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Dura crítica de Joaquín Gómez, excomandante de las Farc, al escritor Alonso Sánchez Baute

opinión
Por Las 2 Orillas

Dura crítica de Joaquín Gómez, excomandante de las Farc, al escritor Alonso Sánchez Baute

El excomandante de las Farc Joaquín Gómez de las FARC – EP responde críticamente al texto publicado por el escritor Alonso Baute a raíz de su visita al Punto de Transición y Normalización Amaury Rodríguez, en Pondores, Conejo. La Guajira. Esto le dice:

En la primera parte de su crónica titulada “Sangre joven en las Farc” publicada en Semana el día 10 de julio, ya se anunciaba un estilo ligero, y un toque de imprecisión, que quedó ratificado después que leí la nota en Las2orillas  titulada Tres días con las Farc en el Conejo, puedo deducir respecto a su crónica, que cuando se abordan los hechos pensando llegar a la objetividad a través de un desbordado amor propio y con ideas prefabricadas, el resultado siempre estará divorciado de la realidad.

En la primera parte de su escrito hablaba usted de las impresiones generales que los excombatientes le habían dejado, entre ellas, la disciplina, las rutinas de trabajo en el PTN, el cumplimiento por parte de las FARC de los compromisos pactados en los acuerdos y los mundialmente conocidos incumplimientos y dilaciones por parte del Estado colombiano en cabeza del gobierno de Juan Manuel Santos y por supuesto, la evocación de su sofocante experiencia en una de las casas del PTN a la que tan acertadamente llamó “horno crematorio”.

Antes de conocer su “crónica total de esta visita”, la apertura, ya nos dejaba un sinsabor, y la sensación que emerge cuando evidenciamos ligereza e injusticia en las valoraciones. Afirmaba usted, por ejemplo, con una inexplicable seguridad, en relación a los guerrilleros del Punto de Transición que: “La tropa está desmoralizada”.

No logra uno explicarse como alguien en tan pocas horas, claramente insuficientes para contar con un diagnóstico objetivo y general de cualquier fenómeno, puede aseverar una “desmoralización”, y más aún cuando fueron tan evidentes sus desatinos para lograr establecer una comunicación asertiva con el grupo de combatientes.

Quizás confunde usted desmoralización, con las justificadas expectativas y temores frente al futuro en el contexto de miles de exguerrilleros que continuarán su lucha política y aspiraciones individuales en el marco de la legalidad, en un país como Colombia, donde se asesinan, desaparecen o encarcelan a miles de compatriotas por el solo hecho de pensar, organizarse y protestar contra la injusticia social.

En su segunda parte de la crónica sobre el PTN en Pondores, es inevitable ver un entrelazamiento entre episodios, especulaciones, y su visión, que, aunque respetable, también es limitada, acerca del conflicto y los actores del mismo.

Pero lo inaceptable es la falsificación, como es el caso del fragmento que usted señor Baute me atribuye y que dice; “Para nosotros era menos peligroso cuando estábamos en el monte. Ahora no solo estamos concentrados donde todo el mundo sabe, sino también completamente desarmados. Hay temor ciudadano de lo que pueda suceder con la guerrilla en la calle, pero somos nosotros los que estamos expuestos y a partir del primero de agosto estaremos aún más expuestos. No podemos convertirnos en escoltas unos de otros. Estamos completamente indefensos. Si no hay perdón y reconciliación vamos de cabeza al paredón”.

Señor Baute ha puesto usted en labios míos, palabras que yo nunca pronuncie.

No se puede engañar a los lectores, inventando palabras y endosándoselas a alguien para fabricar una historia, eso no solo desacredita su oficio de columnista de tan importante medio, sino que incluso coloca en duda lo genuino de su labor literaria.

En un país cansado de la corrupción, la injusticia, el montaje, la infracción y la estafa, un escritor y columnista como usted debe ayudar a erigir la verdad desde su oficio como un importante aporte a la cultura de paz, a la que hoy por hoy se han abocado millones de colombianas y colombianos.

Lo que, si es cierto, es que dicha crónica es expresión palmaria de su actitud aquel día; las recomendaciones obsesivas de sus acompañantes y asesores para que los asistentes confeccionaran preguntas, acerca de cómo comenzó a escribir usted, qué siente al escribir usted, entre otras. Forzando un diálogo que no brotaba con los asistentes, hacia el tedioso abismo de un monólogo autobiográfico que nadie solicitó, lo que terminó por romper aún más cualquier tipo de posible vinculación real entre usted y los espectadores, desde donde pudiera asomar el diálogo franco y dinámico.

El resultado fue a penas lógico, ya que no puede germinar la conversación cuando en el fondo quien preside el espacio, quien invita a hablar, solo va en busca de material para escribir historias, desligado de una actitud que asuma al interlocutor como válido.

De hecho, dos guerrilleros asistentes le propusieron, por ejemplo, que los escritores debían también brindar herramientas de creación literaria para que los mismos guerrilleros, muchos de ellos talentos literarios insurgentes, contaran sus propias historias. Quizá así hubiese logrado la receptividad y actitud que esperaba, quizá así los muchachos le hubieran preguntado por su vida y su oficio, ya que les hubiera interesado la vida de quien ejerce el oficio humildemente.

Lamentablemente de la misma manera en que un biólogo ve a un ratón de laboratorio o como en algunos casos algunas investigaciones sociales ven a las comunidades humanas como objetos y no sujetos de y para la investigación; usted, asumió equivocadamente a los excombatientes no como sujetos sensibles, políticos, talentosos y creadores sino simplemente como canteras de vivencias para ser observadas y para efectuar una “estetización”, sacrificando la verdad por pulir un verso.

Nada más lejos de lo que es la verdadera relación de los excombatientes farianos con la literatura, más cercana por su puesto, al pensar del joven poeta Rimbaud, cuando sentenciaba “La mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado” y es que nuestra lucha es también por la democratización de la poesía, la literatura y el arte, el escritor se debe al pueblo no porque este último consuma sus libros, o deba cumplir el pasivo rol de adulador de versos y frases, sino porque el pueblo es productor y creador, apto para degustar la literatura, cuando sus representantes no devienen como pretendidos enviados del Parnaso.

Pero usted con un giro fallidamente épico, evocaba de una manera muy particular la situación de la siguiente forma: “Así que allí estaba yo, de pie y solo frente a 63 desmovilizados que me miraban con desconfianza”.

Le aseguro que esa que usted llama mirada de desconfianza, era la inobjetable mirada que puede desplegar cualquier audiencia que sea testigo de los esfuerzos inútiles de un escritor para que le reverencien. Eso sucede cuando en el fondo, se menosprecia al interlocutor, a pesar de la exhibición de una cordialidad que nunca termina de convencer.

Afortunadamente para usted y para la situación misma, algunos compañeros, motivados más por la cortesía que por la dinámica del espacio, le ofrecieron algunas preguntas y respuestas bastante interesantes y profundas. Aunque su necesidad de ser elogiado, lo obnubiló en su crónica, soslayando el fondo del asunto y haciendo uso como único recurso de la caricaturización del momento así: “Fue inútil: unos me miraban con rudeza, como animales en acecho; otros bostezaban. Finalmente encontré eco en uno de los tres comandantes de compañía, Sahamir de Esparta”.

Aunque es cierto que el hablar más coloquial hubiese podido ayudar, hay cosas que no dependen del lenguaje complejo o sencillo, faltó que hablara como escritor, que viera como escritor, descubriera la poética del espacio, de lo que estaba sucediendo. El problema no era que las palabras estuvieran muy elevadas, era que sus palabras estaban ausentes, no era que no se le entendiera, era que no se le sentía. Los niveles de escolaridad en las FARC son del 52% pero los niveles de alfabetización son muy altos, el 90 % de los miembros de las FARC – EP saben leer y escribir, no lo digo yo, lo ratifica el primer censo socioeconómico de la Universidad Nacional, cuyos resultados fueron dados a conocer a la opinión pública recientemente.

Pero usted como un pretendido observador llegado del futuro, continua: “Mientras los oía me preguntaba cómo sanarán esa mirada ellos mismos ahora que regresen a la normalidad”. Pero esa que usted llama “normalidad” es precisamente la que deseamos transformar, porque es una normalidad desquiciada, donde la injusticia, la pobreza, la violencia y la demonización se pavonean como algo natural.

No somos desmovilizados, estamos movilizados como nunca, para construir con las comunidades una Nueva Colombia, donde quepan todas las miradas, y en la que la mirada diferente, no sea adjetivada como feroz o amenazante o susceptible de ser sanada. Porque en un país como Colombia, donde se normaliza el asesinato sin piedad contra los líderes comunales y dirigentes sociales y no pasa nada, la sanación de las otras miradas a veces es represión y a veces señalamiento.

Por eso lo que usted llama “mirada de rudeza”, podría estarlo confundiendo con mirada de dignidad, o expresión de una ineludible voluntad de resistencia y transformación, la misma que encontrará en millones de colombianos y colombianas anónimas.

Pero al fin de cuentas, usted señor Baute, ni siquiera nos concede, que la marcada coexistencia de los guerrilleros con las mascotas sea una expresión del estrecho vínculo de amor y respeto de estos con la naturaleza, no, para usted tiene que ser otra cosa y por eso diagnostica precipitadamente: “La relación tan cercana con los animales no es gratuita. Habla de soledad, de necesidad de afecto, de tener en quien confiar”. Omitiendo que incluso en el contexto del conflicto armado, existía una normatividad que de hecho regulaba la caza de animales a pesar del rigor de la confrontación, el cuidado de las fuentes de agua y la tala de árboles, normatividad que muchas organizaciones campesinas han mantenido ya que sus vínculos con el medio ambiente son tan fuertes como el de los mismos guerrilleros. Lo anterior se ve reflejado en los acuerdos de paz, como tema transversal de los mismos.

Para rematar agrega usted: “Especulo que otra de las razones por las que las Farc se entregaron fue porque la guerrilla envejeció” Primero que todo es necesario precisar, que los acuerdos de paz son resultado de profundas condiciones que tienen que ver con la correlación de fuerzas, tanto en el aspecto militar como político, ni las fuerzas del Estado, ni las fuerzas insurgentes se sentaron a negociar derrotadas, no había fuerzas vencidas allí.

En segundo lugar, si el hallar en Pondores, la Guajira varios guerrilleros veteranos de la guerra, le lleva a “especular” que la guerrilla se “envejeció”, entonces tenga en cuenta que son miles los jóvenes en las FARC, lo que daría entender que las FARC – EP están más jóvenes que nunca.

Lo que realmente mantuvo y mantiene la cohesión es la política, nuestro compromiso con la paz, nuestra coherencia y cumplimiento, con la condición de que el Estado proceda de igual forma, y permita generar las condiciones reales para la lucha exclusivamente política. Esto fortalecerá la cohesión, no solo de las FARC – EP sino del pueblo colombiano en torno a la paz y en dirección a la construcción de una Nueva Colombia.

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