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Un viaje a la integración por la paz en Anorí, entre las Farc y las comunidades

Crónica
Por Análisis Urbano

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Integración por la paz en Anorí. Foto Andrea Aldana Análisis Urbano 

Si diez años atrás nos hubieran dicho que íbamos a estar en un culto evangélico, en el corazón de una vereda de Anorí (Antioquia), en un acto de integración impulsado por las Farc-EP, la risa tal vez hubiera sido infinita, producto de la incredulidad. Pero fue así: durante el viernes 4 y el sábado 5 de noviembre vivimos este escenario.

Lo que inicialmente nos negamos a creer estaba ahí, más de mil personas oraban en un culto en el que no se sabía quién era guerrillero y quién era campesino. Y, aunque estuvimos tentados por la burla, los insurgentes terminaron dándonos una lección: materializaron en un evento lo que la dialéctica llama el análisis concreto de la situación concreta.

Colombia es un país con diferentes y múltiples creencias y ninguna paz llegará a este territorio si no empezamos a entender estos aspectos. La integración por la paz que se llevó a cabo en la vereda Las Planchas del municipio de Anorí, ubicado al nordeste de Antioquia, dejó ver diversos matices de este proceso. Por un lado está la voluntad de paz y la fe que en ella tienen las comunidades y los combatientes de las Farc-EP; por el otro: el ELN, el Ejército, los grupos criminales y los paramilitares.

***

Desde que se sale del municipio de Campamento y se toma la carretera para llegar a Anorí, son casi dos horas de carretera destapada y caseríos a un lado, casi todos con la misma pinta agregada en aerosol sobre sus fachadas: «ELN. 52 años de lucha organizada». Lo extraño es que íbamos hacia un evento organizado en territorio influenciado por las Farc, y de ellos no vimos una sola pinta.

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Integración por la paz en Anorí foto: Andrea Aldana Análisis Unbano

— El ELN está acá pero no tiene problema con nosotros. El problema real son los paramilitares que ya han amenazado a la comunidad, le dicen que van a venir por ella una vez que las Farc se retire; por eso estamos buscando quedarnos cerca de aquí—, dice Anderson Carranza, comandante del 36 Frente Jair Aldana, de las Farc.

Y lo que dice Carranza se reafirma en el territorio. En una de las tiendas del sector, un campesino de 54 años habla en tono preocupado y explica por qué no quiere que las Farc se vayan.

— Que dejen las armas pero que se queden en la zona.

— ¿Tienen miedo?

— Sí. Los paramilitares ya nos amenazaron, nos dijeron que ellos vienen cuando las Farc no estén. El Ejército también la cogió con nosotros, dijeron que nosotros éramos todos guerrilleros y que ya íbamos a ver cuando estuviéramos solos y todo porque la guerrilla pasaba por aquí. Contestamos que entonces también éramos soldados porque el batallón tampoco salía de aquí, que aprendieran a diferenciar.

— ¿Y qué pasó después?

— Se calmó un poco el comandante pero con el Ejército, la verdad, nunca se sabe.

— ¿Quieren que las Farc sigan en armas?

— Si usted me pregunta yo solo voy a responder esto: no queremos que las Farc se vayan.

— ¿El ELN les ha dicho algo?

—No, la verdad no. Sí se han metido al territorio un poco más desde que inició esto de los diálogos. En algunas partes están cobrando un impuesto pero nada más.

Durante la integración por la paz hecha en una vereda de Anorí, parte del equipo de Análisis Urbano se quedó en el casco urbano del municipio, en donde policías de la estación municipal confirmaron que por los territorios cercanos a Yarumal los grupos paramilitares (porque dijeron paramilitares) llevaban casi cuatro días enfrentados a otro grupo del sector. También dijeron que «la preocupación más grande del Ejército es que el ELN se está creciendo y se está metiendo».

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Integración por la paz en Anorí. Foto Andrea Aldana Análisis Urbano

Tal vez estos eran los guerrilleros que la tarde del sábado 5 de noviembre inundaron la plaza central y los locales comerciales del casco urbano de Anorí; razón por la cual horas después el lugar fue militarizado con las fuerzas especiales del Ejército que se desplazaron al territorio hasta en helicópteros Black Hawk, la misma razón por la que los policías recibieron la orden de internarse en la estación.

***

Una vez más, y como ha ocurrido en casi todos los escenarios donde las Farc vienen haciendo sus actividades, el territorio no tenía señal. Lo que nos llevó a pensar que tal vez esta es una de las razones por las que estas actividades tienen tanta acogida: la Colombia desconectada, la que vive la guerra, es la misma a la que al Estado no llega ni siquiera con sus órganos de propaganda; y cuando llega lo hace descontextualizado.

Acá vamos a lanzar provocaciones: cuando se sale de los escritorios a los territorios, los periodistas no pueden evadir una verdad: hay poblaciones –muchas– en donde la guerrilla es el único Estado que las comunidades legitiman.

Lo vimos y lo vivimos en diferentes sectores de la zona rural de Anorí. 1600 personas no llegan a un evento que impulsa un proceso si no se sienten parte de este. En la integración por la paz abundaban las camisas con mensajes alusivos a la paz, las sonrisas, los abrazos, los reencuentros entre familires y guerrilleros, entre guerrilleros y amigos, los niños, los buenos saludos y la lluvia, que pese al incesante caer no logró arruinar el festejo.

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Integración por la paz en Anorí. Foto ndrea Aldana Análisis Urbano


—Vean, les presento a mi sobrina—, dice Maribella, una guerrillera de 24 años mientras carga a una bebé que si mucho tendrá 2 — Y esta es mi mamá, este mi sobrino, esta que también vino es mi hermanita, este mi hermanito y este mi cuñado.

Las integraciones por la paz también permiten que los guerrilleros vuelvan a ver las familias que dejaron años atrás por la necesidad del combate.

— Muchas de mis compañeras están felices. Ayer no más arreglé súper bonito a una de ellas, la cepillé y la maquillé—, cuenta Talía, guerrillera de 32 años con 16 en la guerrilla. — Pero sabe qué, abandonar las Farc también es abandonar otra familia. Nosotros no queremos separarnos.

Las palabras de Talía nos regresan a la ciudad, que es el sector colombiano que no entiende  que en la guerrilla se forjaron familias. Según Anderson Carranza, comandante del frente 36 de las Farc, están buscando la forma de establecerse en una especie de comunidad, de ciudadela.

— ¿Y no es muy peligroso que se concentren todos en un mismo lugar?

— Puede que sí, pero hay una cosa que es verdad: la unión hace la fuerza.

— Anderson, en serio, ¿no le preocupa estar concentrado, ubicable y sin armas?

— Pues se supone que el gobierno nos va a garantizar la seguridad, debemos confiar, van a haber comisiones verificadoras. Mire, en realidad dejar las armas no es un problema. El problema es quién las va a tomar después, qué reducto y con qué propósito. Para poder sobrevivir debemos estar juntos, organizados políticamente y con mucha disciplina. Tal vez como crear un pueblito, algo así.

— ¿Cómo unas repúblicas independientes?

—Algo así.

Pero las repúblicas independientes que desaprobó el gobierno fue lo que dio inicio a las Farc. Antes de ser guerrilla, 70 años atrás, existía el partido comunista que tomó forma de ejército campesino y guerrillero en 1964, agitado por un país que ya venía en guerra por la violencia bipartidista.

Grosso modo, quienes conservaron las armas en las guerrillas liberales para defenderse de las persecuciones de los conservadores, se arrojaron a las montañas colombianas para garantizar su supervivencia. Muchos de ellos con ideología comunista acrecentada por la revolución cubana.

Sin embargo, el general Gustavo Rojas Pinilla, árbitro del Frente Nacional, declaró ilegal toda actividad comunista, que era como consideraba a las comunidades autónomas, organizadas y refugiadas en las montañas de Colombia. ¡Repúblicas independientes!, las llamó el Estado. ¡Son una amenaza!, ¡hay que atacarlas!, bramó. Y al poco tiempo una cadena de bombas calló sobre Marquetalia, territorio del departamento del Tolima que guardaba una de estas comunidades.

Los líderes de Marquetalia, entre ellos Manuel Marulanda Vélez, exclamaron que no se iban a dejar matar y convocaron al partido comunista a levantarse en armas para defenderse. En julio de 1964 se conformó el Bloque Sur con Marulanda como comandante; en septiembre de 1965, atacados por la fuerza pública y camuflados en la cordillera oriental, se nombraron Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo, Farc – EP.

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Imagen de El Espectador

Las repúblicas independientes fueron una amenaza porque no legitimaban al Estado, y la historia ha demostrado que el Estado tiende a atacar a quien no lo necesita.

Sin lanzar pronósticos pesimistas, sólo nos queda una pregunta en el aire: si las ciudadelas o pueblitos que se plantea las Farc para vivir tienen éxito, autogestionan y canalizan poder político por medio de la organización social, ¿qué va a hacer el Estado esta vez? ¿Cómo va a responder?

***

—Voy a hacer un apunte urbano. Voy a decir que los evangélicos lograron lo que en tantos años no pudo el Ejército: ¡tomarse las Farc!—, dijo en tono bromista Luis Fernando Quijano, director de Análisis Urbano, a uno de los comandantes guerrilleros que estaba en la integración por la paz.

—Pero viejo, ellos también son pueblo, son sus creencias. La paz se hace entre todos y esto es lo que nos demoramos en entender. Las religiones hacen parte de Colombia y eso no puede obviarse—, le respondieron al jefe en el mismo tono.


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Integración por la Paz en Anorí Foto Andrea Aldana Análisis Urbano 

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Integración por la Paz en Anorí Foto Análisis Urbano

Y aunque vinieron un par de risas, el comandante tenía razón. El análisis concreto de la situación concreta: una vez los creyentes se vieron involucrados en el proceso, quisieron apoyarlo.
En el evento casi no había jolgorio, la verdad es que buena parte se fue en el culto. Pero estaba a reventar. Y hasta el alcalde de Anorí, que no fue invitado formalmente, hasta allá fue a parar.

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Integración por la paz en Anorí. Foto Análisis Urbano

—Yo me vine sin invitación. Yo no sé, eso se oían rumores y un ruido todo bueno por allá en el pueblo y yo me dije: «a mí no me han invitado pero yo me voy pa’ allá»—, dijo el alcalde luego de tomar el micrófono para saludar desde la tarima.

También hubo cantos, teatro y grupos de danzas, en su mayoría interpretados por guerrilleros. “Cultura fariana”, fue como llamaron estos actos, y recordando la orquesta guerrillera que vimos en el Yarí, entendimos que las Farc le están apostando con fuerza a este tema.

—Debemos rescatar y promover la cultura de las comunidades, porque los guerrilleros también somos pueblo y estas cosas se están perdiendo. Mire como goza todo el mundo con estos actos… cosas tan sencillas—, pareció lamentar, algo nostálgico, un guerrillero mientras veía a ocho chicas de las Farc que danzaban, con trajes blancos y de polleras largas, sobre las tablas de la tarima.

En algún momento, no supimos bien cuándo, también se repartieron unas cartillas pedagógicas para la construcción de la paz, no muy gruesas y con muchos dibujos en blanco y negro para colorear, por lo que los niños se disputaban estos libritos.

A riesgo de equivocarnos, todo lo que vimos nos llevó a pensar una cosa: la pedagogía para la paz –la verdadera, la que no se queda en contratos ni en dependencias estatales, la que le toca hacer al Estado– la está haciendo es la guerrilla.

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Integración por la paz en Anorí Foto análisis Urbano
Nos fuimos de la vereda con el corazón apretado. “Vuelvan pronto que por aquí los esperamos, déjense ver otra vez”, nos dijo una campesino que nos alojó y lo mismo repitió su mujer que también nos alimentó.

En la integración sólo habíamos tres, a lo sumo cuatro, medios de comunicación, por eso pasamos casi desapercibidos. Cuando se es periodista y se está en este tipo de eventos –tan naturales, tan hogareños– se tiende a olvidar la labor y nace el sentimiento de compartir, de integrarse, de ser uno más.

Estar, ver, oír, compartir, pensar, eran los cinco sentidos del periodista, según Ryszard Kapuscinski, tal vez uno de los mejores reporteros del mundo. Para el polaco, era imposible narrar sin ser testigo, sólo siendo uno más, intentando ocupar el lugar del otro, se le puede comprender.

Y al final esto fue lo que hicimos, lo que nos permitió comprender, con lo que intentamos ver más allá.

En el camino de regreso paramos en una tienda para tomar algo de café y calentarnos. Y como el café siempre es charlado, el tendero terminó por contarnos que el día anterior, el sábado 5 de noviembre, las fuerzas especiales del Ejército habían pasado por allí, que iban para Anorí porque tenían información de que “el ELN iba a hacer una embarrada”, que querían sabotear el evento de las Farc.

El sabotaje no ocurrió y no supimos si era verdad. Los tiempos en Colombia están revueltos y cualquier cosa puede ser considerada una provocación. Al ELN la población no lo acusó, de hecho las denuncias que oímos fueron en contra de militares y paramilitares. Pero no hay certezas estos días, en río revuelto cualquiera puede pescar.

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Integración por la paz en Anorí. Foto Andrea Aldana  Análisis Urbano



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