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Como siempre, seguiremos venciendo la adversidad

Análisis
Tomado de Las 2 Orillas
Por Gabriel Ángel




Afirmar que nada de lo pactado se ha cumplido -la liberación de los prisioneros será pronto un hecho– es una exageración, tanto como asegurar que las cosas marchan viento en popa.




La actividad en las Zonas Veredales Transitorias de Normalización transcurre a un ritmo ciertamente acelerado. Y está rodeada de incógnitas para la mayoría de los guerrilleros y guerrilleras. La principal de estas tiene que ver con su inmediato futuro. Es natural que la gente se pregunte qué va a ser de su vida, dónde vivirá, cómo se sostendrá.



Hay que estar respondiendo a cada una de estas preguntas, para lo cual se tienen a mano los Acuerdos firmados con el gobierno, así como la serie de reformas constitucionales y legales, decretos, diversos actos administrativos y sobre todo las realizaciones del mismo movimiento guerrillero en su quehacer cotidiano. Los incumplimientos son un gran problema.

Hacen daño a la confianza que pueden tener los alzados en tránsito a reincorporarse. De muchas partes reclaman porque las obras comprometidas para ellas no se han cumplido a seis meses de su traslado. Se suponía que las encontrarían realizadas a su llegada. En otras por las deficiencias en la alimentación, la salud, el transporte de enfermos, la seguridad, etc.


Quizás el más visible de todos los incumplimientos ha sido el de la inexplicable tardanza en la libertad de nuestros prisioneros de guerra. Todos en las Farc estamos airados por eso y trabajamos de una u otra forma por su liberación. En la CSIVI, el CNR, en reuniones con el alto gobierno, en múltiples gestos y movilizaciones de protesta, en la denuncia internacional.

A la par compete a los mandos de las Farc que permanecen al frente del personal en las zonas y puntos, la conducción del mismo en todos los asuntos colectivos, el mantenimiento del orden y la disciplina, la educación, el trabajo político partidario, el buen desarrollo de los trabajos, las horas culturales, las relaciones con la población del área.

Cada día llegan a los campamentos personas y funcionarios con uno u otro propósito. Los delegados de la ONU que se ocupan de la extracción de las caletas de armas o de la destrucción de algún material peligroso, de la OACP, de una brigada de salud, de un alcalde o representante de corporaciones públicas, de infinidad de organizaciones sociales comprometidas con la paz.

Y se reciben al tiempo toda clase de invitaciones a foros y eventos. Nuestros encargados de la pedagogía se ven en apuros para atender las solicitudes de una y otra región, al tiempo que crecen los requerimientos para acudir a municipios y capitales. Del exterior también aumentan los llamados a tomar parte en diversos encuentros, por todas partes se abren las puertas.

La actividad es enorme y exige desplegarse cada día más en distintos frentes. Igual sucede con nuestros encargados de una u otra responsabilidad por todo el país. Quisiéramos ser muchos más, y mejores. Hay que ocuparse de lo más importante ahora, los proyectos productivos en ciernes. Concebirlos, empezar a preparar los terrenos, cultivarlos, cuidarlos. Todo un reto.

En eso nos ocupamos el conjunto de las Farc, con mejores resultados en una parte que en otra. Donde más se ha avanzado en un aspecto, de pronto se hallan más atrasados en otro. Es la dinámica del desarrollo. Lo cierto es que el estancamiento no existe para nosotros. Hemos batallado toda la vida contra las adversidades, y seguiremos haciéndolo.

Por eso nos cuidamos de adoptar posiciones extremas, producto más bien del desespero y de la falta de un análisis correcto de la situación. Afirmar por ejemplo que nada de lo pactado se ha cumplido es una exageración. Como lo sería asegurar que las cosas marchan viento en popa y sin alteraciones. En unos campos arrollamos, en otros aún no se avanza como esperábamos.

Pero el examen de conjunto resulta a todas luces favorable. La credibilidad, el reconocimiento, el prestigio y el respeto ganados por nuestra organización y nuestros cuadros constituyen un activo político invalorable. Estamos logrando que la esperanza florezca de nuevo en un importante sector de colombianos. El monstruo en que nos habían convertido desaparece ante los ojos de todos.

Tengo la seguridad de que la liberación de todos los prisioneros políticos que permanecen todavía en las cárceles será un hecho en unos cuantos días. La presión internacional y nacional que recae sobre el gobierno le resulta insoportable. Sobre todo porque lo que se espera del Estado colombiano es elemental, que cumpla la palabra que empeñó ante el mundo entero.

Igual sucederá tarde o temprano con todos los puntos del Acuerdo Final. Por eso carecen por completo de razón todos los llamados a la rebeldía justo ahora. No se trata de que no apretemos, sino de que sepamos efectivamente apretar. El costo a pagar por obrar del mismo modo como lo hacen nuestros adversarios sería demasiado elevado a estas alturas.

Nuestra resistencia al régimen continúa y continuará hasta que consigamos con las grandes mayorías cambiarlo. Las opciones desesperadas deben ser descartadas

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