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La paz: entre la dilación, la mentira y la esperanza

Análisis
Por María Méndez
Fundación Colombia Soberana



Foto Vigilia por la Paz. La Picota


Aún sale el humo de los hornos crematorios, último paso de los adoloridos desaparecidos de Colombia; aún sangra las heridas de nuestras víctimas; aún el miedo es latente y los pies de los desplazados siguen cansados; aún retruenan como himnos omnipresentes los discursos de nuestros líderes acribillados: "El enemigo no olvida ni perdona que nuestra vida se la hemos entregado a los trabajadores, ellos son sus dueños, pero en el momento en que el enemigo lograse arrebatarnos nuestra vida BIENVENIDA LA MUERTE, porque sabemos, indiscutiblemente, que al caer nosotros, de la Unión de Jóvenes Patriotas, saldrán los que nos deban representar, los que nos deban reemplazar..."  (Jaime Pardo Leal); aún los ríos de sangre recorren nuestro enlutado país recordándonos una historia de terror, recordándonos lo que jamás debió haber pasado y que lamentablemente sigue sucediendo.

Estamos en un momento histórico. Los Acuerdos de La Habana son un tratado entre un gobierno y una guerrilla insurgente más justo y avanzado, no solo para las partes sino para el país entero porque los tratados anteriores, tanto a nivel nacional como internacional, casi no contemplaron cambios en los respectivos países que pudieran lograr unas condiciones mínimas para la vida digna de todos y cada uno de los habitantes.

Se contempló también un enfoque de género que permite que las mujeres tengan acceso en las mismas condiciones que los hombres a la propiedad privada, a la salud, la educación, la vivienda y la alimentación. Que reconoce que las mujeres de Colombia somos sujetos de derechos y protagonistas históricas en una guerra en la que hemos llevado la peor parte.

Se puso a las más de 8 millones de víctimas de este conflicto armado en el centro del acuerdo, no solo para ser reparadas, sino para que ellas y todos, incluyendo las futuras generaciones, tengamos derecho a la verdad. ¿Dónde están nuestros abuelos, padres, hermanos, tíos? ¿Por qué tuvimos qué pasar por todo esto? ¿Quién financió la guerra? ¿Quién está detrás de las balas, de las torturas, de las violaciones, de los vejámenes que se llevaron, no solo la vida de nuestros muertos y desaparecidos, sino la de nosotros mismos?

Con mentiras ganó el NO. Una victoria pírrica, llena de sinsabores. Donde los "triunfadores" tuvieron que reconocer que no habían leído los Acuerdos, no tenían propuestas, donde demostraron su ignorancia política y sus apetitos personales. Y una vez más la Delegación de Paz de las FARC muestra sus anhelos de paz, concordia y reconciliación, aceptando estudiar las más de 445 propuestas, hechas a última hora por los del NO.

Por su parte "nuestro Nobel" con cara gana y con sello también. Él ganaba con el SI o con el NO. Igual recibió su premio y además pudo renegociar los dos puntos del acuerdo en el cual el Gobierno y su delegación habían perdido más de lo que esperaban: el punto 1 y 5, tierras y víctimas. Esperaba el jugador que en su afán por conservar la paz, las FARC cambiaran estos puntos al antojo, no solo de los terratenientes y despojadores del NO de Uribe, sino del apetito voraz de las transnacionales. Lo creía casi seguro, sabe que la bandera de los comunistas es la paz... solo que se olvido que nuestra paz es con justicia social.

No se gana en una mesa de diálogo con bravuconadas y sandeces, sino con razones. Pero ellos no se dan por vencidos. Si las FARC, los Comunistas y el pueblo en general tenemos la razón, ellos pueden "cambiar la historia". Así llamaron a su bien articulada máquina de mentiras: los medios masivos de comunicación. 

Sin rubor alguno, la primera parte de la historia que pretenden cambiar es la actual. Ahora resulta que no es la emproblemada Delegación de Paz del Gobierno, quienes al ser vencidos con razones de sobra, se hallan entre la espada y la pared, entre el SI y el NO, sino que se inventan que las FARC se paró de la mesa. Darcy Quinn, cuidado que de tanto recibir órdenes de sus jefes para que engañe a la gente, se puede enfermar y la mitomanía, mi querida colega, es un enfermedad muy difícil de curar.

Pero esa "mentirita" puede pasar, la que no tiene presentación alguna es el exabrupto de Uribe. En una declaración ahistórica, inoportuna, sin sustento y provocadora, el Zar de los falsos positivos, las mentiras, la corrupción, la mafia y la valeriana dice: “En el asesinato de la UP intervino las mismas Farc. Ellos provocaron reacciones criminales por su combinación de formas de lucha, ellos mismos asesinaron a muchas personas de su organización porque el asesinato es su forma de hacer política”.

Yo me pregunto si este hombre no conoce la historia, es mitómano o es simplemente una bestia. Reitero la pregunta de la compañera Aida Avella ¿cómo es un "auto exterminio"? porque cualquiera que conozca la historia de este país sabe, que si bien todos los miembros de la UP no eran de las FARC, muchas de las víctimas de este partido político si lo eran, pues fue fundado en el marco de un proceso de paz con la esperanza de terminar esta guerra fratricida y como paso de la guerrilla a partido político legal.

Ahora, siguiendo el razonamiento de la compañera, me pregunto: Si las FARC exterminó la UP, ¿Por qué los militantes de las FARC volvieron a las filas de esa guerrilla y muchos que no eran guerrilleros ingresaron? ¡no dirán que por falta de guerrillas! hay varias, pero si de fundar guerrillas se trata acá en Colombia es más fácil alzarse en armas y fundar una guerrilla que sobrevivir en Bogotá con un salario mínimo.

Por último, aunque se puede hacer más análisis de su delirante intervención, solo quiero anotar que dice "ellos provocaron reacciones criminales" ¿Está buscando una excusa para el Estado y los paramilitares? con esta afirmación el desafortunadamente ex-presidente de nuestro país dice entre lineas que el Estado (quien ya reconoció su responsabilidad en el exterminio) unido con los paramilitares (que también han reconocido la autoría de estos hechos a través de declaraciones) nos mataron, nos torturaron, desplazaron y demás pero es culpa de nosotros, por pensar diferente.  Es igual a decir que el violador no tiene la culpa de agredir sexualmente a una niña, la culpa es de ella por ser mujer.

Dejando atrás las incoherencias y delirios expresidenciables, me preocupa mucho esta sarta de mentiras que se sigue tejiendo alrededor, no solo de las FARC, sino de todos los movimientos sociales. El día martes 1 de noviembre de este año (2016) fue asesinado el líder campesino Jhon Jairo Rodríguez Torres en el Cauca y la primera reacción del Estado a través de sus instituciones, CTI y Policía Nacional, es tratar de tergiversar todo, de desmentir su participación en movimientos sociales e inventarse mentiras para vincularlo a delitos como narcotráfico y hurto.  Antes lo hubieran acusado de guerrillero, ahora lo acusan de narcotraficante. ¿Qué intenta hacer el Estado? ¿Un nuevo Modus Operandi para ocultar el genocidio político que quieren ejecutar? 

El Estado y sus medios masivos no nos engañan. Mantenemos nuestros sueños y nuestra memoria porque es en este par de aspectos en que se fundamenta nuestra lucha y el futuro. Sabemos que el olvido nos conduce a la repetición; nuestra memoria la hacemos nosotros que vivimos las injusticias, no más hegemonía (a)histórica. La verdad nos traerá la paz y la reconciliación que nosotros deseamos, por que exaltando nuestra memoria y la verdad, hacemos resistencia a los odios, a las injusticias y estamos presentes en la construcción de la democracia. 

No tenemos miedo. Nos movilizaremos por nuestro país, por nuestros sueños. Sabemos los retos que tenemos en frente en la construcción de una Nueva Colombia, justa, en paz, digna, para todos y todas. A nosotros no nos ganan con mentiras ni con balas, vamos por Colombia y nadie nos detendrá. 

Anexo denuncia de la muerte y las calumnias en contra de Jhon Jairo Rodríguez T.




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