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Hablando es como se entiende la gente, lo creemos

Análisis
Tomado de FARC-EP
Por  Comandante Timoleón Jiménez 


Hablando es como se entiende la gente, lo creemos

Dejamos sentado que cumpliremos con lo establecido para la dejación de armas. Pero igualmente esperamos la comprensión a fin de hallar la fórmula más viable para permanecer en las zonas y puntos más allá de lo inicialmente pactado


Jean Arnault, Representante Especial para Colombia del Secretario General de la ONU y Jefe de la Misión de las Naciones Unidas en Colombia, expresaba en días pasados su opinión en torno al vencimiento de los términos para la dejación de armas por parte de las FARC, en el sentido de que si el plazo se extendiera por una o dos semanas más, eso no significaría ningún problema, en atención a los desarrollos normales del proceso y las dificultades presentadas con las zonas veredales transitorias de normalización.

Es la opinión respetable y serena de una autoridad muy cercana a las conversaciones y acuerdos celebrados en La Habana, consciente de que no siempre las realizaciones humanas pueden ajustarse de manera exacta a las previsiones de quien redacta unos textos que luego hay que materializar en hechos y acciones. Estos suelen llegar a un ritmo distinto al de las normas, y cuando las cosas se hacen de buena voluntad hay que entenderlo sin escándalos innecesarios.

Las dos partes involucradas en los diálogos de paz nos pasamos más de cinco años discutiendo los términos de un Acuerdo Definitivo, demostrando al final que no hay nada mejor que el espíritu de concertación para alcanzar el resultado que se sueña. La sabiduría popular lo expresa en la fórmula según la cual hablando es que se entiende la gente, o incluso en otra variante usualmente empleada, la decencia no pelea con nadie. En eso creemos.

Si el Estado colombiano y las FARC permanecimos enfrentados a muerte durante medio siglo y luego conseguimos poner fin al conflicto de manera civilizada, ello pone de presente que las posiciones extremas del todo o nada, nunca conseguirán lo que por el contrario se conquista por vía del razonamiento y el debate pacífico. ¡Cuánto nos costó no haberlo comprendido antes!

Estimando en todo su valor y significación el Acuerdo Final, es natural que nos inclinemos por la posición de no hacer de los problemas que emergen el motivo de nuevas discordias. Así hemos decidido asumirlo las dos partes. Por eso hacemos grandes esfuerzos por tratar las diferencias surgidas dentro de las instancias y conductos acordados. Personalmente me he esmerado porque las FARC evitemos a toda costa las reacciones airadas. Resultan inútiles.

Es mejor hablar y encontrar las soluciones más prácticas. Creemos con toda sinceridad que eso es lo nos corresponde a todos los colombianos y colombianas. La irracionalidad de sostener a ultranza las propias opiniones, desconociendo que es normal que otros piensen diferente, tiene que ceder su lugar al entendimiento respetuoso y productivo. Lograrlo consolidará la paz.

De ahí que presenciemos con sorpresa el tono agresivo de los promotores de la marcha del primero de abril, que enarbolan banderas y consignas traídas de los cabellos. Eso de tachar el Tribunal de Paz como narco y terrorista, para invitar luego a pronunciarse contra él, para citar sólo un ejemplo, carece de la mínima sensatez. La respetabilidad internacional de las entidades y personas que designarán los magistrados del Tribunal está fuera de cualquier duda.

Resulta más que evidente que tales anatemas no son razones ni argumentos, sino odios y pasiones desatados sin el menor reparo en su enorme falsedad. Fueron esos los comportamientos y las actitudes que precipitaron el país al desangre, y no se entiende cómo haya quienes insistan aún en valerse de tales recursos, ni cuáles son en verdad sus oscuras intenciones. ¿Quién quiere un país en guerra, saturado diariamente de violencias y despojos?  

Se comprende entonces que mientras en Colombia fueron esos los intereses dominantes, haya sido imposible recurrir al diálogo y las soluciones políticas. Afortunadamente la mayoría de colombianos y colombianas, con la mano puesta en el corazón, decidió terminar de una vez por todas con la lógica de la intolerancia y la violencia. Confiamos con la mejor voluntad en que esa mayoría no permitirá una vuelta al imperio de las armas, la muerte y las persecuciones.

Sería la peor desgracia para nuestra patria. Mal podríamos nosotros entrar a dirimir las diferencias que separan a los seguidores del senador Uribe de las políticas y actuaciones del gobierno de Juan Manuel Santos. Ni mucho menos adoptar, como con poco seso nos lo atribuyen algunos, la defensa de la actual administración. Otra cosa muy distinta es desconocer el carácter trascendente e histórico que para nuestro país y el continente tiene haber conseguido la firma de la paz.

Hay que reconocer en Santos ese mérito que nunca tuvieron la grandeza de asumir para sí sus principales detractores de hoy, pese a haber contado en su oportunidad con todas las posibilidades para lograrlo. Cada día es más claro que jamás aspiraron a ello, obraban poseídos por la lógica de la imposición, por el puño cerrado del sometimiento, por su ceguera ante las trágicas consecuencias.

También en días pasados se conoció de una carta en la que algunos oficiales de la reserva expresaban sus preocupaciones en torno a la aprobación de la Jurisdicción Especial para la Paz. Les inquietaba lo de la responsabilidad por la cadena del mando, asunto tratado suficientemente en la Mesa con la asesoría de la más erudita gama de especialistas en la materia, pero que a fin de generar líos es agitado recurrentemente por los enemigos de la paz con intenciones nada santas.

No me referiré al tema en sí, sino a uno de los argumentos esgrimidos en la misiva, que no vacilaba en calificar a las zonas y puntos veredales transitorios de normalización como repúblicas independientes. Se refieren a uno de los más complicados y satisfactorios acuerdos firmados en la Mesa, relacionado directamente con el fin del conflicto y específicamente con el cese de fuego bilateral y definitivo y la dejación de armas por parte de las FARC-EP.

El cual fue tejido con maestría por experimentados mandos de la guerrilla y un grupo selecto de reconocidos estrategas de las fuerzas militares y de policía, escogidos por su lealtad por los comandos de las fuerzas armadas de la República. Y que incluso vinculó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, entidad a la que las FARC haremos dejación de todo nuestro armamento en los términos de los protocolos firmados, tal y como ya comenzó a cumplirse por etapas.

Consideramos con todo el respeto que hasta allá no puede llegar la obsesión por una posición, cualquiera que sea ella. Nadie en nuestro país ignora los fatales efectos del irresponsable empleo de semejante epíteto a comienzos de los años 60 del siglo pasado, y ni siquiera cabe imaginar en qué estarán pensando los que azuzan a emplear tan peligrosos anacronismos. Centenares de miles de muertos y más de ocho millones de víctimas debieran bastar para repudiar esa intención.

Sobre todo cuando lo que el país está requiriendo es de la más talentosa mesura. Todos sabemos que se habló del 1º de diciembre del año anterior como el día D y por tanto del 31 de mayo como el día D+180. Al día siguiente debe terminar el operativo del cese al fuego bilateral porque se da por descontado que el día anterior las FARC habremos dejado hasta nuestra última arma. Y también se supone debe terminarse con las zonas y puntos veredales transitorios de normalización. 

Como quien dice, el 1 de junio se estaría entregando a cada combatiente dos millones de pesos por parte del gobierno y despidiéndolo para que busque su destino. Es lo pactado, podría pensarse a la ligera. Pero también debe considerarse que durante el período de vigencia de las zonas debió cumplirse con una serie de puntos acordados para llegar a ese final feliz. Y que por su retraso buena parte de ello se encuentra todavía pendiente de cumplimiento por el gobierno nacional.

Dentro de los 60 días siguientes al inicio de las ZVTN debió realizarse el censo socioeconómico con el propósito de suministrar la información requerida para facilitar el proceso de reincorporación integral de las FARC-EP a la vida civil como comunidad y como individuos. Eso para que con base en sus resultados se identifiquen los posibles programas y proyectos para vincular al mayor número posible de hombres y mujeres pertenecientes a las FARC.   

Debía estar construida la propuesta y gestión de apoyo para un plan inmediato de educación en el marco de la reincorporación de guerrilleros extendida a las comunidades de las ZVTN, propuesta por la embajada de Noruega. Mencionemos no más la implementación del Acuerdo de Garantías de Seguridad. No se pensará que los guerrilleros estamos obligados a salir como blancos para los sicarios. Está por desarrollar lo acordado sobre el proceso de reincorporación económica colectiva, la organización de economía social y solidaria o Economías Sociales del Común, ECOMUN. 

Hablemos del proceso expedito para la acreditación y el tránsito a la legalidad de los miembros de las FARC y su hoja de ruta. O de algo mucho con mucho más calibre, la aprobación del Plan Marco para la Implementación de los Acuerdos sobre la base del borrador que será presentado por el gobierno nacional, el cual debe ser aprobado en el CONPES como Plan Marco de Implementación del Acuerdo Final, que deberá contener los recursos indicativos necesarios para su financiación, así como la explicitación de sus fuentes. 

El listado de compromisos pendientes es largo, y queremos dejar establecido de una vez nuestra mejor voluntad para cumplir fielmente con todos y cada uno de ellos. Lo hemos demostrado al levantar campamentos rústicos a un lado de donde se construye la infraestructura de las zonas y puntos veredales. En estricto sentido podríamos alegar que aún no estamos en las zonas, pues a estas alturas no están construidas. Pero nos interesa en absoluto obrar así. No sería serio.

Hemos conversado con el alto gobierno y de un modo u otro procuramos ponernos de acuerdo para dar solución en forma dialogada y constructiva a cada una de las dificultades que se presentan. Nos parece lo más correcto y acertado. Dejamos sentado que cumpliremos con lo establecido para la dejación de armas. Pero igualmente esperamos la comprensión a fin de hallar la fórmula más viable para permanecer en las zonas y puntos más allá de lo inicialmente pactado, porque así lo impone la realidad del cumplimiento de los puntos contemplados en el Acuerdo Definitivo.

Lo decimos desde ahora, aunque la solución del impase no sea tan inminente todavía como sin duda va a suceder. E inspirados por la mejor intención y el espíritu de consenso. Nos imaginamos desde ya la alharaca sobre repúblicas independientes y demás con la que quienes sabemos pretenderán obstaculizarlo todo. No habrá tal. Hablando es que se entiende la gente, ya lo dijimos. Ya es justo que tras medio siglo de destruir, ayuden al fin a construir algo. Es lo que queremos.

La Habana, 18 de marzo de 2017.


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