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Grave virus amenaza la paz de Colombia

Análisis
Por María Méndez
Oficina de Comunicaciones y Derechos Humanos CODH




El ciclo 35 de diálogos en la Habana comenzó con una oleada de gente hermosa exigiendo paz. El 9 de abril, día de las víctimas, en varias ciudades del país, los colombianos salieron a marchar en apoyo al proceso de diálogos.

En la marcha los colombianos de a pie, los campesinos, las víctimas del conflicto armado, las organizaciones defensoras de derechos humanos, los ambientalistas, los movimiento sociales y los pobladores que ven diariamente vulnerados y violados sus derechos, pidieron a las FARC que continúen con la tregua unilateral, y le enviaron un claro mensaje al gobierno de Juan Manuel Santos: si de verdad quiere desescalar el conflicto, si en realidad es un hombre de paz, declare un cese BILATERAL, pues los diálogos no  pueden seguir en medio de la confrontación armada.

Así los hechos, por el gran apoyo nacional a los diálogos y al cese bilateral, podríamos decir que la razón estaba triunfando y los colombianos palpábamos el sueño de la paz con tierras para los campesinos, con salud y educación gratuita y de calidad, con vivienda digna, con servicios públicos universales, con empleo, con verdad, justicia y reparación para las víctimas, en una palabra, paz con justicia social.

Pero a las bestias que en Colombia se lucran de la guerra, esto les produjo pesadillas, dolor de cabeza, fiebre y erupciones cutáneas. Los primeros síntomas de esta extraña enfermedad.

El día 14 de abril las tropas del Ejército Nacional, integrantes de la Fuerza de Tarea Apolo, al parecer sostuvieron combates con más o menos 20 guerrilleros de la Columna Móvil Miller Perdono, que hace parte del Bloque Móvil Arturo Ruiz, en zona rural de Buenos Aires, Cauca, con el lamentable resultado de 11 militares muertos, 20 heridos y un guerrillero que también perdió la vida. 

Este fue el "remedio" para los que viven de la guerra, pues se pudieron "despachar" contra los diálogos e intentar manipular la opinión pública, sobre todo de las grandes ciudades, contra la Mesa en la Habana. Acá surgió la otra andanada de síntomas: dolor de estómago, nauseas y diarrea verbal. 

Era lo esperado. Por ejemplo, a los medios masivos que beben de la sangre de los colombianos y descaradamente piden más, poco les importa que desde que se declaró el cese unilateral al fuego, los enfrentamientos hayan bajado hasta en un 90%, previniendo así la muerte de soldados, guerrilleros y campesinos, todos ellos colombianos hijos del pueblo.

La enfermedad fue contagiosa y comenzó a andar por los medios, el gobierno, el sector del uribismo y el Fiscal Eduardo Montealegre, a
l que le dio un episodio grave de diarrea verbal.  El día 15 de abril, en Cali, el fiscal soltó todo su repertorio, acuso, zapateó, manoteó, mintió. Le faltó tirarse al piso y berriar como bebe malcriado para completar su pataleta.

Entre los muchos disparates que dijo, estaba esa teoría mentirosa y sin ningún sustento que el acto de las FARC fue un crímen de guerra. ¿En qué cabeza cabe que a un soldado profesional contra guerrilla se le pueda equiparar con un civil para darle el estatus de persona protegida?Así de grave estaba el Fiscal, la enfermedad lo había hecho delirar.

A pesar  que estas declaraciones las hizo bajo los efectos de este peligroso virus, y no merece ninguna atención tanto disparate,  dedicaremos un poco de tiempo a este asunto, pues la desinformación es la forma más común de contagio.

Lo primero que dice el Fiscal es que las FARC cometieron una serie de violaciones a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario, por cuanto sería un homicidio en persona protegida.  Afirmaciones  con las cuales el Coordinador residente Humanitario de la ONU no estuvo de acuerdo. 

Esta locura la pretende explicar diciendo que los soldados estaban descansando, la operación fue un "golpe de mano" puesto que las FARC tenían la ventaja, los soldados estaban confiados  y que el grupo insurgente atacó con explosivos no convencionales. 

Mirando los hechos con atención la única grave y repetitiva violación al DIH fue que el Ejército no podía estar en el polideportivo pues es un bien de la comunidad y su presencia puede poner en peligro la vida de los habitantes del lugar.

Si nos acogiéramos a la teoría del Fiscal ¿cuántas veces el Estado ha cometido esta grave violación a los Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario?  el bombardeo nocturno a campamentos, incluso ubicados en países vecinos, en donde, por obvias razones, los guerrilleros están dormidos, en los cuales el Ejército tiene la clara ventaja de la aviación sería crimen de guerra si le sumamos que se usa en la mayoría de los casos bombas de racimo que han sido denunciadas y prohibidas por varios países.

Lo que se le olvida al Fiscal es que el asesinato de Alfonso Cano sí fue un crimen de guerra. ¿Por qué no se sale de la ropa y ordena una investigación exhaustiva por este hecho? ¿no será que acá en Colombia unos muertos valen más que otros? 11 soldados que adelantaban acciones ofensivas contra las FARC perdieron la vida en combate, pero sus vidas no valen más que la de un guerrillero que fue herido, desarmado y asesinado poniendo en riesgo la vida de dos menores de 6 años que se encontraban en el lugar y usando una casa campesina como escudo ver informe . Eso señor Fiscal sí es un crimen de guerra entre tantos otros cometidos por el Ejército, sobre todo, contra la población civil.

Esperamos sinceramente el Fiscal se encuentre mejor de esta extraña enfermedad que está invadiendo los sectores menos informados de la sociedad. Según sabemos el virus comenzó a propagarse  desde los batallones y clubes militares, desde donde los enfermos más graves hablan de golpe de estado en caso de que haya firma en la Habana.

Tenemos que estar unidos para derrotar este grave llamado a la guerra. La paz es un derecho y un deber de todos,  que tenemos que defender. Quisiera pensar que el presidente Santos hará hasta lo imposible para que los planes de estos guerreristas no funcionen y seguirá dialogando en la Habana.

Proteger el proceso y evitar que este virus guerrerista se disperse es deber de cada uno, hablando e informando en las calles, en nuestros trabajos, a nuestros amigos y familiares sobre las propuestas, los avances y el estado de la Mesa de diálogos.





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