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Decir Marquetalia es decir resistencia

Análisis
Colombia Soberana
María Méndez


La historia colombiana es una colcha de retazos incompletos, incomprendidos, agujeros perdidos, relleno de mentiras. Afortunadamente vamos entendiendo que esas partes escondidas, olvidadas, poco valoradas, intentadas borrar de raíz se pueden reconstruir y rescatar a través de los que hemos llamado memoria, que es dejar de oír la voz de las víctimas como una queja, para entender que son los renglones perdidos de la historia no escrita.

1950. La violencia política de los años cincuentaFoto - Banco Fotográfico Colombiano.
Entre esa maraña amorfa, aunque la quieran pisotear y enterrar, sale una palabra como una pequeña y tímida flor en medio de la mala hierba: Marquetalia. La violencia bipartidista había cubierto de muertos el fértil campo colombiano, los terratenientes comenzaban a acumular sus tierras cubiertas de sangre, los campesinos sobrevivientes tenían dos opciones: llegar a la ciudad, si lo lograban, y comenzar a formar los grandes cinturones de miseria; o "enmontarse". 

"Enmontarse" primero era correr a colonizar nuevas tierras e intentar comenzar de nuevo, orando para que el apetito terrateniente no los alcanzara. Luego "enmontarse"  ya no era huir, era enfrentarse, defenderse, puesto que si se siembra muertos se recoge muertos, si se abona con sangre se cosecha guerra, la Madre Monte tuvo sus hijos tan rebeldes como ella: parió las guerrillas. 

Los años cincuenta vieron nacer y fortalecerse a las guerrillas liberales. Estás guerrillas tuvieron espacio con sus acciones reivindicativas y vengadoras. Por su parte, los comunistas comenzaban a ganarse el afecto del campesino,  por sus obras educadoras, su concepción de justicia, paz y libertad, su férrea organización, y el temple de hierro de sus dirigentes :las llamas de rebeldía se encendieron y no han muerto.

1951. Guerrillero liberal, al que se llamó
 “el Cristo Campesino”,
 torturado y fusilado por el ejército.

Foto - Banco Fotográfico Colombiano.
La arremetida del estado colombiano no se hizo esperar, estudiando y "modernizando" sus tácticas de terror. El pueblo comenzó a responder a la sangrienta guerra que el estado había comenzado, y hoy, después de tantos años no ha cesado.

Vino pacificación. Muchas guerrillas se desmovilizaron, creyeron en las promesas del gobierno. Los combatientes volvían a sus tierras para ser de nuevo amenazados y asesinados. Sus dirigentes con el tiempo vivieron la misma suerte.


La desigualdad crecía, la guerra contra el pueblo se aumentaba, la sangre seguía empapando a Colombia. ¿Qué esperaban que pasará? Los campesinos siguieron organizándose, el gobierno atacándolos. Y es allí, en Tolima, donde se abre por primera vez esa pequeña flor: Marquetalia. 

Comenzó como una pequeña brisa en un día caluroso, quizás insignificante y con un solo objetivo:vivir. Solo querían vivir, era el lugar donde llegaban a ser campesinos, a trabajar  en paz. 

"¡¡¡Repúblicas Independientes!!!" ese era el grito de guerra. Metralla, Napalm, horror llovía del cielo, brotaba de la tierra, de cada rincón.  Allí no solo estaban los campesinos armados, también había niños, mujeres, hombres y ancianos indefensos. Eso no importó al régimen y a los gringos, desde entonces esa flor que no lograron destruir se convirtió, no solo en rebeldía, también es resistencia.

Después de cincuenta años de lucha, resistencia y guerra, no tiene sentido esconder a Marquetalia y su significado. Porque estemos de acuerdo o no con la lucha armada y a pesar de tantas verdades y "verdades", de errores y mentiras, ni siquiera el ciudadano más desprevenido de Colombia puede pasar de largo al escuchar ese nombre.


Es Marquetalia la viva imagen de la represión en Colombia y representa uno de los mayores errores militares y políticos del estado Colombiano que convirtió a 48 hombres   que se armaron para proteger a un pueblo de la violencia estatal, en una de las guerrillas más antigua, organizada y con una capacidad de adaptación increíble. 

Marquetalia fue el inicio de un camino espinoso y difícil, lleno de altibajos, de dolor, negociaciones, víctimas de una guerra y esperanza. Si esperanza, porque aun después de 50 años de expresión armada de un conflicto social, político y cultural, los colombianos deseamos encontrar ese lugar para vivir con dignidad y en paz, tener justicia y construir país, ese sueño que se cristalizó para esos desplazados de los cincuenta en Marquetalia y hoy perseguimos en los diálogos de la Habana, en la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular y en todas las expresiones de organización, unión y lucha del pueblo colombiano. 





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