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Las FARC-EP son producto de la lealtad de Manuel y Jacobo

Análisis
Tomado de FARC-EP
Por Aureliana Buendía



Jacobo Arenas en sus propias palabras 
Sobre polvo y ceniza, colombianos, 
fundemos una patria verdadera. 
/Invitación a renacer, Carlos Castro Saavedra/

Ha ocurrido un evento extraordinario en nuestro país, las FARC-EP nos estamos convirtiendo en un partido político legal. Es indudable que la mayoría del pueblo colombiano siente regocijo, grandes expectativas y enormes esperanzas frente a está nueva realidad que apenas comienza a adquirir su forma.


Los medios de comunicación hacen lo suyo: garantizar que el rebaño no piense, no opine; dar la sensación de que ya el tema de la paz a nadie le interesa. Su tarea es vencer lo que ellos llaman “el síndrome de Vietnam”, pero les va ha salir el tiro por la culata: de la paz se apropiaran cada vez más millones de colombianos. Es la lógica de la vida, del desarrollo, del irrefrenable deseo de la humanidad por vencer obstáculos y superarse.


En coyunturas como estas y frente al primer congreso de nuestro partido es bueno recordar el pensamiento de Manuel y de Jacobo, gracias a quienes estamos hoy aquí, hacer un ejercicio político y traducir sus ideas y concepciones, su práctica revolucionaria a este momento histórico. ¿Podemos aplicar esos mismos principios de la praxis política guerrillera al nuevo partido, a nuestra actividad relacionada con la implementación de los acuerdos de paz? ¿A la construcción de un país moderno y en paz?


Hoy tienen la vigencia del sol que sale cada día, debe ser la inspiración con la que acometamos cada una de las tareas que tengamos por delante, grande o pequeña, personal, individual o colectiva. Decía así Jacobo Arenas en Marquetalia, 1964:

“Hay que ir a las reuniones celulares. Hay que explicar de manera sencilla y clara la línea política, poniendo ejemplos en un lenguaje accesible a la mentalidad de las gentes. Hay que escuchar atentamente a los compañeros, tomar apuntes y concretar la discusión en tareas prácticas e inmediatas. Hay que verter en las células la experiencia que uno haya logrado acumular. Hay que enseñar sin ninguna pedantería y al mismo tiempo aprender.

En las reuniones de masas toca armarse de paciencia si se quiere ayudar a elevar su nivel político. Hay que agitar, propagar ideas, explicar la línea política del Partido. Dar seguridad a las masas en cada momento, tomar sus palabras y darles una salida concreta. Cuando la gente está clara sobre el origen de sus miserias y sufrimientos, recibe con alborozo la solución revolucionaria.


El guerrillero de hoy es un profesional revolucionario, que debe elevar constantemente su nivel político y cultural…


El guerrillero necesita comprender el curso del proceso revolucionario y sus perspectivas, a escala nacional e internacional. Necesita saber cómo se combinan todas las formas de lucha del pueblo y en qué dirección. Necesita saber eso porque hasta ahora, no obstante la vida de miseria, explotación, sometimiento, violencia y guerra, el pueblo no se ha levantado a la insurrección, y cuando lo ha hecho no ha logrado llegar a la meta propuesta.  

En esta lucha es posible comprender el significado de la solidaridad nacional y mundial con los combatientes guerrilleros. La vida entre los guerrilleros ayuda a comprender de una manera diáfana, inmediata y si se quiere brutal, el humanismo proletario. Se aprende a vivir en comunidad, a compartir aflicciones, escaseces, tragedias y alegrías. El dolor de uno lo sienten todos, la alegría de uno es patrimonio colectivo. Cuando uno de los nuestros cae, el dolor y el luto nos envuelve a todos, y cuando obtenemos una victoria, todos nos sentimos inflamados por la fe y por la pasión revolucionarias.

La vida guerrillera está libre de falacias. Es real, descarnada. Nada hay oculto. No hay comercio de nada. La única industria de la guerrilla es la revolución. No hay propiedad privada; todo es propiedad de la revolución. El movimiento armado es un hormiguero de labor revolucionaria; cada cual tiene su puesto en las filas de la revolución. A cada uno se le ven y señalan sus defectos, con vistas a la corrección. El guerrillero es la revolución encarnada ….” 

Se insiste en palabras, que son conceptos profundos, sobre las que se han escrito toneladas de libros: revolución, lucha, colectivo, conciencia. Nada se improvisa, todo esta argumentado para el análisis que sirva a la lucha concreta.


Las FARC-EP son producto de la lealtad de Manuel y Jacobo, lealtad entre ellos y frente a los intereses de Colombia y su pueblo. No podía haber un mejor primer Jefe que Marulanda y un mejor segundo que le cuidara la espalda que Jacobo. Y ambos poniendo toda su inteligencia, sus capacidades, sus conocimientos, su sacrificio, su voluntad de superación al servicio de construir la herramienta de la revolución. Así hablaba Jacobo:

“El hombre que así nos habló es Manuel Marulanda Vélez. 35 años, casado, cinco hijos. Campesino, hijo de campesinos, obligado a transformarse en guerrillero, luego en comandante de guerrillas y ahora en jefe del movimiento guerrillero del Bloque Sur y líder de las masas del Nudo de la Cordillera Central.

Para la reacción y el imperialismo, Marulanda es el “bandolero Tiro-Fijo”. Con ello pretenden rebajar la estura de este cuadro político y militar, uno de los combatientes guerrilleros que más pesadillas ha dado a las fuerzas militares oficiales…

En él se resumen las mejores condiciones de un cuadro nacional de la revolución. Nunca en él decaen el ánimo de la lucha, su fe en el pueblo, su inclinación a estar pensando y actuando en función de la revolución. Siempre está desarrollando planes de lucha porque entiende que la energía de las masas es inagotable y que del contacto con ellas brotan todos los días tareas nuevas en beneficio de la causa revolucionaria. Tampoco se desespera porque el curso de la lucha sea tortuoso y demorado. En numerosas ocasiones ha explicado que este es un problema de la conciencia popular, y que mientras esa conciencia esté anestesiada por la ideología burguesa, la lucha de los revolucionarios, sus consignas, su línea, no prenderán con la suficiente fuerza en el pueblo, único capaz de realizar la revolución.

Comprende que a las masas iremos ganándolas en el propio proceso de la lucha, mediante el esfuerzo de la vanguardia para inculcarles una conciencia nueva, socialista, y que esto no se logra por decreto, ni porque a unos cuantos impacientes se les ocurra que hay que pasar ya a la insurrección, sino mediante la práctica de la lucha de masas, haciendo que éstas confrontes sus ideas no revolucionarias con la vida y haciéndolas caer en cuenta de que para solucionar los problemas del pueblo y del país es necesaria su acción independiente, la intervención abierta de las masas combinando todas las formas de acción popular. “Esto es lo claro para mí –me decía una vez-. Lo demás son fantasías de gentes enfermizas”.

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