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LETRAS PARA UNA CONNOTACIÓN SOBRE LA PAZ

Análisis
Colombia Soberana
Por LIVINGSTON JAIME AREVALO GALINDO - Magister en Investigación Interdisciplinaria en Ciencias Sociales





Nada presenta en Colombia -estado periférico del sistema mundo- más afluencia de ideas, que la conceptualización de la polisémica palabra “paz”.

La posibilidad de plantear un debate sobre la paz, desarrollar el concepto desde otra perceptiva, que traiga consigo percepciones vitales como la felicidad, la calidad de vida, y la trasformación de la nación, trasmutables en algo imaginable, con una reinterpretación de la visión política, de la vida, del hombre, de la sociedad.

La primera de todas, darle un valor, saber quién habla, y a quién se habla de este concepto y desde que perspectiva se ve la paz.

Eso nos permitirá, hacer una delimitación del tema; saber qué significado adquiere y que funcionalidad asume la palabra, y a quien le sirve la interpretación.

La palabra “paz” es aprovechada por tres actores: el gobierno, la guerrilla, y los ciudadanos; con significados y hermenéuticas diferentes, en algunos casos diametralmente opuestos.

Para el gobierno “paz” significa entrega de armas, para la guerrilla dejación política de armas, para los ciudadanos discurso ventijuliero y saludos a la bandera.

 En el trascurso de estos penosos años de conflicto -hablando desde el punto de vista ciudadano- las diversas administraciones han escudado su “no hacer” en las palabras “guerra o paz”.

En esta dualidad discursiva -guerra o paz- han evadido el deber de invertir en lo social, -en hacer redistribución de capitales- por ello, la paz para la ciudadanía, tiene una connotación de: “Paz social”. El gobierno no entrará frente a la ciudadanía, en una dinámica de “paz”, hasta tanto no entienda, que la paz para el hombre de la calle tiene apellido y se llama de paz social, que nos es otra cosa que, cubrir la deuda social de más de cincuenta años, que nos ha sumido en el atraso, la exclusión, y la victimización social.

Los ciudadanos desarmados –valor intrínseco de los hombres- no estamos sentados en la Habana, en la isla se encuentra alrededor de la mesa, los generales la guerra, -güerilla y administración- hablan sobre su acuerdo.

Los ciudadanos seguimos al margen, tanto de las negociaciones como del presupuesto en inversión social, las desigualdades e inequidades nos afectan de diferente forma, a partir de nuestras condiciones particulares, el segmento de mayor impacto es el de las personas jóvenes, la desigualdad es un factor central en el tipo de capital social, especialmente el juvenil. La desigualdad, desencadena una serie de situaciones que incrementan a la N potencia la vulnerabilidad de las personas, como aquellas situaciones que enfrentan resultado de los efectos directos y colaterales de la violencia, la pérdida de confianza frente a los otros, la falta de mecanismos eficaces para la participación social, política y económica.

Estos factores han contribuido en la generación de un entorno en el que la sobrevivencia se hace cotidiana, desencadenando situaciones de conflicto y de legitimación social de actividades ilegales con el interés de garantizar el ingreso económico individual, familiar y en muchos casos comunitario.

Hoy, -dejadas o entregadas las armas-, silenciado el tronar de los fusiles, nos queda el camino de la profundización de la democracia, de trasformación de la misma, y la democracia directa como esperanza de futuro, vamos a promover el capital social y la recuperación de la confianza de la ciudadanía colombiana como factores para la minimización de las condiciones de vulnerabilidad, a impulsar la generación y ampliación de capacidades y competencias de los adolescentes y jóvenes a través de la formación y la elevación de las capacidades competitivas, todos a brindar oportunidades de Desarrollo Humano y productivo a los jóvenes rurales que permitan el relevo generacional de esta población en el campo a través de alternativas para potencializar todas sus capacidades.

La paz social, como un medio para la satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte digna, el amar y ser amado, el florecimiento saludable de todos, en armonía con la naturaleza, para la propagación de las culturas humanas, y de la biodiversidad y principalmente para el empoderamiento del gasto social como generador de inclusión, política, económica, y cultural.

En este marco, y delimitado el concepto, podemos decir que como política pública y coyunturalmente hay que plantear: la nación del post-conflicto; la que presente posibilidades de crecimiento social y humano para la juventud y la ciudadanía colombiana.

Es en este punto, donde el deporte entra a ser un factor de confluencia para la consolidación ciudadana la profundización de los valores nacionales, y la creación de un imaginario colectivo de unidad, que permita desarrollar, e incidir la inclusión social de grandes mayorías juveniles.
El deporte de alto nivel como política pública, cohesionadora de la juventud, de la sociedad, como un instrumento que se ofrece como posibilidad de ser una ventana al mundo, y como posibilidad de ocupación del tiempo libre, y salud.

Es una forma real, seria, efectiva de presentar un país de post conflicto, con posibilidades de entrar a participar de los avances culturales, políticos, del mundo, y con una juventud que le ofrezca al país la esperanza de inclusión en el mundo global.

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