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El modelo de desarrollo, en los últimos 40 años, ha perjudicado al campo en Colombia

Análisis

La segunda sesión de la Cátedra Manuel Ancízar, que este semestre gira entorno a la problemática agraria en Colombia, tuvo como tema central el modelo de desarrollo en los últimos 40 años.

En esta sesión de la Cátedra de Sede Manuel Ancízar, los panelistas que participaron fueron: el emérito profesor de Economía de la Universidad de Toronto y candidato a Premio Nobel en 2004, Albert Berry; el director del Centro de Estudios Económicos de la Escuela Colombiana de Ingeniería, Eduardo Sarmiento; Daniel Libreros, docente de la Universidad Nacional; y Jenli Méndez, representante de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (ANZORC).

La tecnología es la principal fuente de desarrollo 

En su exposición, el profesor internacional invitado, Albert Berry, hizo un análisis comparativo de los sistemas agropecuarios alrededor del mundo. Los diferenció en tres grandes categorías: 

Sistema Unimodal: las diferencias de las variables (tamaño, tecnología y razón trabajo-tierra), entre las unidades de producción agrícola son relativamente pequeñas. (Canadá, Costa Rica, Japón y los países escandinavos, entre otros).

Sistema Bimodal: se presentan extremos en las unidades en ingreso, tamaño y tecnología. Gran parte de la fuerza de trabajo no posee tierra y pocas unidades dominan el sector (la mayoría de los países de América Latina, incluido Colombia).

Sistema de Débil Desarrollo Tecnológico (o Sistema Fracasado): carece de centros de tecnología agropecuaria y no tiene producción suficiente para alimentar a su población (gran parte de los países de África Subsahariana).

“En cualquiera de los sistemas, el paquete de políticas que se deben implementar para lograr un desarrollo del sector deben tener a la inversión en tecnología como la prioridad, pues el cambio tecnológico es la fuente del crecimiento agropecuario” enfatizó Berry, quien destacó que además se deben hacer esfuerzos en materia de infraestructura, educación rural, asociatividad para la generación de economías de escala, sistemas de crédito, protección al comercio internacional; y en reconocer el importante papel que juegan los gobiernos locales en el éxito agrario de un país.

Para el caso colombiano, el profesor canadiense anotó que “la receta para el desarrollo del campo ya está inventada hace 200 años y se llama: inversión tecnológica agropecuaria”, a su vez subrayó que “está comprobado que la agricultura en unidades grandes de producción genera mucho menos empleo por hectárea que las unidades pequeñas o familiares”.

El modelo que se ha implementado tiene graves errores de diagnóstico

Por su parte, el profesor y columnista Eduardo Sarmiento, calificó la orientación económica colombiana de las últimas décadas como “un evidente fracaso”, señalando que “hace 40 años la participación de la agricultura en el PIB era del 30%, hace 20 era del 20% y en la actualidad apenas alcanza el 7%”. Lo que contrasta con las importaciones de alimentos que pasaron de 250 millones a 1.500 millones de dólares en siete años.

Sarmiento hizo énfasis en que el modelo implementado en Colombia tiene tres graves errores de diagnóstico en cuanto al tema agrario: el primero fue considerar que el sector funciona bajo las mismas reglas del libre mercado como los otros productos; segundo, creer que teníamos condiciones favorables para entrar exitosamente en el mercado mundial; y tercero, confiar en que con ese modelo podríamos conseguir el avance tecnológico necesario para la inserción global.

También indicó que en el agro, a diferencia de otros sectores, “un aumento en la producción hace que los precios disminuyan dramáticamente, llevando a la quiebra a los agricultores”, por lo tanto, con el actual modelo, aumentar la productividad en el campo iría en contravía de los intereses de los campesinos.

El académico se refirió al modelo brasilero de los últimos años como un referente que podría ser tenido en cuenta para el caso colombiano, ya que, según Sarmiento, “logró mantener la participación del agro en el PIB, creando economías de escala en sus zonas rurales desde las pequeñas unidades de producción, con apoyos a la asociatividad y a la inversión tecnológica”.

La agricultura en el sistema financiero internacional

“Desde el comienzo de la ‘financiarización’ de la economía en los años 70, se evidencia que en el país hay una relación directa entre la caída del agro en el PIB, la extracción de rentas y la concentración de la riqueza”, subrayó el profesor de Ciencias Políticas de la UN, Daniel Libreros, al iniciar su presentación en la Cátedra.

Según el docente, la hegemonía financiera y la estructura ‘hacendataria’ en Colombia han profundizado el problema de las desigualdades, pues “tan sólo el 1% de la población controla el 63% de la tierra cultivable”, y añadió que a escala global se presenta el mismo fenómeno citando un estudio de la Oxford Committee for Famine Relief (OXFAM), que advierte que “el 1% de la población tiene el 46% de la riqueza y sólo 8 empresas manejan alrededor del 80% de la comercialización mundial de alimentos”.

Libreros señaló que en el modelo actual “el precio de los bienes agrícolas no depende de las reglas tradicionales del mercado (oferta y demanda), sino que es determinado mediante la especulación en las bolsas más grandes del mundo”.

Mostró su preocupación con respecto a que la Balanza de Pagos del país siga igual que en 1990, pero con el agravante de que se ha mantenido estable por los altos precios de las materias primas (commodities), los cuales han comenzado a caer ello “propiciará un duro golpe a la economía nacional”. Agregó que la caída de los commodities será “comparable a lo sucedido en las bolsas internacionales con las .com en 2001 y las hipotecas inmobiliarias en 2008”.

Por último, resaltó la importancia que tiene para el sistema financiero controlar el territorio, ya que invierte en toda la cadena de producción y comercialización; y es allí donde se originan tensiones con la población del campo.

Las zonas de reserva campesina como una alternativa de desarrollo

Al cierre del panel, la representante de la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (ANZORC), Jenli Méndez, habló sobre las oportunidades que estas áreas pueden brindar para generar un “desarrollo sostenible alternativo, en oposición al modelo ‘extractivista’ de concentración de la tierra que ha imperado en el país”, enfatizó.

Al desmentir algunos de los señalamientos que se han tejido alrededor de las ZRC, como que “serían zonas de despeje de la guerrilla, ‘republiquetas’ independientes al Estado, que pedirían nuevas tierras o que llegarían a ser instrumentalizados por el gran capital para propósitos diferentes a los de su creación”, Méndez indicó que las ZRC “realmente buscan es reconocimiento institucional, protección, mejores formas de distribución de la tierra y un ordenamiento territorial que les permita a los campesinos lograr una producción agroecológica que sirva para el desarrollo rural”. 

Finalizando su exposición, la invitada resaltó el compromiso de la Universidad Nacional que ha vinculado al movimiento social agrario a la discusión académica sobre el futuro del agro, buscando alternativas que permitan encontrar una solución a la grave crisis que vive el campo en Colombia.    

La Cátedra de Sede Manuel Ancízar ‘Debates sobre la problemática agraria’, organizada por la facultades de Ciencias Agrarias, Ciencias Económicas, Derecho y Ciencias Políticas, Medicina Veterinaria y Zootecnia, y Ciencias Humanas; se realiza los sábados en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional, hasta el 14 de junio de 2014.

*Para ver la videocolumna del profesor Albert Berry, visita www.cid.unal.edu.co o sigue el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=EykT5vovg_E 

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