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El Proceso de Paz y sus enemigos: ¿Coalición contra la corrupción o contra la paz y la unidad?

Análsis
Por María Méndez
Fundación Colombia Soberana



En un escrito anterior decíamos que uno de los enemigos del proceso de paz eran los problemas como el triunfalismo, la derechización y el oportunismo, por mencionar solo algunos, que se gestan dentro del movimiento social y los partidos revolucionarios. Así que existe la necesidad de superar estos retos, si realmente queremos construir una Colombia Nueva.

Firmado el Acuerdo de la Esperanza, e iniciando el Proceso de Paz la fase más complicada que es el cumplimiento del gobierno y la implementación de los acuerdos,  nace en la izquierda un debate, para nosotros un poco prematuro: los toldos aparte. 
Quien conozca la historia de la izquierda colombiana dirá que eso no es nada nuevo, y tiene razón. Nosotros tenemos la mala costumbre de hacerle el favor a la derecha y dividirnos por contradicciones internas que no son irreconciliables, y así dividimos al pueblo. 

Pero ahora estamos en un momento histórico, no es una coyuntura política cualquiera. Una de las fuerzas insurgentes y políticas más fuertes de Colombia deja las armas para convertirse en un partido político, y aún más allá, ha conseguido firmar un Acuerdo de Paz que dará paso  a cambios que permitan el buen vivir de la mayoría de los colombianos, el fortalecimiento de la democracia y las regiones y, a mediano o largo plazo, dará pie a cambios estructurales en nuestro país.

Es por eso que nos llamó la atención la coalición que gesta el MOIR, Navarro y otras personalidades y partidos de “izquierda” colombianos. Dicen ellos que su objetivo principal es unirse contra la corrupción en un gobierno de cambio. Bonitas palabras, pero tan vacías que son, sobre todo si las otras que le siguen son malintencionadas “Si el intento es unir a la izquierda no vamos a prosperar” Navarro, o “que las FARC tengan un partido político nos amenaza” Jorge Robledo.

Tenemos que aclarar y recordar que nosotros en ningún momento hablaremos mal de las facciones y partidos que representan. No estamos contra el MOIR, en el cual tenemos amigos, y mucho menos contra el M-19, que aparte de contar con el afecto  de muchos de sus militantes y de jóvenes que se identifican con ellos, hay que recordar que nació de una insurgencia armada donde habían figuras a las cuales respetamos y honramos  como lo son Lucho Otero, el Flaco Bateman y Carlos Pizarro.

Tampoco es una andanada contra Jorge Robledo, Antonio Navarro o la coalición, pero sí consideramos que sus apreciaciones no solo contribuyen a confundir, dividir y formar malestar, sino que desconocen verdades históricas, tergiversan los hechos presentes y, sobretodo, ayudan a que el país siga como está. 

Robledo deja en claro que: “bienvenidas las FARC a la vida civil, pero ellos son un proyecto político diferente al Polo, toda la vida lo han sido” eso es verdad, qué bueno Senador que lo comprende, es más, menos mal que así es. Es que ellos son revolucionarios, no reformistas. 

¿Será por esta razón que el partido político de las FARC “los amenaza”? ¿Pero a quién amenaza, a los movimientos políticos pequeños o al “feudo electoral” de ciertos políticos de “izquierda”? Decir que el partido surgido de las FARC sea un peligro para los partidos y movimientos políticos pequeños, no solo es formar una nueva estigmatización contra los camaradas, también es demostrar el desconocimiento profundo del Acuerdo de la Esperanza o, en su defecto, admitir inconscientemente el alejamiento de las masa que tiene muchos de esos partidos y su incapacidad para hacer una política coherente en la base de la sociedad ¿cuál de estos es su problema Senador?

Pero también se le al olvida Honorable Senador que el MOIR no es el Polo, él no es el Polo, por lo tanto no puede dar esa apreciación de buenas a primeras. El Polo es una alianza de varios actores políticos en el que hay revolucionarios, muy a pesar de que de manera incoherente, infructuosa y absurda hayan intentado sacarlos, ejemplo de esto la fracasada e irracional expulsión del Partido Comunista Colombiano. 

Ambos, Robledo y Navarro,  coinciden que esta coalición es de “centro izquierda” un término moderno para llamar a quienes en un periodo de la historia fueron denominados como social demócratas, es decir, personas que quieren reformar el sistema vigente conservando el Statu quo. Algo así como garrote suavecito, soltar más migajas a “los de abajo”, más claro aún, capitalismo con rostro humano.

Creo que (y esto lo diré en primera persona para destacar que es mi opinión, no la del Partido ni la de la Fundación que represento) no hay términos medios, se es de derecha o de izquierda, solo hay una lucha entre dos clases, los explotadores y los explotados. Los de Centro, en cualquiera de sus facciones son unos indecisos, no saben dónde están, por tanto son fácil de permear y claro, su tibiesa solo beneficia a una clase: la dominante. “con sus vacilaciones, los “izquierdistas” ayudan a los imperialistas…” Lenin.

Lo que realmente molesta de los “centro izquierda” es la forma como se filtran en la izquierda y los movimientos revolucionarios, aprovechan política y mediáticamente nuestro nombre, alimentando sus “capitales electorales” de las luchas nuestras y de la sangre de nuestros héroes, para después sacarnos a sombrerazos y atribuirse nuestros procesos, hablar en contra de todos nosotros y excluirnos pero tener el descaro de seguir llamándose “de izquierda”.

Para salirnos de la terminología y las apreciaciones personales con el ánimo de darle seriedad al debate, sigamos analizando un poco las posturas de Jorge Robledo, Antonio Navarro y claro de esta coalición. 

Su campaña se basará en la lucha contra la corrupción. Eso es positivo, todos debemos luchar contra ella, es más, en el Acuerdo hay medidas y herramientas para la lucha contra este mal que día a día mata, literalmente, a miles de colombianos. Pero es una visión miope. Un gobierno no se puede dedicar a luchar contra la corrupción única y exclusivamente.

Además, centrar toda una política en la lucha contra la corrupción es reconocer abiertamente que no les importa cambios reales que dé soluciones de fondo. Es que la raíz del problema no es la corrupción, ésta es inherente al sistema. Y acá nos encontramos con una disyuntiva que nos recuerda un poco a Rosa Luxemburgo: anti corrupción o cambio.
En este dilema encontramos pues la primera contradicción interna de esta coalición, pues ellos se proponen un “gobierno de cambio”, pero con sus palabras están diciendo lo contrario.

Así pues llamaran a movimientos ciudadanos y religiosos en un discurso que, con las frases analizadas en este artículo, podemos pensar que será  veladamente anti izquierda, anti FARC, anti comunista. Ojalá estemos equivocados, pero desafortunadamente las actuaciones de Antonio Navarro y  Jorge Robledo en el pasado nos dejan la duda.

Dice el Espectador en entrevista realizada a Robledo y publicada el dos de enero, que el Senador “mantiene una fuerte oposición al gobierno de Juan Manuel Santos, a todo lo que le huela a derecha y a partido tradicional…” agregaríamos que también se opone a todo lo que le huela a izquierda y a comunismo. Y sin embargo lo que dice El Espectador no es exacto, lo hemos visto muy hermanado con el también Senador Uribe. 

Esta oposición contra la izquierda, contra el comunismo y las FARC se deja entre ver en algunas aseveraciones un poco sueltas y temerarias que nos hace pensar en las dificultades para interactuar con esta coalición y la posición que tarde o temprano tendrán con el proceso de paz que se adelanta.

De dientes para fuera lo defienden, pero Navarro ha tenido un discurso constante en el cual critica la posición de las FARC de no haber negociado antes, incluso lo compara con el proceso del M-19, arguyendo que ellos entendieron primero que las FARC que cambiar las armas por votos era la solución. 

Decir esto es desconocer la historia y denota una miopía que no le ha permitido hacer una comparación juiciosa de los momentos en que se dieron ambos procesos y de ambos acuerdos. Más allá de eso es un esfuerzo por desvirtuar la lucha de las últimas décadas de las FARC, así también desvirtuar su posterior participación política.

Dice el Senador Robledo, en la entrevista anteriormente mencionada, que “están distrayendo con la paz para meter de contrabando un modelo económico neoliberal caracterizado por el libre comercio, las privatizaciones y el sometimiento al FMI” nos preguntamos ¿en qué país ha estado viviendo el Senador en las últimas décadas? ¿Acaso la privatización de Telecom o la “apertura económica” fue durante el Proceso de Paz? Siempre consideramos al Senador más juicioso en sus estudios, sabemos que lo es, lo que despierta otra incógnita ¿por qué esta imprecisión?

También lo ha caracterizado cierta claridad en su discurso pero esta vez sale con una perla “Al país no pueden seguir enredándolo con el debate eterno de las FARC y la pelea eterna de los mismos en el tema de la paz cuando son hermanos en cuanto al sometimiento al FMI” consideramos que el Senador tal vez se refería a la pelea Santos-Uribe sobre el tema de la paz, pero la frase da a entender también otra posición, muy peligrosa por cierto.

Esta es una posición que ha circulado acerca de la “incapacidad” de las FARC de negociar el modelo económico. Espero que no sea el caso del Senador y menos de la coalición. Que sea un caso de “lengua suelta” y no de “lengua bífida” porque, por si las dudas, el Senador está insinuando que las FARC es uno de los hermanitos, le recordamos a él y a  todo aquel que piense esto, que para la lucha política se necesita algo que se llama correlación de fuerzas.

Las FARC negociaron en La Habana según la correlación de fuerzas que había, fuerzas que todos nosotros teníamos que conseguir y construir. La pregunta sería ¿qué hicimos los líderes, movimientos sociales, religiosos y demás por ganar una correlación de fuerzas que colaborara para que los Camaradas de las FARC pudieran negociar más de lo que lograron firmar? ¿Qué hizo durante las últimas décadas el “Senador más votado” para construir una correlación de fuerzas favorable?

“…tenían perfecta razón y han sido justificados por la historia los partidarios de la paz, quienes se esforzaron por hacer comprender a los aficionados a los gestos efectistas que es necesario saber calcular la correlación de fuerzas” Lenin.

Otra cosa que nos hace dudar un poco de la relación que esta coalición tenga con la izquierda y de su compromiso con el proceso de paz es que la idea de su “gobierno cambio” y su negativa a cualquier trato con las FARC, se basa en sus críticas al Gobierno de Transición porque la propuesta la hizo las FARC. No ha habido críticas profundas hacia otros sectores que pudieran tener cabida en ese gobierno, y a parte parece que el Senador siembra cizaña con sus “frases sueltas”.

“Los que se van a enfrentar en el 2018 son quienes quieren mantener el Statu quo en versión Unidad Nacional o en versión Centro Democrático”. Esta es una visión corta, simplista, falta altura y muy al estilo politiquero, cosa que el Senador niega ser. 
Esperamos que la nueva coalición organice mejor sus ideas, su debate, entienda quién es el enemigo político y quiénes los aliados, de  otra manera no pasará de ser uno de los tantos intentos de divisionismo, nido del oportunismo, que siempre surgen y terminan en el bote de basura de la historia.


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