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En homenaje a la centenaria revolución rusa

Análisis
Tomado de FARC-EP
Por Gabriel Ángel

En homenaje a la centenaria revolución rusa

Fusilando al Zar, los pueblos de todo el mundo pusieron las cosas en su lugar. Por terrible y doloroso que hubiera parecido a los amos
Qué fácil resulta caer sobre la Unión Soviética. Está garantizado el éxito. Lenin era una cosa hace cien años, un siglo de por medio de Stalin y la guerra fría. Que los que quieran le rindan culto todavía, al fin y al cabo es una momia en Moscú, para curiosidad de turistas. Tal vez con Rosa Luxemburgo, para recompensar las mujeres que claman por la igualdad de género. 

¿Qué cosa la revolución rusa sino una anécdota histórica tan equivalente a la nariz de Cleopatra o la epilepsia de Napoleón Bonaparte, útiles para posar de eruditos a la hora de hablar de historia? Eventos, simples episodios que pasaron y se olvidan. Y sobre los que siempre hay respetables ancianos dispuestos a dictar conferencias. Letrados, gente a la que hay que admirar.

Sobre todo porque despotrican. Nada sino la más absoluta desidia permite explicar el triunfo de los bolcheviques en Petrogrado. Un partido minoritario, dicen, que tuvo la astucia malévola de coger a todos los demás con los calzones abajo. Que no vaciló en cometer el crimen nefasto de asesinar al Zar y su familia divina. Que hizo del terror su ley. 

Que expropió la industria a los capitalistas, la tierra a los terratenientes y campesinos ricos, entregando las empresas y las haciendas a la administración de obreros ignorantes y campesinos sin idea de progreso. Que fue capaz, con base en la más inmisericorde explotación, de industrializar el país y convertirlo en apenas un cuarto de siglo en la segunda potencia mundial.

Que al mismo tiempo consiguió para su población la más impresionante elevación del nivel de vida que registre la historia. Educación obligatoria para todos, salud gratuita y de la más alta calidad, vivienda, trabajo, cultura, recreación, arte. ¿Quién dice hoy que eso merece el mínimo reconocimiento? Si fueron comunistas, monstruos, enemigos de la libertad.

Régimen infame al que se adjudican millones y millones de víctimas. Una comuna de París gigantesca que tuvo la osadía de sobrevivir 74 años pese a la arremetida de todos los poderes establecidos. Catorce potencias se lanzaron furiosas contra los Comisarios del Pueblo y su gobierno instalado tras la revolución, saliendo derrotados por ella tras tres años de terror.

Y lo más inconcebible. Que fue capaz de derrotar a los nazis, ese magnífico poder encabezado por Adolfo Hitler y al que todas las potencias de occidente aplaudieron por encima de sus crímenes de humanidad e invasiones arbitrarias, porque sabían que su objetivo final era la destrucción de la Unión Soviética, su archienemigo declarado. Imperdonable.

Por encima de que hubiera sido el Ejército Rojo el encargado de arrollar las hordas de la Entente desde los montes Urales a Berlín, y de que los aliados norteamericanos hubieran tenido que pedirle que declarara la guerra al Japón para despedazar sus tropas terrestres en Asia, sin cuya derrota las bombas atómicas hubieran parecido relámpagos fugaces.

Pero sobre todo, que hubiera sido la Unión Soviética y su revolución proletaria la encargada de inspirar al resto del mundo la insurrección de los humillados y pisoteados, las grandes mayorías dominadas por los propietarios de la banca, la gran industria y la agricultura de exportación, para cuyo éxito se había requerido de la mano de obra barata y la sumisión política.

Fue por su ejemplo y solidaridad que millones de seres humanos obtuvieron liberarse del poder colonial de las potencias europeas en África y Asia. Que la noción de derechos humanos consiguió ser registrada formalmente en la historia. Que la revolución cubana, paradigma viviente de la soberanía y la libertad de los pueblos, logró mantenerse a flote en los peores momentos.

Sin la revolución bolchevique de 1917 hubiera sido impensable pensar en la revolución en China en 1949. Y cualquiera que sea el rumbo que ésta siga bajo la firme dirección del Partido Comunista, es innegable el extraordinario papel desempeñado por Moscú en su momento, en el actual empuje del pueblo chino que consigue hacer tambalear a la misma USA.

Y aún para los más recalcitrantes enemigos del comunismo y la revolución rusa, los poderosos regímenes Norteamericanos y de Europa occidental, resulta doloroso reconocer que fue debido a la existencia y el empuje de la Unión Soviética que se vieron obligados a adoptar el Estado de bienestar, las políticas económicas y sociales que favorecieran a sus trabajadores.

Todos se aterraron pensando en una revolución semejante al interior de sus países. Había que crear el modo de halagar su clase obrera para que no pensara en ello. Surgieron el derecho laboral, sus prestaciones sociales, la posibilidad de acceder a las utilidades de las empresas. Dolía tener que mejorar a los trabajadores, pero la alternativa era la revolución comunista. 

¿Qué tal un Stalin gobernando desde la Casa Blanca? ¿O desde cualquiera de los países en los que los Estados Unidos tenían puesto su interés? Había que impedirlo a toda costa. Por ello los asesinatos de sus propios presidentes ligeramente sospechosos, la Doctrina de Seguridad Nacional, los golpes de Estado, la criminal arremetida contra los pueblos.

Fue por sindicarlo de comunista que resultó finalmente derrocado y muerto Salvador Allende en Chile. Que los guatemaltecos hubieron de soportar el derrocamiento criminal de Jacobo Arbenz. Que en la moderna Persia terminó por ser instalado mediante un golpe de Estado el Sha. Que en Indonesia masacraron a 700.000 personas en 1964 al derrocar a Sukarno.

Que en el Vietnam perecieron cuatro millones de sus nacionales por defender su independencia y soberanía, bajo la excusa de evitar que sus pobladores se convirtieran en acólitos de la Unión Soviética. Que en toda la América Latina se instauraron regímenes de terror, militares o civiles, en complacencia con la OEA, a fin de evitar la temida propagación comunista.

A mí me perdonan, si pueden o quieren. Pero no puedo evitar creer en que a la luz de los resultados históricos finales, nunca nadie tuvo más razón para hacer lo que Lenin y sus seguidores hicieron en Rusia en 1917 y los siguientes años del siglo XX. La misión de convertir en pervertidos a sus opositores ha sido una constante del imperialismo irracional.

El Zar de todas las Rusias dispuso de masacres impresionantes a fin de evitar el reclamo por pan y tierra de su pueblo. Miles y miles de obreros, hombres y mujeres, hubieron de sufrir la muerte o el destierro por obra de su labor justiciera. Para no hablar de los millones caídos en la Gran Guerra para el exclusivo interés de los industriales y banqueros rusos.

El hecho de que la familia real, tras la caída de la URSS, hubiera sido elevada a la categoría de santa por la iglesia ortodoxa de su país, sólo prueba la impúdica alianza que ha existido siempre entre las grandes jerarquías eclesiásticas y el poder del capital y la tierra. Cinco o seis víctimas de la realeza están destinadas a valer más que los cientos de miles de los ejecutados por ella.

Sin duda porque estos últimos carecen de rostro y nombre. Son simples y desdeñosas cifras, en tanto aquellos representan la pirámide invariable de la sociedad. Fusilando al Zar, los pueblos de todo el mundo pusieron las cosas en su lugar. Por terrible y doloroso que hubiera parecido a los amos. Así se enseñó a los pueblos, el ejemplo late en su conciencia y no pueden evitarlo. 

La Habana, 22 de marzo de 2017.


Comentarios

  1. Qué buena forma de mostrar la justeza de lo que un pueblo bien orientado puede hacer para hacerse valer cuando adquiere conciencia de su poder y lo utiliza.!

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