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“Las FARC y la paz van a marcar las elecciones a favor o en contra del proceso” entrevista a Victoria Sandino

Entrevistas 
Por El Mercurio



 Victoria Sandino Palmeras, delegada de paz de las FARC

Cuando terminaba sus estudios de Comunicación Social en Bogotá en la década del 90, Judith Simanca Herrera, hoy Victoria Sandino Palmeras, originaria del norteño departamento de Córdoba, decidió dejar “todo tirado” e internarse en la selva colombiana. Se unió a las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)  hasta que llegó a ser comandante del Bloque 21 que opera en el sur del país. En el tiempo que  estuvo en San Vicente del Caguán —durante la infructuosa experiencia de negociaciones de paz durante el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002)— fue parte de la guardia de seguridad de los fallecidos comandantes Alfonso Cano y Raúl Reyes. Hoy a sus 48 años, es una de las 13 mujeres del equipo negociador en La Habana que desde setiembre del 2012 conversa con el gobierno de Juan Manuel Santos para buscar la paz. Jenny Manrique, colaboradora de Noticias Aliadas, conversó con Sandino en La Habana sobre la realidad dentro de las FARC y el futuro de las negociaciones de paz.

¿Cuántos años lleva en las FARC y por qué se unió a esa guerrilla?

Llevo 21 años en la organización. Comencé mi vida política casi desde los 12 años en la Juventud Comunista y en los 90, cuando sucedió el genocidio de la Unión Patriótica (UP), habían perecido compañeros y la persecución a los dirigentes populares era cada vez más intensa. Uno empieza a cuestionarse: aquí nos jugamos la vida, el gobierno no va a construir los cambios democráticos que requiere el país, cada vez hay menos posibilidades de participar en política. No puede ser que engrosemos esa lista de muertos, vamos a engrosar otra lista que son las filas de las FARC.

¿Cuál es su lectura del proceso aquí en La Habana, con unas elecciones en ciernes?

El gobierno [del presidente Santos] anhela la rendición de las FARC, que renunciemos a nuestra lucha de más de 50 años, pero a lo largo de las negociaciones se bajaron de esa nube, saben que no es posible.  Cuando proponíamos una tregua en el periodo electoral [de cara a las elecciones presidenciales del 25 de mayo] era para que eso no incidiera en el desarrollo de la mesa [de diálogo] pero el gobierno no aceptó, así que las FARC y la paz van a marcar las elecciones a favor o en contra del proceso. Es importante que se pueda imponer la voluntad de las mayorías frente a una salida política al conflicto.

Actualmente negocian sobre cultivos ilícitos. ¿Qué grado de responsabilidad están dispuestos a reconocer en el narcotráfico?

Entendemos el narco como un fenómeno social que ha permeado todas las estructuras. Los campesinos se han visto abocados a cultivar coca, amapola y marihuana en áreas donde por supuesto hay guerrilla porque estamos a nivel nacional, pero no somos la policía ni podríamos reprimirlos porque es la única alternativa que tienen. Los laboratorios no se encuentran en zonas nuestras sino de control del mismo Ejército. Discutimos crear alternativas que saquen a los campesinos de ese cultivo y que se dé tratamiento adecuado a los consumidores, que son el eslabón más débil. Pedimos  una comisión de la verdad histórica para que defina qué papel han jugado todos, incluso los más poderosos en el lavado de activos. Si en eso cae alguno nuestro que ha estado vinculado —es posible—, la organización tendrá respuesta a eso.


¿Qué temas de género se han llevado a la mesa?

Una primera cuestión es que se reconozca que las guerrilleras somos sujetos políticos que estamos aquí por méritos, porque la organización lo determinó, no porque seamos las primeras damas de X o Y camarada. El tema de género en la mesa es transversal. En el tema agrario se ha propuesto que tengan prelación las mujeres cabeza de familia para la tenencia de la tierra, los préstamos, la educación en el campo. De las 100 propuestas que presentamos sobre participación política, cerca de 37 están relacionadas con la equidad de género. Y así en cada punto.

Dentro de las filas guerrilleras, ¿hay esa equidad de género?

Es un estereotipo que las mujeres no tienen derechos dentro de las FARC y se pretende cuestionar a la organización como si la sociedad colombiana, machista y capitalista, fuera distinta. No nos cabe en la cabeza que a una guerrillera la maltraten y que no pase nada, porque hay unas normas y principios que no posibilitan eso. Eso que se ve en la cotidianidad de las comunidades campesinas, indígenas y afro, que el marido viene y golpea a la compañera o a sus hijos, no se da en la organización, porque tenemos igualdad de derechos. Por supuesto que hay expresiones machistas porque somos fruto de esta sociedad, pero aquí en el equipo negociador somos 30 y en total 13 mujeres. A ver si en las fuerzas militares la proporción es igual.

Varios informes de Naciones Unidas y testimonios de ex guerrilleras hablan no obstante del abuso a mujeres por parte de comandantes.

La guerrillera tiene manera de defenderse, tiene un arma que es su propia vida e integridad, no es posible que alguien te venga a agredir así; además hay una serie de normas que se aplican para todo el mundo. Es posible que se hayan presentado cosas hacia la población porque en todos los grupos sociales y humanos hay ese tipo de fenómenos; no somos perfectos.

¿Es el aborto una política obligada dentro de las filas?

Victoria Sandino Palmeras
Foto: Jenny Manrique)


Sobre temas como la maternidad no siempre se tomaron todas las medidas. En un periodo de la tregua del año 84 al 90, los campamentos guerrilleros parecían jardines infantiles porque había calma y las parejas tenían sus familias. Muchas compañeras tienen hijos de 20 años de ese periodo. Hoy el nivel de confrontación no nos da esa posibilidad. Yo decidí no tener hijos antes de haber ingresado, no porque me lo hayan impedido. En esta lucha vi morir a muchos compañeros con sus criaturas en los brazos como pasó con lo de la UP, a las guerrilleras que capturan las matan cuando van a tener sus criaturas, deben ser madres en las cárceles. Por eso es obligatorio planificar, al estar embarazada el riesgo es mayor en el combate. A veces una pareja plantea si puede tener una criatura, los superiores estudian si dan el permiso. Casi todos los guerrilleros tienen hijos e hijas con guerrilleras y con población porque es una condición de la naturaleza humana, no es que las FARC dicen: si usted es guerrillera no es madre, fue la guerra la que nos impuso esas condiciones.

¿Dónde se crían esos niños?

Es muy peligroso tener un bebito por los bombardeos y ametrallamientos. Si no hay manera de interrumpir el embarazo —para nosotros [el aborto] es un derecho—, porque no se puede hacer entrar un médico o no hay condiciones de seguridad, debe tenerlo y salir cuando tenga de cuatro a seis meses. Si está de buenas tiene su criatura un tiempo con ella, la entrega al familiar al que tenga disponible para hacerlo y se vuelve a reintegrar. Muchas veces no se puede volver a tener contacto con la familia porque hay una persecución. A los niños cuando están grandecitos les empiezan a decir que su mamá es guerrillera, es una matona, y les ofrecen plata para que entreguen a sus padres.

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