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Los medios masivos de comunicación en el conflicto armado colombiano


Opinión
Colombia Soberana 

Estuve viendo el comienzo de un debate  sobre el papel de los medios en el conflicto armado colombiano. No lo terminé de ver, pues me molestaba sumamente el tono y las barbaridades que decía Alejandro Santos intentando mostrar una supuesta posición de centro y bien argumentada. El centro parecía “Puro Centro Democrático” (Cuidado don Alejandro y sigue los pasos de Pachito en su “amor” al paramilitarismo y a Uribe) y lo de la argumentación era nada más el discurso antiguo y trasnochado de la clase política a la que pertenece.

También me daba la impresión de querer mostrar más conocimiento y una superioridad ante Hollman Morris ¿Dónde estaba señor Alejandro cuando este periodista se jugaba la vida por ir hasta los más peligrosos lugares para mostrar la verdad? ¿Desde donde mandaba a sus “comunicadores” a escribir idioteces de Colombia y los “artículos” de Operaciones de Información? ¿En su lujoso hogar? ¿Un restaurante fino? ¿Su cómoda oficina? ¿Conoce usted algún sitio de Colombia que no sea turístico? ¿Ha viajado a dedo y cruzado selvas? Mis reproches al autodenominado periodista, porque simplemente tienen unos cartones, no coparan este escrito que tiene que ver con el papel de los medios en el conflicto.

En primer lugar tenemos que ver de quién son los medios de comunicación mundialmente y los que pautan en ellos, o sea, conocer a quiénes les conviene mantener las cosas como están, y segundo mirar la historia de Colombia. Ya sabemos la respuesta a la primera cuestión, así que pasaré a contar a vuelo de pájaro el segundo punto.

No habiendo logrado la independencia total del imperio español los criollos ya se encontraban divididos en dos: los centralistas que querían un centro de poder para manejar la Gran Colombia, o sea, un modelo un poco similar al que tenemos actualmente, solo que en un país más grande, autónomo, soberano y quizás con la capacidad económica, social y política para competir en el proceso globalizador actual.

Por el otro lado estaban los federalistas, o debiera decir los  divisionistas, que apostaban al desmembramiento del país y tenían listas las rodilleras para usarlas con los británicos y los gringos, aunque los últimos todavía no fueran imperio.

No hace falta decir quién ganó la batalla. Después del triunfo sobre España, las caretas cayeron, como uno a uno caían los cuerpos asesinados de los centralistas, en una campaña que a sangre y fuego dio la bienvenida a la división, la injusticia y los primeros “inversionistas extranjeros”, arrancando la vida y las esperanzas de los pobres y de nuestro Libertador.

Nos atropelló el S XX con su industria y la naciente tecnología, nosotros lo recibíamos con guerra y muerte. Así transcurrió con hechos tan alarmantes y escalofriantes como el ocurrido el seis de diciembre de 1928. Veríamos y seguiremos viendo desde entonces, a cuánto estaría dispuesto a ceder el gobierno colombiano ante las empresas extranjeras y Estados Unidos. Ese día recordamos la Masacre de las Bananeras, la masacre a nuestra dignidad, a nuestra soberanía a nuestra libertad.

Los ríos de sangre y desplazados por la policía, el ejército y los chulavitas. Las consignas y peticiones campesinas quedarían plasmadas en el Programa Agrario en 1964. La respuesta de gobierno fue el ataque a Marquetalia, Guayabero, Riochiquito y El pato, las cuales eran provincias habitadas por campesinos que huían de la violencia y eran defendidos por 46 hombres y dos mujeres.

Estos departamentos ya eran satanizados desde el Congreso que los denominaron “Repúblicas Independientes”  y se produce el ataque. 48 campesinos armados con fusiles y escopetas viejas contra 16000 militares y toda la tecnología de Estados Unidos.

Desolación y muerte, desplazamiento forzado, triunfo más agrio que dulce: nacen las FARC-EP, que hoy cuenta con más o menos   con 20000 hombres en la selva, aunque en el 2008 datos gubernamentales hablaban de 17000. Esto sin contar los milicianos y los jóvenes pertenecientes a sus órganos políticos que son El Partido Comunista Colombiano Clandestino (PCCC), El Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia (MB) y El Movimiento Juvenil Bolivariano por la Nueva Colombia (MJB) también muy numerosos.

Todo este arreciamiento del conflicto y el constante ingreso de los jóvenes a este grupo revolucionario, se da por varios factores, entre ellos se pueden enumerar la desigualdad, el inconformismo, la represión, la violencia, la falta de soberanía y la corrupción.

El presente no es el primer proceso de paz, desde Marquetalia hasta Juan Manuel Santos, el grupo insurgente a buscado la solución pacífica del conflicto, y varios grupos guerrilleros se han desmovilizado, o al menos lo intentarían, el resultado casi todos sus integrantes muertos, obligados al asilo o a volver a las filas de la insurgencia en otros grupos guerrilleros.

Esto no pasaría solo en el plano militar. Los partidos políticos, movimientos sociales, cooperativas y demás formas de lucha comunitaria se ven perseguidos, reprimidos y exterminados, algunos líderes sobreviven en el exterior o se han acoplado al sistema dejándose comprar.

Nada ha cambiado desde 1819 hasta hoy y ¿qué ha hecho la prensa? En los primeros años de su ejercicio callar….ahora también.

El conflicto interno ha sido más cubierto y expuesto en el exterior. Al principio solo se conocía el conflicto por el apodo dado a Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo, para compararlo con un bandido y por la alusión de Álvaro Gómez Hurtado de las Repúblicas independientes.

Las frecuentes muertes de Marulanda ocupaban más lugar en los medios que sus posteriores “resurrecciones” y las constantes masacres que hacían las fuerzas militares y paramilitares, cuyo resultado era el desplazamiento de los campesinos a la inhóspita ciudad y  el apoderamiento por parte de las elites ricas y sus testaferros de las tierras desoladas.

En los 80’ y 90’ ocupaba más espacio las noticias sobre los carteles del narcotráfico y los partidos de futbol, que las constantes masacres y el exterminio de la UP.

A finales de los 90’ las fortalecidas FARC-EP comenzaron a ocupar un lugar en los medios. Las imágenes de las operaciones guerrilleras contra cuarteles de la policía y el ejército se transmitían sin contar con analistas serios e imparciales. Al contrario, el amarillismo imperó y comienzan los mass media colombianos a ser parte del conflicto cuando se prestan para transmitir unas informaciones tácticas del ejército con el fin de minar la calidad de la información de las FARC, recoger información y atemorizar el público, o sea que los medios colombianos, al ser voceros del ejército, se convierten en parte de la guerra, pues son los encargados de las Operaciones de Información, que es una táctica militar.

Se llega al proceso de paz con Andrés Pastrana. El cubrimiento del Caguán se hizo de forma farandulera. Los medios estaban más interesados en mostrar la vida personal e intima de los comandantes guerrilleros que informar sobre la paz en sí.

Todo esto fue y es muy nocivo. Los medios de comunicación tenemos varias responsabilidades que no se pueden pasar por alto ni verlas, como está pasando, de una manera despreocupada e irresponsable. Una de estas responsabilidades es guiar la opinión pública.

Si bien está es el concepto que tiene un grupo de personas sobre su realidad basado en la cultura, el ambiente y sus vivencias, la opinión pública se alimenta de información que es obtenida mayormente de los medios masivos de comunicación, que como sabemos están al servicio de las grandes empresas, las multinacionales, las fuerzas militares, y el gobierno, o sea son parte activa en el conflicto colombiano lo que desvirtúa su objetividad.

En este punto debemos analizar si es responsable y respetuoso el cubrimiento de los medios en el conflicto, y el análisis se tiene que hacer desde lo más pequeño, el lenguaje y la iconografía, pasando por la agenda y los niveles de importancia de las noticias, hasta terminar en lo extremadamente preocupante que es la capacidad de deformar la realidad.

Y es que el conflicto pasa a ser más que los “malos”, en este caso las FARC-EP, sostiene una guerra “sin motivo alguno” contra los “buenos” que es el ejército.  Esta es una visión sesgada y mentirosa. Además el conflicto también es  que los niños se mueren de hambre, las miles de personas que no tienen trabajo digno, las miles de hectáreas selváticas o hábiles para la agricultura que el gobierno entrega para ser explotadas a cielo abierto, el conflicto es la violencia en las ciudades, la violencia de género, las personas que se mueren esperando atención médica, los niños y jóvenes que no pueden acceder a una educación pública, buena y gratuita, es la represión policial, la impunidad militar, las masacres paramilitares y militares, las desapariciones forzadas que no tienen espacio en los medios como si el secuestro. En fin, el conflicto es la delicada situación de despojo, desigualdad, de leyes corruptas, de un estado fallido, de miseria humana en que vive Colombia, de los interese de los poderosos que van en contra del pueblo.

Entonces la pregunta que hoy nos debemos hacer no es qué papel cumplen los medios de comunicación masiva en el conflicto armado, la pregunta que se debe remitir a los autodenominados periodistas es ¿Qué se siente vivir en una eterna mentira? ¿A dónde está su conciencia y dónde enterró su compromiso con Colombia? 

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