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Una mentira que solo ellos creen

Análisis
Por: Vladimir Ramírez - Militante Célula Fermín Cortés - PCCC.


El gobierno de Juan Manuel Santos habla de paz mientras hace la guerra, llega a compromisos con campesinos, trabajadores o indígenas y los incumple, pregona la soberanía nacional cuando es conocedor y cómplice de la completa sujeción del Estado colombiano ante el imperio gringo, asegura aquí y allá que en Colombia hay democracia y no hay razones para la lucha armada revolucionaria, mientras todo el país es testigo de la persecución y el asesinato de los dirigentes populares de movimientos sociales que promueven legalmente un cambio de poder. Todas estas aparentes contradicciones pueden tener una explicación sencilla.

El carácter mentiroso y cínico de los sectores dominantes colombianos ha sido un elemento distintivo que ha marcado la forma de hacer política en el país así como en la construcción de la República. Desde la misma gesta independentista, el complot cizañoso montado contra el Libertador Simón Bolívar para asesinarlo, y quitar del medio a quien les impedía mantener los privilegios a unos cuantos señoritos, mostraba ya el tipo de gobernantes que sucederían en el poder a los españoles.

Del mismo modo actuaron los dirigentes liberales y conservadores herederos del santanderismo que fraguaron el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948, hecho que produjo el enardecimiento fanático de la violencia partidista que desde hacía varios años ya campeaba por toda Colombia y que les sirvió como mecanismo para despojar a miles de campesinos de sus tierras. Así también cuando traicionaron a los guerrilleros liberales asesinados en los años 50, engañados por las promesas de amnistía ofrecidas por Rojas Pinilla, o el genocidio de la Unión Patriótica, o el intento de acabar con el secretariado de las FARC-EP en casa verde...

Estos y otros muchos hechos históricos que han quedado en la total impunidad, pero que hábilmente han sido achacados a supuestas “fuerzas oscuras”, demuestran que los sectores dominantes en Colombia además de usar la violencia como mecanismo para mantenerse en el poder, la combinan con la mentira y el engaño para construir una falsa legitimidad que les permita hacer más decentes sus gobiernos: una mentira que solo ellos se creen.

Lo demuestran la abstención endémica del pueblo colombiano ante un régimen politiquero y corrupto al cual hace rato que no le creen, por ello las jornadas electoreras no alcanzan siquiera el 50% de participación. Lo demuestran el odio e irrespeto a la policía y las fuerzas militares por donde quiera que pasen como respuesta a unas instituciones dedicadas a reprimir brutal e irracionalmente al pueblo empobrecido. Lo demuestra el creciente aumento de la indignación y movilización social que no se cansa de colmar las calles y carreteras del país para gritarle al gobierno y al mundo que el pueblo colombiano se cansó de un modelo excluyente y asesino. Y ya hasta lo demuestran los medios masivos de comunicación imperiales como el Washington Post, que sin ninguna vergüenza devela ante el mundo que la comandancia de las fuerzas militares colombianas no está en la Casa de Nariño sino en la Casa Blanca.

Poco a poco se empiezan a derrumbar los cimientos del régimen, pero aún queda mucho por hacer para alcanzar el sueño de una patria libre, soberana y socialista. Las inmensas masas espontáneas que están saliendo a mostrar su indignación exigen organización y dirección consciente para canalizar toda su potencia y energía transformadora; organización y dirección que debe construirse de manera unitaria, democrática y participativa, sin caer en los errores sectarios del pasado ni en los nebulosos e inmovilizantes relativismos del presente. Los militantes del Partido Comunista Colombiano Clandestino –PCCC– ponemos a disposición de esta tarea toda nuestra capacidad y compromiso con el mayor espíritu unitario, para que este 2014 avancemos en la construcción de un frente amplio como herramienta política que aglutine a todas las fuerzas democráticas y revolucionarias del país, y las oriente en la vía de conquistar un nuevo gobierno patriótico como paso transicional en la conquista del poder para el pueblo.

A la par que avanzamos en este proceso de construcción de un frente amplio, es necesario que las fuerzas vivas del pueblo que pugnamos por un cambio de régimen mantengamos activa la dinámica de movilización y construcción de escenarios de nuevo poder, como garantías políticas para cambiar la correlación de fuerzas en favor de nuestros objetivos patrióticos y emancipatorios, pues es claro que las tradicionales formas de participación política enmarcadas en la normatividad burguesa permiten un margen de maniobra muy estrecho para los fines que se buscan; lo que es apenas lógico, ya que las clases dominantes jamás formularán una legislación para que los sectores populares les arrebaten el poder legalmente. En ese sentido, las asambleas populares, las marchas y paros cívicos siguen a la orden del día, vigentes como el sueño de un país justo, sin explotadores ni explotados.

Las condiciones objetivas están dadas, las subjetivas comienzan a darse. El contexto internacional es favorable: Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua nos dan ejemplo y demarcan el camino. Por la Nueva Colombia, la Patria Grande y el Socialismo: ¡Vamos Adelante!

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