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Palabras de clausura en el Seminario Nacional Agrario sobre los puntos 1º y 4º de los Acuerdos de La Habana

Comunicado
Tomado de FARC
Por CONSEJO POLÍTICO NACIONAL FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA DEL COMUN FARC

Palabras de clausura en el Seminario Nacional Agrario sobre los puntos 1º y 4º de los Acuerdos de La Habana

Apreciados compañeros:


En la convocatoria a este importante evento se mencionaba que dadas las consideraciones en ella asentadas, resultaba importante reflexionar sobre el contenido de los acuerdos en estos dos puntos, así como en lo que podría ser su suerte final, si el movimiento social agrario en su conjunto se abstiene de incidir de forma decidida para que la implementación se cumpla efectivamente con base en lo acordado en el Acuerdo Final.

La reflexión esperada no podía originarse en un mejor escenario. Primero, por el reconocido compromiso de las organizaciones convocantes con las luchas y reivindicaciones sociales, económicas y políticas del campesinado colombiano. Segundo, por la altura intelectual de los conferencistas invitados, auténticos expertos en los temas a tratar, que además han dedicado gran parte de su vida al estudio y compromiso con las luchas agrarias. En tercer lugar, por la masiva presencia, desde diversos lugares del país, de organizaciones y personas vinculadas históricamente con esta problemática, desde el lado de los sin tierra, de los olvidados, de los perseguidos, de las víctimas, de los inconformes en una palabra, contra el modelo de desarrollo rural vigente.

Para todos, nuestro abrazo revolucionario, fraterno, solidario y comprometido. Fueron más de cincuenta los años en que las FARC-EP permanecimos alzados en armas contra el Estado colombiano y sus políticas de despojo. En Marquetalia, apenas en la alborada de ese largo combate, nuestra naciente organización produjo el Programa Agrario de los Guerrilleros, dando cuenta del origen campesino y popular de nuestra lucha, de las graves razones que empujaban al alzamiento, de la necesidad de una inmensa organización de los habitantes de las zonas rurales. Nos proponíamos, si no había posibilidad alguna por vías legales, la toma del poder mediante una insurrección de la población colombiana. Allí también pueden hallarse las raíces de nuestra consigna de solución política y dialogada al conflicto armado.

No necesitamos en un escenario así, hacer un recuento de la historia de nuestra lucha, ni de las diferentes posibilidades frustradas de alcanzar acuerdos de paz. La Uribe, Caracas, Tlaxcala, el Caguán y La Habana resumen la larga historia de nuestra brega por saldar la confrontación con un Acuerdo de Paz, que enrumbara nuestro país hacia destinos democráticos, de reivindicación económica y social, de solución a las injusticias padecidas por nuestra población rural. Todos sabemos que tras casi cinco años de dura confrontación en la Mesa de Conversaciones, por fin fue posible sellar un tratado de paz entre las FARC-EP y el Estado. Y que en ese Acuerdo dos grandes puntos, un poco menos de la mitad del acuerdo, se dedicaron específicamente a lo que se llamó Reforma Rural Integral y Acuerdo sobre el problema de las drogas ilícitas, referidos específicamente a históricos anhelos del campesinado colombiano.

Ustedes acaban de examinar y analizar, con buena profundidad, esos dos grandes capítulos de los Acuerdos de La Habana. Somos conscientes de que ellos no abarcan la totalidad de las aspiraciones planteadas en nuestro Programa Agrario, para alcanzar las cuales hubiera sido necesario llegar al poder por la vía insurreccional. Hay que decirlo de manera franca, lo intentamos todo, miles de vidas de guerrilleros y guerrilleras nuestras quedaron en el camino, mientras que otro tanto terminó pagando largas penas en las cárceles del país, cuando no fueron desaparecidos y asesinados por agentes estatales y paramilitares.

Inmenso e inenarrable el drama sufrido por la población rural colombiana, habitante del escenario fundamental de la confrontación. El saldo final de más de ocho millones de víctimas, y de más de ocho millones de hectáreas despojadas por terratenientes y empresarios al calor del clima de guerra, unido al hecho de hallarnos en una especie de empate militar que anunciaba una prolongación indefinida del conflicto y sus dolorosas secuelas sobre nuestro pueblo, indicaban la justicia de una salida política. Y ella significaba llegar a un acuerdo con nuestros adversarios militares y políticos. Resultaba imposible que una de las partes lograra imponer su voluntad soberana en las conversaciones. Todo había que discutirlo, para finalmente llegar a una fórmula de consenso. Una fórmula que implicaba ceder en algunas cosas que sólo podrían reclamarse en una capitulación con los vencidos. Eso fue el Acuerdo Final de La Habana.

Pese a ello, podemos decir con enorme satisfacción que lo alcanzado en materia de Reforma Rural Integral constituye una conquista histórica. Los problemas históricos del campo colombiano salieron a flote como en ningún otro espacio. Y se logró demostrar que en ellos residía en gran medida la causalidad del conflicto. El Estado colombiano se vio en la necesidad de aceptar que si quería pactar el fin de la guerra, debía adoptar una transformación profunda de las condiciones de la ruralidad en nuestro país. Ustedes acaban de escuchar los expertos y de estudiar colectivamente los puntos primero y cuarto de los Acuerdos de la Habana. Estamos seguros de que coinciden con nosotros, allí se encuentra en gran medida, la solución a los más graves problemas de nuestro campesinado.

El Estado colombiano firmó, frente a la nación y la comunidad internacional, el histórico compromiso de contribuir a la transformación estructural del campo, cerrando las brechas entre el campo y la ciudad, creando condiciones de bienestar y buen vivir para la población rural. Y lo hizo proponiéndose atacar de raíz la concentración en la tenencia de la tierra y el acceso desigual a ella, que fueron identificados como causas principales del conflicto armado.

Semejante compromiso no es cualquier cosa. Sobre todo si consideramos que no se quedó en planteamientos, sino que fue contemplado de modo detallado en sus distintas esferas. Para dar fin a la pobreza rural, al uso inadecuado del suelo, a la inequitativa distribución de la tierra, al predominio de la agroindustria y los monocultivos, a la brecha social entre el campo y la ciudad y al acaparamiento y extranjerización de la tierra, se integraron tres componentes complementarios. El Accesos y Uso de la tierra, los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial y los Planes Nacionales para la Reforma Rural Integral.

Asimismo, buscando la solución al funcionamiento de Redes del Narcotráfico, a la presencia de cultivos de uso ilícito y a los impactos negativos de los mismos, particularmente su consumo, se llegó al Acuerdo sobre Drogas Ilícitas que agrupó tres grandes cuerpos. Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, Construcción de una Política de Salud Pública para el tratamiento del consumo y las medidas para atacar el fenómeno del narcotráfico y sus redes de funcionamiento.

Sin duda alguna que ustedes habrán escarbado en el primero de los componentes, y se habrán apersonado de que contempla el Programa Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito o PNIS, el tratamiento penal diferencial, los Planes Integrales de Sustitución de Desarrollo Alternativo o PISDA, los planes de atención inmediata y desarrollo de proyectos productivos, además de su tratamiento específico tratándose de Parques Nacionales Naturales.

No exageramos al considerar que lo pactado en estos puntos, constituye la más avanzada carta de navegación diseñada nunca para el campo colombiano. Y estamos claros a la vez, de que más de un escéptico se apresurará a decir que se trata sólo de promesas, de palabras al viento que terminarán pisoteadas con el polvo de los caminos. No podemos aceptar de ningún modo esos juicios apresurados que conducen al fatalismo y la desmovilización. Sabíamos y somos conscientes, como estamos seguros que ustedes también, que esta oligarquía es mentirosa y traidora. Por eso no firmamos un acuerdo para que se burlaran fácilmente de él.

Los Acuerdos de la Habana fueron blindados internacionalmente de diversas maneras. Hasta el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reconoció su legitimidad mediante resolución formal. Quizás como nunca antes, para solo hablar del caso específico de que se ocupa este seminario, el movimiento campesino colombiano cuenta con el generalizado reconocimiento y el respaldo de la comunidad internacional. No será tan fácil para ningún gobierno ignorar la palabra comprometida en el Teatro Colón. Ustedes que no son de hoy en este tipo de luchas, conocen de sobra la significación de este hecho. Y con seguridad sabrán sacarle el mayor provecho posible.

Pero además también tenemos que reconocerlo con toda lucidez. Tenemos en nuestras manos un poderoso instrumento de lucha, que unido a las conquistas del punto de participación política, pueden materializar en nuestro país un poderoso movimiento de masas. Este escenario de estudio y examen de los puntos uno y cuatro de los Acuerdos de La Habana, también nos ha puesto de manifiesto lo que se ha cumplido en la implementación de cada uno de ellos. Por lo mismo estamos enterados del conjunto de los puntos pendientes.

La tarea que tiene el movimiento agrario de nuestro país es contundente. La organización, la unidad y la lucha por materializar en hechos reales lo pactado en los Acuerdos. Es necesario reconocer que hace falta mucho conocimiento de lo acordado en La Habana, y movernos a solucionarlo. Tenemos que replicar eventos como este en todos los rincones de Colombia. Estamos seguros de que todos ustedes ven con claridad la necesidad de generar una inmensa movilización del campo colombiano. Y hacerla converger con la que se está generando en las zonas urbanas a manera de oposición contra el gobierno de Duque, que sabemos representa muy bien la mentalidad arcaica del uribismo y la ultraderecha enemiga de la paz, la democracia y la justicia social.

Los tiempos que se avizoran serán de lucha, no cabe dudarlo. Pero esta vez la emprenderemos desde escalones más altos. Contamos con un movimiento de resistencia supremamente grande contra las aspiraciones de nuestros adversarios de clase. Tendremos 10 congresistas de las FARC alzando su voz en el Congreso. Tenemos que encontrarnos hombro a hombro y codo a codo en la calle y en los campos. Ya no para apoyarnos en acciones de rebeldía armada, que a estas alturas consideramos dañinas. Sino para librar la batalla por las ideas con millones de colombianos movilizados. Es nuestro único camino, pero también el más seguro para la victoria.


Muchas gracias.


CONSEJO POLÍTICO NACIONAL FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA DEL COMUN FARC


Duitama, 25 de julio de 2018.

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