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VICTIMIZACIÓN DEL RÉGIMEN CONTRA LAS ALTERNATIVAS POLÍTICAS Y LOS HUMILDES

Comunicado
Por Delegación de Paz de las FARC-EP






Desde nuestra perspectiva, un entendimiento complejo de los procesos de victimización y de las víctimas que se han generado a lo largo del conflicto es más comprensible en sus diferentes dimensiones si ello es analizado en un contexto en el que se considere su naturaleza política, económica, social y cultural. Tras los innumerables casos de victimización individual y colectiva, que han causado dolor y sufrimiento en quienes los han padecido en forma directa y en la sociedad en su conjunto, se encuentra una verdad histórica insoslayable e inocultable, consistente en que los objetos de victimización han sido: 


1. Proyectos políticos y visiones alternativas de sociedad, especialmente aquellas inspiradas en ideales igualitarios, democráticos, socialistas, comunistas, libertarios y revolucionarios;

2. La continua e histórica aspiración por romper el cierre del régimen político, del sistema político y de representación, así como por superar las desigualdades e inequidades propias de las relaciones de dominación y explotación; 

3. La permanente movilización y lucha social y popular por el reconocimiento y materialización de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales y los procesos de reivindicación por mejoras en las condiciones de vida y de trabajo de los humildes.

Por ello, los procesos de victimización se han encauzado esencialmente a la destrucción de diferentes formas organizativas sociales y populares, políticas, económicas, culturales y ecológicas, a su desestructuración, liquidación o exterminio, a la ruptura de todo tejido social. No es casual que en la larga lista de victimizaciones colectivas se encuentren partidos de izquierda y minorías políticas, organizaciones de mujeres, comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, organizaciones sindicales, comunitarias o solidarias. Igualmente, que uno de los principales rasgos del proceso de victimización haya consistido en la eliminación de liderazgos individuales, de reconocidos luchadores sociales, hombres y mujeres.

Sin perjuicio de otras múltiples expresiones, las víctimas han sido esencialmente sujetos políticos, militantes activos o simpatizantes, actuando en la política abierta o desde la clandestinidad, que han buscado organizarse para cambiar el estado de cosas existente, recurriendo incluso al alzamiento armado, todos ellos y todas ellas portadores de programas políticos. Si se les despojara de esa condición o si ésta se estigmatizara, estaríamos frente a las modalidades de re-victimización que con frecuencia se promueven por sectores de derecha política y a través ciertas formas de políticas públicas.

De una vez por todas debe afirmarse enfáticamente que los procesos y las tendencias de victimización poseen causas sistémicas propias del régimen de dominación y explotación y encuentran su explicación última en el conflicto social y de clases que le es inherente. El terror de Estado, las maquinarias de la destrucción y las técnicas de la muerte, con evidentes rasgos fascistas, en muchos casos inspirados en las enseñanzas de las doctrinas contrainsurgentes de la “seguridad nacional” y de combate al “enemigo interno”, se han puesto en movimiento para preservar el statu quo y el régimen de privilegios del que han gozado las clases dominantes a lo largo de la vida republicana. Todo ello ha contado con un soporte mayor: el brindado por el continuo intervencionismo imperialista estadounidense que, con el propósito de afianzar su dominio y la dependencia de nuestro país y de proyectar sus intereses geopolíticos en Nuestra América, se ha convertido en el principal combustible foráneo de la guerra contra el pueblo. En la larga historia del conflicto colombiano hemos tenido que padecer las guerras y los enemigos inventados por el imperialismo: desde la “guerra contra el comunismo” hasta la “guerra contra el terrorismo”.

El análisis del carácter histórico y estructural de los procesos de victimización permite comprender la función que éstos cumplen y han cumplido en nuestro país para efectos de moldear la configuración específica de la formación socioeconómica. Así por ejemplo, entre tanto hay suficiente evidencia histórica para afirmar que el ciclo largo más reciente de victimización ha cumplido las siguientes funciones:

1. Conculcar el derecho colectivo a construir una alternativa política;

2. Reforzar el cierre del sistema político y de representación, mediante la eliminación física de potenciales alternativas de gobierno;

3. Conformar un balance local de fuerzas para reforzar poderes terratenientes y latifundistas, criminales y mafiosos;

4. Despojar y alistar inmensos territorios para el acaparamiento de tierras y el impulso a megaproyectos minero-energéticos e infraestructurales;

5. Estimular procesos de mercantilización y de expropiación de bienes comunes de la sociedad;

6. Propiciar el abaratamiento y la precarización generalizada del trabajo para aumentar la tasa de ganancia.

En suma, la victimización ha sido para el despliegue pleno de las nuevas formas de la acumulación capitalista, para favorecer poderosos grupos económicos y poderes corporativos transnacionales, y consolidar el poder político de las clases dominantes. Las víctimas de semejante cometido han sido esencialmente los humildes; deben ser reconocidas y resarcidas en todos sus derechos.

El proceso de diálogos que venimos adelantando deberá contribuir a poner en movimiento todo aquello que a lo largo de décadas ha sido expropiado en forma recurrente, especialmente el derecho a ser alternativa política y gobierno. Ello será posible, también, con un poderoso movimiento político y social de víctimas.

DELEGACIÓN DE PAZ DE LAS FARC-EP

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