para este jueves y viernes…”
Un contrasentido y una falacia que se cae por su propio peso, pues a ningún estudiante u organización que reivindica presupuesto, calidad, educación para los más oprimidos y cobertura en los sectores que lo necesitan, se le ocurría sabotearse a sí misma y menos destruir las condiciones de posibilidad que le han ayudado a descubrirse académica y políticamente. Un salón es un punto de encuentro de sensibilidad y conocimiento, pero allí entra el disfraz de quienes se ocultan tras el verde oliva y su oscuro pasado, pues como lo denunciaron en su momento Prensa Universidad y Prensa Estudiantil: “Si la policía hace esa aseveración es porque el 15 de junio del 2011, mientras se desarrollaba un enfrentamiento entre estudiantes y el ESMAD en la portería de la UIS, agentes infiltrados prendieron fuego contra el edificio administrativo, no sin antes llevarse la información de los computadores, con el objetivo de legitimar la militarización de la Universidad que aun sufre la comunidad universitaria.
(Ver: http://prensauniversidad.blogspot.com/2012/06/especial-aniversario-militarizacion-uis.html)”
Pero quizá una de las acusaciones más graves que se viene desarrollando y que quedó como información acreditada ante la opinión pública, es la que expone que quienes fueron detenidos en el episodio se aprestarían a realizar una conmemoración violenta del fallecimiento del ‘Mono Jojoy’; una treta publicitaria tramposa divulgada por las oficinas expertas en retórica, que se trabajó como una argucia idéntica a la operada con los más de 3000 casos de ejecuciones extrajudiciales (bautizadas falsos positivos) registradas en el país, negadas por sus autores intelectuales y que hoy constituyen una vergüenza internacional.
Por ello debe estar claro que el bombardeo en el que murió el comandante insurgente, se produjo un 22 de septiembre (del año 2010), por lo que el supuesto “aniversario” no tiene nada que ver con este falso positivo judicial. A todas luces es extrañísimo (insistimos en que nos muestren la máquina del tiempo) que una “conmemoración” de este tamaño se organizara “muchos días después y además por parte de
un supuesto grupo que reivindica una extinta guerrilla ideológicamente muy distinta a las FARC.”
Pero Vanguardia Liberal, Semana, Caracol y los demás insistían: “Preparaban actos terroristas”, “La Policía viene trabajando fuertemente en procesos investigativos contra infiltraciones por parte de grupos guerrilleros desde el 15 de junio del año pasado…”, se hace “un llamado a los jóvenes para que no se dejen engañar y terminen enredados en las redes de los terroristas”, “Policía encuentra la fábrica de papas bomba en Santander”, “Policía logró desmantelar una estructura universitaria del Movimiento Juvenil Bolivariano”, “Olor a pólvora... ¿la guerrilla en las universidades?”, “La red estaría conformada por cerca de 50 personas que han extendidos sus tentáculos…”.
La publicación Semana fue más allá y con un video
perteneciente a una tendencia diferente a la acusada, endilgó la intervención en el video grabado en baja resolución a la agrupación envuelta en los señalamientos, en un triste equívoco que se hundió sin criterio hasta el fondo: "Aunque usaban brazaletes y bandera del M-19, realmente no tenían nada que ver con ese movimiento, que no existe. Estaban más relacionados con las Farc que con otro grupo. Usaban la imagen del M-19 para tratar de reclutar estudiantes a los que les enseñaban fabricación y uso de explosivos, explicó a SEMANA uno de los oficiales de Dipol”.
Hay que señalar que una cosa es el MB, otra el MJBC, otra el JM19 y otra muy distinta los muchachos detenidos, que son inocentes. Tal como lo predica el ordenamiento jurídico colombiano, se presume su
inocencia hasta que se demuestre lo contrario, diferente a lo que piensan la Dijín, los Medios privados y sectores de la opinión.
Pero no ha de extrañarnos que cada acusación ventilada y la condena mediática producida se mantenga (incluso la del servidor público que perdió la vida en un enfrentamiento en el Valle).
Pero sí resulta amargo observar los impunes mensajes en las Empresas Periodísticas, las mismas que se codean sonrientes en los cocteles de Pacific Rubiales, aquellas que se silencian deliberadamente a cambio de patrocinios: aquellas que cambian de parecer cuando de dinero, intereses o pauta publicitaria se trata.
Los estudiantes, los trabajadores, los docentes y sus organizaciones no son terroristas, ni guerrilleras, son expresión genuina y honesta de un derecho constitucional, legal y universal. La persecución emprendida contra las agrupaciones que manifiestan sus diferencias y visiones de mundo alternas, debe rechazarse, denunciarse e investigarse, para no repetirse.
Tal y como se publicó en varias Empresas Periodísticas (entre ellas Vanguardia Liberal, el Meridiano de Sucre.com, la Revista Semana, Caracol Radio, El Tiempo, El Espectador, Radio Nacional y otros), se dio a entender que los organismos de inteligencia “reaccionaron” luego de varios meses de investigaciones y seguimientos, al percatarse de una estructura universitaria que posaba indistintamente como JM19 y como Movimiento Juvenil Bolivariano, plataforma clandestina desde la que se estaban planeando para la fecha varios disturbios en conmemoración del segundo aniversario de la muerte de alias el 'Mono Jojoy’.
Publicaron además el evento como si fuese el resultado natural de una intervención democrática de la seguridad del estado al detectar “presencia de miembros del Partido Comunista Clandestino de Colombia, PC3, fundado por orden del extinto jefe del Secretariado de las Farc, Alfonso Cano y del MJB”. Los distintos medios ofrecieron versiones encontradas, salvo en la acusación, con datos que no contrastaron, con una nula investigación y con informaciones que no verificaron. Algo acostumbrado en las rutinas afanosas de sus salas.
Luego del episodio, con dignidad y argumentos, organizaciones defensoras de Derechos Humanos, e integrantes de la Universidad Industrial de Santander (UIS) informaron sin estridencias, sin mentiras ni pomposas ruedas de prensa que desde abril de 2011, las Fuerzas militares y sus organismos de inteligencia, habían desplegado una estrategia ilícita de persecución política “con el oscuro objetivo de obstaculizar y criminalizar la protesta social en las universidades colombianas”.
Señalaron con ahínco que la estrategia de persecución “se venía trazando gracias a una fábrica nacional de falsos testigos e informantes, los cuales son utilizados para señalar de manera temeraria a los distintos colectivos y organizaciones universitarias como ‘supuestos integrantes’ de la guerrilla”. Por último se manifiesta en el oficio la total confianza en la inocencia de los siete detenidos.
N
o obstante la declaración, ella fue desconocida y contra evidencia, en los informes publicados a todos nuestros colegas les dio por revolver peras con naranjas y en el intento de criminalizarlo todo, de ser portavoces indolentes, se copiaron y pegaron unas declaraciones que faltaban a la verdad, entre las que se distinguieron grandes torpezas, como la de hacer pasar la organización JM19 como el brazo político del Movimiento Bolivariano o MB, una acusación tan traída de los cabellos como torpe.Como bien pudo establecer Prensa Rural en su portal web, en alianza con la publicación digital especializada Prensa universidad, las inconsistencias saltan a la vista pues “La noticia de la captura se produjo el día 28, ¡dos días después! de la protesta estudiantil que se desarrolló en la UIS en la que durante un "pupitrazo" el ESMAD arremetió brutalmente contra los estudiantes que se manifestaban pacíficamente contra la situación de la Universidad tras varios meses de encontrarse en un limbo jurídico y por haber invalidado la designación de Gilberto Carrillo como el legítimo rector gracias a una acción de tutela…”.
La misma agencia puntualiza: “Durante dicha jornada, los universitarios resistieron la invasión por parte de la policía al campus y destruyeron algunas de las cámaras de persecución que había instalado Camacho Pico - exrector que estuvo en el cargo a pesar de la conversación con un paramilitar en la que se hablaba de asesinar estudiantes y profesores que se opusieran a su gestión- con el objeto de perseguir al movimiento estudiantil, ya que tras su nefasto paso por la rectoría por ejemplo, hoy es una falta leve pegar un cartel en la Institución y una falta grave interrumpir una clase”.
En contraste, las empresas periodísticas privadas destacaron desde el otro lado de la orilla que los capturados tenían planeado (que nos enseñen la máquina del tiempo) destruir las cámaras de seguridad de la Policía (ya averiadas), tomarse el edificio de Bienestar Universitario, saquear un cajero automático e incendiar salones, “la acción criminal de los capturados había sido bautizada como operación incursión renacer”. Sin sonrojarse recalcaron que “la misión de los capturados era fabricar dicho material explosivo el cual sería usado para sabotear las diferentes protestas convocadas por diferentes sectores para este jueves y viernes…”
Un contrasentido y una falacia que se cae por su propio peso, pues a ningún estudiante u organización que reivindica presupuesto, calidad, educación para los más oprimidos y cobertura en los sectores que lo necesitan, se le ocurría sabotearse a sí misma y menos destruir las condiciones de posibilidad que le han ayudado a descubrirse académica y políticamente. Un salón es un punto de encuentro de sensibilidad y conocimiento, pero allí entra el disfraz de quienes se ocultan tras el verde oliva y su oscuro pasado, pues como lo denunciaron en su momento Prensa Universidad y Prensa Estudiantil: “Si la policía hace esa aseveración es porque el 15 de junio del 2011, mientras se desarrollaba un enfrentamiento entre estudiantes y el ESMAD en la portería de la UIS, agentes infiltrados prendieron fuego contra el edificio administrativo, no sin antes llevarse la información de los computadores, con el objetivo de legitimar la militarización de la Universidad que aun sufre la comunidad universitaria.
(Ver: http://prensauniversidad.blogspot.com/2012/06/especial-aniversario-militarizacion-uis.html)”
Pero quizá una de las acusaciones más graves que se viene desarrollando y que quedó como información acreditada ante la opinión pública, es la que expone que quienes fueron detenidos en el episodio se aprestarían a realizar una conmemoración violenta del fallecimiento del ‘Mono Jojoy’; una treta publicitaria tramposa divulgada por las oficinas expertas en retórica, que se trabajó como una argucia idéntica a la operada con los más de 3000 casos de ejecuciones extrajudiciales (bautizadas falsos positivos) registradas en el país, negadas por sus autores intelectuales y que hoy constituyen una vergüenza internacional.
Por ello debe estar claro que el bombardeo en el que murió el comandante insurgente, se produjo un 22 de septiembre (del año 2010), por lo que el supuesto “aniversario” no tiene nada que ver con este falso positivo judicial. A todas luces es extrañísimo (insistimos en que nos muestren la máquina del tiempo) que una “conmemoración” de este tamaño se organizara “muchos días después y además por parte de
un supuesto grupo que reivindica una extinta guerrilla ideológicamente muy distinta a las FARC.”
Pero Vanguardia Liberal, Semana, Caracol y los demás insistían: “Preparaban actos terroristas”, “La Policía viene trabajando fuertemente en procesos investigativos contra infiltraciones por parte de grupos guerrilleros desde el 15 de junio del año pasado…”, se hace “un llamado a los jóvenes para que no se dejen engañar y terminen enredados en las redes de los terroristas”, “Policía encuentra la fábrica de papas bomba en Santander”, “Policía logró desmantelar una estructura universitaria del Movimiento Juvenil Bolivariano”, “Olor a pólvora... ¿la guerrilla en las universidades?”, “La red estaría conformada por cerca de 50 personas que han extendidos sus tentáculos…”.
La publicación Semana fue más allá y con un video
perteneciente a una tendencia diferente a la acusada, endilgó la intervención en el video grabado en baja resolución a la agrupación envuelta en los señalamientos, en un triste equívoco que se hundió sin criterio hasta el fondo: "Aunque usaban brazaletes y bandera del M-19, realmente no tenían nada que ver con ese movimiento, que no existe. Estaban más relacionados con las Farc que con otro grupo. Usaban la imagen del M-19 para tratar de reclutar estudiantes a los que les enseñaban fabricación y uso de explosivos, explicó a SEMANA uno de los oficiales de Dipol”.Hay que señalar que una cosa es el MB, otra el MJBC, otra el JM19 y otra muy distinta los muchachos detenidos, que son inocentes. Tal como lo predica el ordenamiento jurídico colombiano, se presume su
inocencia hasta que se demuestre lo contrario, diferente a lo que piensan la Dijín, los Medios privados y sectores de la opinión.
Pero no ha de extrañarnos que cada acusación ventilada y la condena mediática producida se mantenga (incluso la del servidor público que perdió la vida en un enfrentamiento en el Valle).
Pero sí resulta amargo observar los impunes mensajes en las Empresas Periodísticas, las mismas que se codean sonrientes en los cocteles de Pacific Rubiales, aquellas que se silencian deliberadamente a cambio de patrocinios: aquellas que cambian de parecer cuando de dinero, intereses o pauta publicitaria se trata.
Los estudiantes, los trabajadores, los docentes y sus organizaciones no son terroristas, ni guerrilleras, son expresión genuina y honesta de un derecho constitucional, legal y universal. La persecución emprendida contra las agrupaciones que manifiestan sus diferencias y visiones de mundo alternas, debe rechazarse, denunciarse e investigarse, para no repetirse.
Por Federico Medina
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Imágenes
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