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Carta pública a Andrés Pastrana

Opinión
Por Luis Carlos Pulgarín Ceballos*


Doctor Pastrana, lo invito a que deponga su contradictorio proceder. Decirle SÍ a la paz no es avalar las políticas sociales y económicas de Santos, ni convertirse en su aliado político.

Tres presidentes pasarán a la historia por dar pasos históricos en la búsqueda de la paz con las insurgencias colombianas, tres ex presidentes a los cuales millones de colombianos terminarán recordando con gratitud a pesar de sus nefastas políticas sociales y económicas para la población colombiana, y todo esto por los riesgos políticos que implicaba asumir el hecho de plantearle al país una propuesta de paz con las insurgencias colombianas en medio de la desconfianza y de la polarización política nacional. Una apuesta política riesgosa que le dejó a dos de ellos, el sin sabor de las bajas encuestas (orquestadas siempre por los enemigos de la paz y negociantes de la guerra), y la frustración de no haber podido cumplir con su propósito de sellar un pacto de paz definitivo con la FARC.

Veamos, un poco lo anterior: Para nadie es un secreto que fue el ex presidente Belisario Betancourt, a quien muchos le perdonan su falta de liderazgo y pantalones para dirigir las acciones que hubieran evitado el holocausto de la Toma del Palacio de Justicia en 1985 por parte del M-19 (incluso muchos escritores le perdonamos sus ínfulas de poeta a pesar de su muy mala poesía), quien le apostó a un primer ensayo de paz con las guerrillas, en ese entonces reunidas en la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar. Pero que “Enemigos agazapados de la paz”, como los denominara Otto Morales Benítez, boicotearon este proceso de paz y provocaron lo que luego sería el genocidio de un partido político de izquierda que prometía ser el mayor experimento de una democracia surgida de un acuerdo de paz con las FARC-EP y que muy seguramente nos habría ahorrado más de 30 años de guerra y miles de muertos. Ahora bien, si hacemos un balance de los sucesos posteriores al periodo presidencial de Betancourt, el ex presidente no puede menos que sentir la satisfacción del deber cumplido, pues la puerta que abrió para explorar una primera iniciativa de paz, después del criminal periodo del gobierno de Turbay Ayala, permitió el paso a nuevos procesos de paz con grupos como el M-19, el EPL, la CRS, el Quintin Lame entre otros. No obstante dichos procesos de paz se firmaran en gobiernos posteriores (Con Virgilio Barco, César Gaviria y Ernesto Samper), Betancourt debe sentir como suyos el éxito de dichos procesos de paz, pues fueron la conclusión de una propuesta nacional liderada por él en su momento.

Igualmente debe suceder con usted doctor Andrés Pastrana, el proceso de paz que hoy se define en la Habana, de manera exitosa, se debe en gran medida a la propuesta de paz nacional que usted, de manera arriesgada, propuso a las FARC durante su mandato. La historia no podrá negar que usted fue, después de Betancourt, el segundo presidente de Colombia en sentar un precedente histórico para desarrollar un proyecto nacional de paz con la guerrilla más antigua del país y que este proceso que hoy se concluye, en el gobierno de Santos, es el florecimiento de una semilla que usted ayudó a sembrar durante el atardecer del siglo XX, hace apenas algunos pocos años.

No entiendo entonces, doctor Pastrana, el porqué de sus celos políticos para con este proceso actual; no entiendo entonces porqué su posición errática pretendiendo borrar el logro de un proyecto de paz del cual usted es uno de los gestores principales, incluso desde su campaña presidencial. No entendemos los colombianos el porqué de su alianza amañada y errática con los terratenientes de la guerra amontonados como jauría rabiosa en el Centro Democrático, para vociferar un NO rotundo y criminal para con los acuerdos que en la Habana hoy definen el rumbo de la paz para Colombia.

Doctor Pastrana, usted tiene hoy la oportunidad única de que la imprenta de la historia le otorgue la dignidad pérdida a su apellido desde que en 1970 se acusara a su padre, el doctor Misael Pastrana, y al Partido Conservador, de robarse las elecciones presidenciales en las cuales el ex dictador Rojas Pinilla (disfrazado de civil y con las banderas de la ANAPO), era contundente ganador. Hecho que pesa en la historia crítica de nuestro país, que no se puede negar a la luz del nefasto pacto denominado “Frente Nacional” –que supuestamente terminaba con el gobierno de su padre-, y con el cual se pretendía conjurar un periodo de violencia política, pero cuyo resultado fue precisamente profundizar la guerra interna en Colombia.

Doctor Andrés Pastrana, usted tiene hoy la oportunidad de corregir el craso error del Pacto del Chicoral, firmado entre doctor Misael y la clase terrateniente. Pacto que -como dice Antonio Caballero-, junto a “la Ley cuarta del 73, aceleró más todavía la concentración de la tierra y la expulsión de los campesinos como colonos a la frontera agrícola, al talar monte y sembrar coca” y que como consecuencia nos ha dejado más de siete millones de desplazados, casi seis millones de hectáreas robadas “y un reguero de muertos que todavía no hemos terminado de contar (ni de matar)” además de “la conversión de Colombia de país exportador de alimentos en importador; y la destrucción de los bosques y las selvas para cultivar coca”.

Si con el Pacto del Chicoral, Misael -su padre-, borró de tajo la propuesta de reforma agraria adelantada durante la década de los 60s por los Lleras (Lleras Camargo y Lleras Restrepo), dejando en desventaja al campesinado colombiano frente a las poderosas mafias terratenientes del país, permítase usted, hoy, compensar a esos campesinos que durante tantos años estuvieron condenados a la guerra, para que regresen a la sociedad y desarrollen los proyectos agrarios que se pactan en el acuerdo del punto uno de los diálogos de la Habana. Proyectos que pueden ser la experiencia piloto de un proceso de productividad agrícola expansivo que nos posicione en un mercado internacional donde cada día hay menos tierra para la siembra de alimentos, donde hay cada vez más hambre por la desaforada ambición de acumulación de tierras de engorde, por parte de las clases terratenientes, donde aumenta cada vez más la devastación ecológica y ambiental que junto a la violencia provocan la superpoblación de los perímetros urbanos a donde llegan los campesinos desplazados mientras el campo se queda cada vez más solo y a expensas de las economías mineras, multinacionales, terratenientes y, también, las economías ilícitas en el caso de los cultivos que son materia prima para la producción y exportación de cocaína.

Doctor Pastrana, esta es una oportunidad única para la historia de la paz en Colombia, las generaciones futuras podrán por fin contar otras historias que no sean las de la barbarie y la impunidad, vivir en otras condiciones: sin el miedo permanente a la muerte, con más oportunidades sociales en la medida en que el gasto para la guerra se reduzca y la inversión pública se destine a otros asuntos y necesidades propias de un país en desarrollo, donde los billones de pesos que cada año se invierten en matar colombianos, se destinen a preservar la vida y garantizar la dignidad de cada colombiano. Doctor Pastrana, lo invito a que deponga su contradictorio proceder. Decirle SÍ a la paz no es avalar las políticas sociales y económicas de Santos, ni convertirse en su aliado político; una cosa es el gobierno de Santos: aberrante mandato postrado en la vía de un país que se entrega cada vez más a las economías extranjeras, que se confunde en el maremágnum de nuestra tradicional corrupción, del amiguismo y el favoritismo político, que somete cada vez más a los sectores populares y de la clase media a la desigualdad social y económica, a la pobreza y a la miseria; y otra cosa muy distinta es el clamor del país entero en torno de la paz, usted lo sabe, usted vivió ese clamor, ese clamor lo acompañó a las urnas y lo hizo presidente en 1998, entonces doctor Pastrana: venga al lado de las mayorías colombianas, tómese la foto de la paz con nosotros y permítase pasar a la historia como uno de los estadistas colombianos que se la jugó hasta el último momento de su carrera política, con coherencia y sin contradicciones, por heredarle a las generaciones futuras un país con el horizonte posible de la paz. La invitación sigue abierta, usted tiene la palabra.

* Luis Carlos Pulgarín Ceballos es Comunicador Social Periodista (UNAD); Estudios de Derecho (Actualmente UDC). Diplomado en Gerencia Cultural (Fundación Universitaria JFKennedy), y Liderazgo Social y Político (U. Autónoma de Colombia). Estudios de Conciliación en Equidad (Min Interior Colombia); Resolución Pacífica de Conflictos (Robert Fisher de la U, de Harvard); Dramaturgia Cinematográfica (U. Latina de Panamá); entre otros estudios de Derechos Humanos, periodismo radial, teatro, literatura, libretos para cine y televisión.

Premio Nacional de Dramaturgia Para Niños 2001. Premio Nacional “Poesía Capital”, Casa de Poesía Silva, 2005. Beca IDCT Creación en Teatro 2002. Premio (compartido) en concurso nacional de proyectos para televisión “No se le arrugue” de Producciones PUNCH, año 2000.Creativo y Libretista programa Planeta Niños, nominado por el periódico El Tiempo, como mejor programa infantil, de la televisión colombiana en 2004. Segundo Lugar III Concurso de Cuento Eutiquio Leal – U. Autónoma de Colombia y Taller de Escritores Gabriel García Márquez, Bogotá 2012. Ganador del Concurso Tertulias a la Francesa con el proyecto “las bodas de Fígaro”; Fundalectura y Embajada de Francia, 2006. Invitado especial de la 3ª. Feria Internacional del Libro del Zócalo, México D.F., en el marco del proyecto “Bogotá suena – ciudad invitada de honor”, año 2003.

http://luiscarlospulgarinceballos.blogspot.com/

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