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Las últimas basuras a arrojar

Análisis
Tomado de Las 2 Orillas
Por Gabriel Ángel /mayo 19 2017



El fanatismo, la amenaza y la propensión a la violencia tienen que ir a parar a la isla Henderson, que acumula la mayor densidad de basura del planeta




Un reciente estudio reconoció a la isla Henderson, a 5 000 kilómetros de Chile, en el centro del Océano Pacífico, como uno de los sitios más contaminados del planeta. Acumula, según el informe, la mayor densidad de basura de origen humano, siendo plásticos el 99,8 % de los residuos encontrados allí.



La magnitud de la basura concentrada, relativamente cerca a la fosa de las Marianas, uno de los sitios más profundos del planeta, reconocido a su vez por la alarmante concentración de desechos acumulados en el fondo marino, ha movido a la Universidad de Tasmania a hacer un llamado mundial para hacer frente al problema.

En días pasados la prensa registró que Colombia, sin lugar a dudas, habrá perdido todos sus nevados en menos de 30 años. A nadie parece importarle, pese a que son la fuente principal de nuestros recursos hídricos. Existe una especie de adormecimiento general que no puede atribuirse solo al descuido.

Una suma de intereses impide a la gente apropiarse de su suerte. El gobierno norteamericano niega oficialmente el cambio climático, lo cual es explicable, puesto que representa a las grandes corporaciones transnacionales, empeñadas en la depredación de la naturaleza con diversos fines. Y que producen a la vez montañas de basura plástica cada día.

El desmedido afán de lucro del capitalismo es la principal causa de las desgracias que azotan a la humanidad. Pero una especie de norma universalmente impuesta, en gran medida por la acción de las grandes cadenas informativas propiedad de esos conglomerados económicos, se encarga de ridiculizar o aplastar a quienes lo afirman.

Mal podríamos mirar solo hacia las grandes potencias de Occidente, sin reparar en la articulación de los intereses entre sus poderosas compañías y los sectores económicos y políticos que han monopolizado la dirección de nuestro país. Los buenos negocios de unos y otros constituyen su principal y casi única preocupación.

A eso se suman los poderosos medios de comunicación nacionales, entrelazados profundamente con todos ellos. La visión y la interpretación que de los fenómenos mundiales y locales hacen estos, y con las que se bombardea a diario a la población colombiana, son en gran medida la verdadera causa de esa alienación colectiva que nos destruye.

No es casual que la prensa difunda la opinión de Carlos Holmes Trujillo, en relación con la dificultad de las grandes compañías mineras con las consultas populares previas a sus megraproyectos en ciernes. El precandidato uribista defiende que la posición de las comunidades que pueblan los municipios escogidos para aquellos, nunca podrá pesar más que la de los inversionistas.

Frases como ingresos fiscales de la nación o las regalías de las que dependerá el desarrollo de las regiones, tienen mayor relevancia que el bienestar, la salud o la simple supervivencia de los grupos humanos que habitan en ellas, pese a que el prometido desarrollo no sea más real que lo sucedido en la Guajira tras el proyecto del Cerrejón.

Alguien se enriquece con todo ello, pero no son ni el país ni sus habitantes. Igual eco mediático se confiere a la posición de Fedegán, con relación al proyecto de Ley de Tierras derivado de los Acuerdos de La Habana, pese a que lo presentado a discusión por el gobierno colombiano, riñe de modo expreso con parte de estos últimos.

Para José Félix Lafaurie, el Fondo de Tierras de 3 millones de hectáreas de terrenos baldíos destinados a adjudicarse a campesinos sin tierra o con insuficiencia de ella, así como el apoyo del Estado en proyectos productivos, infraestructura y asistencia social, representa una grave amenaza para el modelo de propiedad privada y libertad de empresa y de mercado.

Le suena a expropiación y extinción de dominio, como si el fondo fuera a integrarse solo con baldíos apropiados ilegalmente. Especial atención llaman sus dardos al sector financiero, por tener el 70 % de la propiedad rural hipotecada a su favor, ser extractor de rentas y dispensador caprichoso del crédito, develando así verdadera la razón que enfrenta al partido de Uribe con Santos.

Uribismo y santismo se nos revelan como la disputa entre los grandes propietarios rurales y los banqueros, por encima de la demagogia empleada por ambos para engatusar a los colombianos víctimas de esos sectores. Los Acuerdos de La Habana representan la mejor ocasión histórica para que estos últimos asuman el protagonismo político que les ha sido negado.

Para ello hace falta razonar con independencia. Siria y Venezuela son ejemplos de lo que son capaces los grandes capitales en su avaricia por los recursos de los pueblos. Se trata de impedir entre todos que le hagan lo mismo a Colombia. El fanatismo, la amenaza y la propensión a la violencia tienen que ir a parar a la isla Henderson o la fosa de las Marianas.

Como las últimas basuras que la humanidad arroje para salvar nuestro único planeta.

El angustioso llamado para salvar a la isla Henderson, debería unirse al de nuestros nevados que habremos perdido en menos de 30 años

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