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Los eufemismos y las realidades del conflicto armado colombiano

Análisis
Por Colombia Soberana
Para La Alianza de Medios y Periodistas por la Paz con Justicia Social



Estamos en una guerra y esto nadie lo puede negar, a no ser que sea demente o se llame Uribe (que en fin es lo mismo). Toda guerra trae consecuencias para todos, seamos o no combatientes, la diferencia entre uno u otro simplemente es de eufemismos.

Me explico. Según la cultura mediática impuesta por las grandes empresas de "comunicación  e información" y dictada por la Industria Cultural manejada por el imperio, los colombianos muertos por la guerra se dividen en dos grupos: un pobre soldado con madre, padre, hijos, hermanos que fue vilmente asesinado mientras sostenía un combate con los grupos ilegales y un terrorista, NN, dado de baja por bombarderos del ejército. 

Este es un punto que creo no se ha dado al debate en cuanto a la guerra interna y que se debe discutir, pues para poder implantar el Derecho Internacional Humanitario, tenemos que ver el conflicto que vivimos más allá de las irresponsables pantallas y periódicos que  están claramente alimentando más el fuego.

La guerra en Colombia tiene un elemento que muy pocos conflictos lo poseen y que la vuelve más difícil de resolver: es una guerra entre hermanos, entre habitantes de un solo país, con cultura, identidad y religión similares. Sus inicios, un poco difusos para algunos, parten de la desigualdad social, la tenencia de tierras, el acceso a los Derechos Humanos y la falta de oportunidades, entre otras cosas, en fin, es una guerra entre clases sociales: por un lado los que ostentan el poder y por el otro los desposeidos. Pero en el campo de batalla esta guerra tiene una contradicción grande: los que mueren pertenecen a una sola clase, los que no tienen nada.

Otro tema fundamental es la forma de morirse, el método, la acción militar. Este puede ser por tierra o aire, en combate o en bombardeo. En el primer caso son dolorosos resultados de la guerra, en el otro caso es una cobardía, un crimen de guerra. Bombardear un campamento es, a toda vista, estar sobre seguro, es una masacre. 

Los colombianos tenemos que desechar de una vez por todas estos estratos. Todos los muertos de la guerra, armados o no, de un lado o de otro, merecen respeto y el mismo trato. Todos son colombianos.

A continuación un comunicado datado del 2 de febrero del presente año, escrito por el Bloque Iván Ríos de las FARC-EP, que habla de este tema:



Honores por siempre a los mártires del Alto Sinú


En la madrugada del 31 de enero en el cañón del río Esmeralda, Alto Sinú, municipio de Tierralta, Córdoba, fueron masacrados 6 combatientes guerrilleros mientras dormían, sin presentarse combate, por la acción a sobre seguro de la aviación gubernamental. Entre los 6 guerrilleros asesinados se encuentra el cuerpo del indoblegable comandante de Urabá Jacobo Arango, jefe del Quinto Frente, integrante de la dirección del Bloque Iván Ríos y del Estado Mayor Central de Las FARC-EP.

El alto gobierno, sus mandos militares y los manipuladores de opinión del conglomerado mediático, festejaron con regocijo y morbosidad sobre la sangre de las víctimas y acrecentaron amenazas de aniquilamiento a la resistencia armada, cuando hacía muy pocas horas aullaban condenando las bajas en combate (combates terrestres y en igualdad de condiciones) de otros colombianos integrantes de las fuerzas armadas gubernamentales, después de reiniciarse las hostilidades que las FARC-EP habíamos suspendido por sesenta días, como compromiso en la búsqueda de un medio ambiente propicio para la paz.

Nuestros muertos los homenajeamos, los lloramos, acompañados de la solidaridad de esa inmensa masa de colombianos que nos acompañan en este empeño por la paz con justicia social, Conocemos de la infamia y soberbia que caracteriza a la oligarquía colombiana y a todo su aparato de terror, por tanto, sabemos que donde bajemos la guardia no tendrán clemencia, pero eso no nos arredra, claramente conocemos nuestra responsabilidad moral con las esperanzas liberadoras de los oprimidos. Y abrazados a ese imperativo cayó asesinado el comandante Jacobo Arango y sus cinco camaradas.

Las comunidades empobrecidas y desplazadas de Urabá, del sur de Córdoba, del Bajo Cauca y Chocó expresan su congoja ante la muerte del indómito comandante de Urabá, al que siempre vieron protegiéndoles del terror militar y paramilitar que establecido en la región. La memoria de Urabá lo elevó a su mayor reconocimiento por su ardentía enfrentando las hordas asesinas de Rito Alejo del Río, Castaños y demás criminales al servicio de terratenientes y multinacionales del banano, porque su vivencia fue generosa con las esperanzas de todos los pobres que padecen el terror paraestatal y el despojo de la tierra en la región.

Las guerrilleras y guerrilleros del Bloque Iván Ríos, mantenemos elevado nuestro compromiso de lucha, y la moral más en alto, como homenaje perenne a la memoria de nuestro comandante asesinado.

Honores por siempre al comandante Jacobo Arango y a los mártires del Alto Sinú.

Bloque Iván Ríos FARC-EP
Febrero 2 de 2013




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