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“EN LA HABANA SE ESTÁ NEGOCIANDO EL FIN DEL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO, NO EL DEL SOCIAL” ENRIQUE SANTIAGO

Entrevista
Tomado de ANNCOL
Por  Pablo Batalla Cueto

Ángela Esteban, Mayerly Garzón y Enrique Santiago


Dos activistas colombianas refugiadas en Asturias, Ángela Esteban y Mayerly Garzón, y el abogado español Enrique Santiago, que participa en las negociaciones de paz de La Habana como asesor jurídico de las FARC, desgranan sus opiniones sobre el presente y el futuro del conflicto colombiano para ASTURIAS24 con motivo del inicio del proyecto "Caminando por Colombia. Paz y libertad", consistente en que Esteban y Garzón hagan el Camino de Santiago desde Gijón para exponer a los peregrinos la realidad de su país.

Ángela: Mi nombre es Ángela Esteban, soy militante de la Juventud Comunista, hago parte del Comité Central y tengo 27 años. Soy estudiante de licenciatura en educación y desarrollo comunitario y soy de Pereira, que es una ciudad que pertenece al eje cafetero de Colombia. Estoy acá porque hago parte del programa de refugio de Asturias, y hago parte del programa de refugio de Asturias porque fui amenazada en junio del año pasado. Mi labor política está muy ligada al tema estudiantil universitario, y en los últimos dos o tres años ha habido procesos de movilización muy fuertes relacionadas con las reformas educativas que han salido en el país en los últimos años. Es básicamente producto de ese proceso de movilización que soy objeto de la atención de la ultraderecha colombiana y los grupos paramilitares, que están en contra de esas luchas y reivindicaciones. En el año pasado tuvimos una fuerte movilización, con un paro académico de cuatro meses en la Universidad, y a raíz de ello recibimos por e-mail y por Facebook un panfleto y otras amenazas que involucran a varios estudiantes que formamos parte de esos procesos de movilización. Entre esos estudiantes estamos varios compañeros de la JUCO, cuatro compañeros que hacen parte del MODEP y otros compañeros que forman parte del movimiento en sí. Lo que dice, básicamente, la amenaza es que debemos salir de la ciudad; que no podemos matricularnos en la Universidad y que debemos irnos del país o al menos de la ciudad. A raíz de ello, se toma la decisión de acogerse al programa de Asturias. Llevamos hoy tres meses y el programa es una cosa de seis meses, y lo que estamos haciendo en Asturias es, además de nuestro papel político, que es casi inherente a nosotros, todo lo que podemos en materia de defensa de los derechos humanos, colaborando con organizaciones de acá y visibilizando la problemática del refugio y el exilio en Europa.

Mayerly: Mi nombre es Mayerly Garzón y hago parte del Congreso de los Pueblos. Soy bogotana, soy abogada, tengo 23 años y mi trayectoria ha consistido en construir la defensa de los territorios en términos del enfoque represivo de la política minera extractivista por parte del Gobierno nacional durante los tres últimos gobiernos nacionales en Colombia. Reivindicamos la necesidad de que las comunidades indígenas, tanto campesinas como urbanas, tengan derecho a la tenencia de la tierra, y a causa de ello yo fui amenazada en varias ocasiones por los paramilitares, las Águilas Negras, con hostigamientos y persecuciones que pusieron en riesgo mi vida. El asesinato de Carlos Alberto Pedraza, un compañero del Congreso de los Pueblos, por parte de los paramilitares nos hizo, a mí y a otras personas, entender que los paramilitares estaban dispuestos a hacer realidad sus amenazas, y eso me decidió a venirme acá refugiada, de lo cual hace también tres meses.

Enrique es más conocido en España. De todas maneras, preséntese también. ¿Quién es? ¿Cuál es su relación con Colombia y con el proceso de paz colombiano?

Me llamo Enrique Santiago y soy abogado. Llevo veinticinco años trabajando en defensa de los derechos humanos y concretamente con personas que sufren privación de sus derechos, incluyendo refugiados. Desde hace un año y pico soy asesor jurídico de la mesa de diálogo de paz de La Habana con la función de asesorar, en lo que respecta a los asuntos jurídicos que se discuten en la mesa, a una de las partes concretas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

¿Cómo es convivir con la realidad cotidiana de la violencia y de una amenaza a muerte?

Mayerly: Cuando uno lucha por conseguir la justicia social en Colombia sabe que tiene unos riesgos, pero no se da verdadera cuenta de ellos hasta que, de pronto, le toca vivir esos riesgos en carne viva, y no sólo le toca a uno, sino que le toca a su familia y a su círculo cercano. Vivir con una amenaza a muerte significa no poder estar tranquilo en ningún sitio: ni en la Universidad, ni en su barrio, ni en su propia casa. La persona que vive eso sabe que la están observando y siguiendo permanentemente, y eso da miedo, y el miedo es lo que buscan quienes hacen las amenazas, porque sólo con el miedo pueden contrarrestar nuestro trabajo y nuestra decisión de seguir construyendo movimientos sociales en Colombia; de evitar que hay un escalamiento del trabajo y de hacer que la gente se aísle. No se trata sólo de atemorizar a la persona, sino de atemorizar a todo su grupo, a todo su colectivo. Y no les hace falta que la gente se exilie para salvaguardar sus vidas: les basta con que haya desplazamientos internos dentro del propio país que dividan al movimiento. Ésa es una realidad que se conoce poco.

¿Cómo funcionan esos desplazamientos internos? Los desplazados, ¿se construyen identidades falsas, como los testigos protegidos de las películas estadounidenses?

Ángela: No, eso se da más en Norteamérica.

Enrique: Lo que busca la persecución en Colombia es precisamente que los defensores de los derechos humanos, los luchadores sociales, abandonen esas tareas. El hecho de cambiar de nombre sería aceptar esa derrota.

El Gobierno atiende a los hombres amenazados antes que a las mujeresÁngela: Sí, eso es. Como decía Mayerly antes, quienes hacemos acción política sabemos que tenemos ciertos riesgos. Y tienes miedo, pero no vives con miedo todo el tiempo, porque tienes la convicción férrea de estar luchando para que tu país mejore. El temor está más ligado a las personas que te rodean: familia, camaradas, compañeros de trabajo cotidiano, etcétera; no es tanto por ti, porque desde el principio sabes a qué te atienes, y pasas a participar en la acción política sabiéndolo. Sólo quienes tienen un nivel de amenaza y hostigamiento muy grande salen del país, y aun en el exilio no se quedan de brazos cruzados, sino que siempre hacen algo, siempre tratan de construir canales de defensa de los derechos humanos. No vemos el exilio como una vía de escape, sino como una etapa transitoria, porque nuestra convicción no deja de ser generar un cambio. Por eso pensar en identidades falsas, en construir una nueva vida, no entra dentro de nuestros planes. Por otra parte, hay que tener en cuenta que, en Colombia, no es lo mismo encubrir a un sindicalista o a una personalidad política que a jóvenes estudiantes como nosotros. Tenemos un acceso mucho más limitado a los programas de seguridad que existen.

Enrique: Para que te sitúes con las cifras, en Colombia hay aproximadamente seis millones y medio de desplazados internos a consecuencia de usurpaciones de tierras, amenazas, presiones y coacciones de diverso tipo. Los datos de la Fiscalía, es decir, una institución del Estado, hablan de un mínimo de cincuenta mil detenidos desaparecidos, es decir, el doble del número que arrojan los informes más extensos sobre desaparecidos durante la dictadura argentina. Exiliados en el exterior hay unos cuatrocientos mil o cuatrocientos cincuenta mil. En cuanto a ejecuciones extrajudiciales realizadas por el Ejército desde 2002 hasta hoy, es decir, en poco más de los últimos diez años, se habla de cinco mil quinientos casos. Es lo que se conoce como falsos positivos, y es simplemente una de las tipologías de desaparición forzosa. En fin, el nivel de persecución es muy importante. Por eso el programa de acogida de refugiados en Asturias tiene muchísima importancia. Por un lado permite a las personas perseguidas esperar a que mejore su situación —lo cual no siempre ocurre: dos personas acogidas a este programa fueron asesinadas a su vuelta—, pero por el otro les permite sensibilizar a la sociedad de acogida, concretamente a la asturiana, sobre esa situación.

¿Cuánto y de qué manera agrava su situación el hecho de ser mujeres?

Mayerly: La agrava mucho. En cualquier conflicto, en cualquier guerra, las mujeres somos doblemente víctimas. Vivimos en una estructura patriarcal y machista que no acepta que la mujer tenga acceso a la transformación social. Además, o precisamente por ello, somos parte del botín de guerra. Existe una violencia sexual enorme, que afecta especialmente a quienes trabajan en barrios marginales en los que estar sola implica un riesgo muy grande. Te cuento una historia personal: un día, llegando a mi casa, pasó un taxi al lado mío. Pronto me di cuenta de que el taxi me estaba siguiendo, y en un momento dado el taxista se bajó del coche. Yo empecé a correr y me salvé, pero en aquel momento sentí muy viva la doble amenaza que me afectaba como mujer: no sólo podía perder mi vida, como puede perderla un hombre, sino que me arriesgaba a una agresión sexual. Eso, ellos, los que levantan y mantienen esa construcción patriarcal, lo saben; saben que genera miedo entre las mujeres y que nos pueden anular así. Además, el Gobierno nacional nos discrimina a la hora de proporcionarnos protección. Ángela y yo lo sabemos bien: hemos denunciado las amenazas que sufrimos en la Fiscalía, pero hemos comprobado cómo nada se ha movido. Como decía antes Ángela, el esquema consiste en atender a los hombres reconocidos antes que a las mujeres.

Ángela: Hay una doble estigmatización. Nosotras somos mujeres líderes en nuestro campo La comunidad internacional se está implicando de veras por primera vezpolítico, pero también somos jóvenes, y sufrimos estigmatización por ambas cosas. Yo no diría que hay amenazados de primera y de segunda categoría, pero está claro que las personalidades tienen unas condiciones de seguridad mucho mejores. De hecho, nosotras tenemos más suerte que otros, como por ejemplo muchas mujeres campesinas que viven el hostigamiento diariamente y no tienen la salida que hemos tenido nosotros, venir a Asturias.

Enrique: Hay que tener en cuenta, también, que las mujeres juegan un papel muy importante en la estructura social. En los conflictos armados lo primero que se recluta son los hombres, y eso deja en la retaguardia un hueco que ocupan las mujeres, muchas de las cuales asumen un liderazgo social, un papel directivo, muy grande. Eso hace que, en la guerra sucia que hay contra los sectores populares de Colombia, las mujeres sean un objetivo principal.

¿Qué diagnóstico hacen, Ángela y Mayerly como colombianas directamente implicadas en el conflicto y Enrique como parte del proceso de paz, de la situación actual de Colombia? ¿En qué punto se halla el proceso de paz?

Ángela: Yo creo que estamos en un punto de inflexión. La situación es diferente a la de otros momentos. La guerrilla colombiana ha tenido, si no me equivoco, cinco intentos de tregua unilateral, todos los cuales fracasaron, pero hoy, por primera vez, podemos hablar de bilateralidad. El Gobierno está cediendo en lo que respecta a su papel en el cese del fuego y los bombardeos, quizá porque, también por primera vez, la comunidad internacional se está implicando de veras. Felipe González estuvo hace poco en el país y el presidente Santos también estuvo haciendo una visita acá. Hay una presión directa de la Unión Europea para que el acuerdo se firme, y lo hay porque ya no conviene que un gobierno aliado tenga abierto un conflicto armado de más de cincuenta años. Yo tengo mucha esperanza en que se firme un acuerdo. De todas formas, hay que tener algo claro: que firmemos un proceso de paz no quiere decir que automáticamente vaya a haber una patria socialista o comunista; ni siquiera que pasemos a tener un Estado de derecho. Para nada. El acuerdo es simplemente el primer escalón. En Colombia, cuando hablas con la gente del común, te das cuenta de que se ha vendido mucho esa idea de la pax romana según la cual se firma un acuerdo de paz y todo pasa a ser perfecto, y que se olvida que sigue habiendo delincuencia común y otras consecuencias del conflicto que no se van a atajar de la noche a la mañana. El tema de la reparación de las víctimas, del reparto de tierras, etcétera, seguirá existiendo, y sólo se irá solucionando con el tiempo y si se lucha por ello. Nosotros estamos apostando mucho por la unidad de los movimientos sociales y políticos por esa razón.

Mayerly: Los movimientos sociales colombianos han buscado históricamente solucionar el conflicto interno políticamente, es decir, no solamente detener el conflicto armado sino poner remedio a las causas estructurales del conflicto. En ese sentido, yo soy optimista, porque veo que los diálogos apuntan en esa dirección y pueden acabar garantizando la participación política en oposición al Gobierno. Los diálogos son el primer paso de la sociedad colombiana para avanzar en ese debate y para generar propuestas para el país, y una diferencia con anteriores intentos de proceso de paz es que esta vez no existen diálogos con una sola de las insurgencias, que era algo que generaba, por así decir, un cojeo, que no se sentía sólo en la mesa de negociación sino también en la población, sobre todo en las comunidades. Cada vez se es más consciente de que no basta abrir diálogos con las FARC, sino que también hay que abrirlos con el ELN y el EPL, y también con organizaciones como la nuestra cuyo objetivo es construir un movimiento social por una paz duradera cuyos acuerdos tengan una aplicación total tanto municipal, como regional, como federal.

La oligarquía y la guerrilla saben que la guerra no la va a ganar nadie¿Qué opina Enrique?

Enrique: Yo creo que en La Habana se está negociando el fin del conflicto armado, no el del conflicto social. Con las conversaciones lo que se trata es exclusivamente algo tan simple como establecer un marco de mínimas garantías democrática que permita que, como en cualquier Estado de derecho, la confrontación de ideas pueda llevarse adelante en Colombia por medios políticos y pacíficos, algo que históricamente no ha ocurrido por muchas razones, desde el exterminio sistemático de la oposición política hasta el ataque sistemático a un sector muy amplio de la población civil, como los sectores campesinos cuyas tierras y riquezas naturales son usurpadas. Pero creo que, efectivamente, se está avanzando; que se está consiguiendo, en la mesa de La Habana, avanzar hacia el fin del conflicto armado. Como dice Mayerly, para ello es fundamental la incorporación al proceso, en la misma mesa, del Ejército de Liberación Nacional. Las últimas noticias son positivas en ese sentido y parece que ya hay una agenda mínimamente cerrada. Solamente una vez que los dos actores fundamentales de la insurgencia, el ELN y las FARC, estén en un proceso abierto de negociación y se aclare el panorama del fin del conflicto armado será posible que el Gobierno acceda a las partes de contenido más político de este proceso de paz. Si algo ha sido sin duda alguna la mayor de las fallas o deficiencias de estos dos años y pico de proceso de paz de La Habana es la absoluta falta de canales para que la sociedad colombiana pueda participar y expresarse. En eso, en limitar cualquier tipo de participación y en que no se conozcan los contenidos reales de las conversaciones, el Gobierno ha sido muy obsesivo, y ha visto cómo se ha vuelto en su contra. Ahora por fin se ha dado cuenta, y eso ha hecho que se haya avanzado en cuestiones esenciales para acabar con el conflicto, como una mínima reforma agraria. No estamos hablando de una reforma agraria de índole socialista, ni nada por el estilo, sino a lo más parecido al programa agrario del Partido Liberal colombiano de los años cincuenta. Eso es lo que se ha aprobado en La Habana. Otro punto sobre el que hay acuerdo es un estatuto de la oposición para que cualquier fuerza política pueda intervenir sin ser exterminada.

Exterminar a la oposición son palabras mayores.

Enrique: Lo son, pero es que en el primer proceso de paz que hubo entre las FARC y el Estado colombiano, a finales de los ochenta, se estuvo a punto de llegar buen término y de hecho se constituyó una fuerza política, la Unión Patriótica, que luego fue exterminada. Una vez concurrió a las elecciones, todos los alcaldes, concejales, diputados, etcétera y más de cinco mil militantes fueron exterminados, y esos hechos en los que tuvieron una participación directa el Estado y sus aparatos, y que provocaron la reanudación del conflicto, están en la más inmensa impunidad. Esa masacre, ese exterminio, no puede volver a ocurrir. Yo soy optimista, porque creo que el contexto internacional, especialmente el sudamericano, con todos los procesos de integración económica, social y política que se están llevando a cabo, ve el conflicto colombiano como un factor de distorsión y convierte a Colombia en el eslabón más atrasado de dicho proceso de integración. Por otro lado, tanto la oligarquía colombiana como los sectores más vinculados a la lucha guerrillera saben que la guerra no la va a ganar nadie. Son cincuenta años de confrontación militar y el propio presidente Santos dijo el otro día que el problema de que salten estas negociaciones por los aires serán otros veinte años de confrontación, que tampoco ganará nadie, hasta que se pueda volver a la mesa. Con ese convencimiento de que nadie va a ganar la guerra, yo creo que todas las partes han echado sus cuentas y todo el mundo busca una solución política que permita afrontar ese conflicto social que va a quedar pendiente por medios exclusivamente políticos. Ahora mismo, en la mesa de La Habana, sólo son dos los puntos que La unidad de la izquierda no debe construirse desde la hegemonía, sino desde la diferenciaquedan para alcanzar un acuerdo: lo que tiene que ver con justicia, que está muy avanzado, y lo que tiene que ver con la desaparición del paramilitarismo. En fin, como digo, soy optimista. Pero queda. Todavía queda.

Mayerly y Ángela forman parte de sendas organizaciones históricamente rivales. ¿Qué las separaba? ¿Qué las ha unido ahora?

Enrique: Hombre, rivales tampoco (risas).

Mayerly: No (risas). Tenemos diferencias, sobre todo en la forma de hacer, pero luchamos por lo mismo: la justicia social en Colombia, la paz y la posibilidad de hacer de forma realmente democrática. Claro, la lucha social en Latinoamérica siempre ha tenido varias posiciones, visiones, construcciones, etcétera, pero nuestras organizaciones no son rivales: al contrario. La JUCO y el Congreso de los Pueblos tenemos claro que la unidad de la izquierda no debe construirse desde la hegemonía, sino desde la diferencia, y existen varios espacios sociales de convergencia y de unidad que permiten hacer esa construcción de la unidad. Es difícil, pero como decía Camilo Torres hay que prescindir de lo que nos separa y hacer énfasis en lo que nos une.

Ángela: Hoy la apuesta, lo digo como miembro del partido comunista y de la JUCO, es fundamentalmente la unidad. Yo creo que en eso Colombia no se distingue mucho de lo que vemos en el panorama político en España, donde las diferentes fuerzas de izquierda, o de lo que se llama izquierda, tienen sus diferencias y matices pero están emprendiendo procesos de convergencia. En el proceso de paz estamos apostando por dejar de preocuparnos por lo que nos diferencia históricamente y por encontrar puntos en común, reactivando de alguna manera lo que fue la Unión Patriótica. En ese sentido hay espacios como el Frente Amplio por la Paz o la Marcha Patriótica de los que hacen parte tanto la JUCO como el Congreso de los Pueblos. Entre la JUCO y el Congreso de los Pueblos hay diferencias, pero no diferencias que impliquen una rivalidad, y eso hace que podamos emprender acciones conjuntas que ayuden a construir un país diferente. En España, ahora mismo, somos tres los camaradas de la JUCO refugiados, y cuando llegamos y nos encontramos con dos compañeros del Congreso de los Pueblos lo primero que pensamos fue: «¡Uf, quién sabe cómo nos vamos a llevar, qué diferencias va a haber, qué va a pasar…!». Pero nada que ver. Nos hemos vuelto compañeros, camaradas y amigos, y ése es un mensaje muy bonito para Colombia: si una situación tan compleja como ésta ha logrado unir a compañeros de las dos organizaciones y hacerles dejar a un lado sus diferencias, lo mismo puede pasar allá. La derecha colombiana no diferencia quién es del Congreso y quién de la JUCO a la hora de amenazar y matar gente. Si ellos no lo diferencian, ¿por qué tenemos nosotros que hacer tanto énfasis en esas diferencias?

Enrique: Es importante lo que se está haciendo en Colombia ahora mismo y desde que empezaron los procesos de paz y el proceso aproximatorio con el ELN. El Frente Amplio por la Paz, del que forman parte las organizaciones a las que estas compañeras pertenecen, es probablemente la organización que más ha aunado el sentir popular de toda la sociedad colombiana en aras de la paz, y no sólo como una manifestación o expresión, sino con acciones concretas como la verificación del alto el fuego que ha habido por parte de la guerrilla y de las medidas de desescalamiento que se han ido acordando. El propio programa de desminado que se está llevando a la práctica ha contado con la participación de todos ellos. La caminata que estas compañeras van a hacer representa también ese anhelo de unidad del pueblo colombiano a través del Frente Amplio; es una traslación a la pequeña escala del grupo de refugiados en España de ese pacto de la sociedad colombiana en torno a la paz.

¿Cómo viven el aparente giro a la izquierda que vive Latinoamérica? ¿Es la flor de un día que La rentabilidad social para los países que combaten el neoliberalismo es obvialas revoluciones democráticas han sido otras veces, o algo más sólido?

Mayerly: Yo creo que la posibilidad de que emerjan gobiernos con una visión más progresista o de izquierda representa una esperanza para la unidad latinoamericana. Los latinoamericanos estamos convencidos de la posibilidad de una sola Latinoamérica, y gobiernos como el venezolano, el boliviano, el argentino o el brasileño, con todas las críticas que uno siempre pueda hacer, representan una esperanza real de un cambio estructural en ese sentido, también para Colombia, y pasos en esa dirección.

Ángela: Lo que yo pienso va en la misma línea. Se vive un aire de transformación y cada vez se constata más que es necesario un cambio. No sólo en Latinoamérica: si tú miras los procesos de unidad popular en España con Podemos o el caso de Grecia con Syriza, con convergencias que han generado un poco de escozor por las diferencias históricas que pueda haber entre quienes se unen pero que se han visto como necesarias y se han logrado llevar a cabo, ves que en los dos continentes hay un acuerdo general en que es necesaria una transformación, en que la sociedad ya no quiere las clásicas fuerzas políticas dirigentes. El proceso no es irreversible, pero sí que hay un avance y un, diría yo, salto evolutivo hacia nuevas formas de construir poder y de confrontar ideas, con convergencias en el interior de los países que pueden acabar siendo convergencias entre los propios países que contribuyan a eso que decía Maye: construir una gran potencia latinoamericana. La izquierda colombiana tiene un papel importante que desempeñar en esa convergencia, porque la relación de Colombia con el resto de Latinoamérica no es buena. Colombia tiene mejores relaciones económicas con España que con el resto de Latinoamérica, y que los movimientos sociales que trabajamos en el país nos unamos es un paso importante hacia un cambio de esa situación.

Enrique: América Latina fue la primera región del mundo que padeció el neoliberalismo en primera persona a través de la Escuela de Chicago desde principios de los años setenta. El neoliberalismo provocó tal empobrecimiento económico, tal desigualdad en el reparto de la riqueza y tantísima represión política que obviamente hubo una reacción y, a diferencia de en otros lugares del mundo, en Latinoamérica, afortunadamente, surgieron fuerzas políticas que fueron capaces de llevar a la práctica la máxima de que otras políticas son posibles. Entre esas fuerzas no hay una visión política única del mundo, ni mucho menos. Yo ni siquiera creo que todas ellas sean estrictamente movimientos de izquierdas. Lo que pasó fue que verse obligados a hacer una política contraria al neoliberalismo restó a todos esos movimientos apoyos de los centros de poder del mundo, y que eso los obligó a buscar alianzas con las fuerzas de izquierda. El presidente Chávez, cuando en 1999 se presenta a las elecciones, ni mucho menos lidera un movimiento de izquierdas. Es posteriormente cuando se ve abocado a confeccionar una fuerza de izquierdas porque las fuerzas internacionales de la derecha, que no solamente defienden sino que hacen grandes negocios con el neoliberalismo, lo sitúan como su enemigo. Con la revolución ciudadana de Ecuador ha pasado igual, y yo auguro que cada vez irá escorándose más a la izquierda debido al acoso que tiene. En Argentina, decir que el partido peronista es de izquierdas es poco menos que ciencia-ficción política. ¿Qué ha ocurrido? Que, cuando un sector del partido peronista intenta salirse de la senda del neoliberalismo a la vista del hundimiento del Estado que supuso en Argentina el fin de los años noventa, también hay un corrimiento hacia posiciones de izquierda y hacia alianzas con esa nueva izquierda que surge en el continente y que no surgiría si desde los grandes centros de poder no se fuera tan absolutamente dictatorial y vertical con las fuerzas políticas neoliberales. El surgimiento de la izquierda como única garantía de políticas distintas, alternativas al neoliberalismo, es más una responsabilidad de la derecha y de los centros mundiales que una vocación inicial de todos esos movimientos. ¿Qué estamos viendo ahora? Que un país como Bolivia, que lleva décadas en la lista de los países más pobres del mundo, lleva cinco o seis años creciendo como mínimo un 4% anual, y a veces un 5, un 6 o un 7. En Ecuador ha habido la redistribución de la riqueza que ya conocemos, y los centenares de miles de trabajadores ecuatorianos que habían emigrado a España están volviendo, y están volviendo con empleo, y ahora es Ecuador quien está absorbiendo desempleados españoles, y además gente formada: maestros, profesionales, etcétera. En general está habiendo un crecimiento económico en toda la región. Venezuela, a pesar de todos los problemas de desabastecimiento que salen en los medios de comunicación, acaba de ser felicitado este año por Naciones Unidas por ser el país que más efectivamente ha acabado con la desnutrición infantil y que más ha ampliado la cobertura sanitaria a toda su población en los últimos diez años. La rentabilidad social para los países que combaten el neoliberalismo es obvia, y si se terminara el conflicto colombiano Colombia tendría ocasión de sumarse también a esa tendencia. En primer lugar, no tendría que gastarse el enorme presupuesto que se gasta en guerra, un presupuesto que además sirve para que grandes grupos económicos colombianos y los grandes suministradores de armas, la Unión Europea y Estados Unidos, hagan negocio. En segundo lugar, Colombia dejaría de ser la cabeza de puente de los Estados Unidos, el portaviones de Estados Unidos, para fraccionar e impedir la integración económica, política y social de Sudamérica.

¿Cuál es el propósito del Camino de Santiago que Mayerly y Ángela van a hacer?

Mayerly: En primer lugar, visibilizar la realidad colombiana en este momento; nuestra denuncia de que, en estos tiempos en que se está construyendo la paz, los enemigos de la paz siguen tratando de hacerla caer. Visibilizar, también, a las víctimas de la persecución política y, en concreto, pedir la liberación del profesor Miguel Ángel Beltrán, de los trece compañeros del Congreso de los Pueblos detenidos injustamente por el Gobierno nacional y, en general, de los nueve mil presos políticos que siguen en las mazmorras colombianas.

Ángela: Queremos que se conozca en España la situación de los refugiados colombianos. Que se conozca, de hecho, que hay refugiados colombianos en España, personas que estamos trabajando por que la paz llegue a nuestro país. No esperamos un gran boom mediático, pero sí que medios como éste nos den voz y, por supuesto, que la oigan los peregrinos con los que nos iremos encontrando.

¿Cómo va a ser la caminata? ¿Qué etapas va a tener, cuándo es la salida, cuándo la llegada?

Ángela: Lo que está programado es salir este domingo 16 de acá de Gijón a eso de las nueve o nueve y media de la mañana, y llegar a Santiago de Compostela el 31 de agosto. La primera etapa es hasta Avilés y la siguiente hasta Cudillero: etapas de veinticinco o treinta kilómetros diarios. Hay personas que nos han dicho que podemos hacer cuarenta kilómetros diarios, pero creemos que, dado que no tenemos experiencia en esa clase de caminatas, ni siquiera en Colombia, es demasiado (risas).

Mayerly: Yo quiero recalcar también la simbología que tiene para nosotros el Camino en el sentido de que, en Colombia y en Latinoamérica en general, los movimientos sociales consisten fundamentalmente en ocupar las calles, es decir, en caminar.

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