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La guerra contra las drogas: un fraude total

Análisis
Por Iván Márquez - Integrante del Secretariado de las FARC-EP


Sostiene Jesse Ventura, que la participación de la CIA en el negocio está totalmente documentada.


C. Iván MárquezEl mundo está librando la lucha contra las drogas en medio de las tinieblas. Todos los esfuerzos están condenados al fracaso si no encendemos la luz de la verdad sobre el nauseabundo crimen del narcotráfico que lacera a la humanidad. Rodeada por esa oscuridad, la pobre Colombia está enredada y perdida en un laberinto más intrincado que el del mito del Minotauro.

Se reafirma esta certeza de las impactantes denuncias del ex gobernador de Minnesota, Jesse Ventura, director del programa de Televisión “Conspiracy Theory” (Teoría de la conspiración), un hombre al cual hay que creerle, no solo por haber sido autoridad de un Estado de los Estados Unidos, sino por su rigor investigativo y compromiso con la humanidad.

No estamos provocando lluvias sobre un terreno mojado al traer versiones muy difundidas por todo el mundo. Simplemente posicionamos como verdad irrefutable, que no se puede tapar ni ocultar más, el sucio rol de la CIA y de la DEA, como motores y generadores de la calamidad humanitaria del flagelo del narcotráfico.

Desde hace más de medio siglo, la CIA está utilizando las ganancias criminales del tráfico de drogas para financiar sus operaciones encubiertas de guerra sucia, como recurso pérfido para eludir el tener que rendir cuentas al Congreso y al propio pueblo norteamericano. Esos dineros son usados para desestabilizar gobiernos legítimos, elegidos democráticamente, financiar atentados contra líderes del hemisferio que se oponen a la política hegemónica de Washington… Pero lo más grave, es que esa desviación, sigue siendo consentida y tolerada por autoridades corruptas de los Estados Unidos, conductas consideradas como una traición a la Constitución, los principios y las leyes de ese país.

Sostiene Jesse Ventura, que la participación de la CIA en el negocio está totalmente documentada. En Francia, entre 1947 y 1951. En el Sudeste asiático en los años 50. Lo mismo que en Indochina, Panamá, Centroamérica, México y Colombia. Afganistán se ha convertido durante la guerra –denuncia el ex gobernador- en el mayor proveedor de opio y heroína en Europa, y que el cultivo de amapola, que prácticamente había sido erradicado en el gobierno de los talibanes, volvió a florecer con la invasión de los Estados Unidos.

Michel Levine, agente encubierto de la DEA durante 25 años -el más condecorado de la historia-, afirma en su libro Deep Cover, que cuando se disponía a capturar a peces gordos del narcotráfico, recibió órdenes de sus superiores de no hacerlo porque se trataba de colaboradores de la CIA. El periodista, Gary Webb, que develó cómo la CIA introdujo a través de Los Ángeles, cientos de toneladas de cocaína para ser distribuidas en todo el territorio de los Estados Unidos, terminó muerto con dos balazos en la cabeza. Ya en 1976, el inspector general de la CIA había reconocido en C-SPAN que esa institución introdujo la epidemia del “crack”.

Tanto la DEA como los barones de la droga, están haciendo el negocio del siglo, porque, según los denunciantes, mueven una gran masa de dinero que oscila entre 500 mil billones y un trillón de dólares al año, una cantidad anual mayor que la del negocio del petróleo y el gas natural juntos, y el doble de la industria de automóviles. Y en ese gran negocio ubican la razón por la cual, el ejército de los Estados Unidos, el aparato militar más grande del mundo, con un presupuesto de cientos de billones de dólares, es totalmente incapaz de controlar el ingreso de drogas a su país.  

Por eso la guerra contra las drogas es un fraude y una farsa total. Esto explica el fracaso de la política antidrogas. La causa de la persistencia en esa política son los negocios, y Colombia y México aportan las víctimas de un prohibicionismo hipócrita.  

Donde huela a drogas, ahí están las tropas estadounidenses erradicando la cocaína, la heroína y el opio de los demás, y protegiendo a los barones de la droga que blanquean sus dineros a través de los bancos de Estados Unidos y de Europa, como señala Ventura. Mientras los insignificantes capos colombianos, lavan su plata y la ponen a circular en los circuitos financieros del país, antes de ser asesinados, encarcelados, o extraditados al norte.

Cualquiera puede sentir que en esas condiciones es estéril el esfuerzo de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, dirigido a castigar a los delincuentes del sector financiero responsables del lavado de activos, y que la legalización del consumo que ahora propone la ONU para desestimular el negocio, no deja de ser una vana prédica esparcida en la soledad del desierto.    

Todo lo anterior nos obliga a repensar lo que ha pasado en Colombia. ¿Qué movió a Álvaro Uribe, el Karsai colombiano con antecedentes de narcotráfico, a permitir la instalación de 7 bases militares norteamericanas en nuestro territorio? En esa decisión anti soberana hay muchas cosas ocultas y oscuras. Hay también razones geopolíticas. ¿Qué papel han jugado realmente varios directores de la policía de Colombia en las últimas décadas?  Al final no se sabe si trabajaban atraídos por los estipendios jugosos de los capos, o trabajaban como agentes encubiertos para la DEA y la CIA.

El ministro de Defensa de Colombia, al acusar a la guerrilla, sólo hace el ridículo. Preguntémonos mejor, qué hacer para salir de este laberinto. De nuestra parte cerramos el 21 ciclo de conversaciones de La Habana presentando 50 propuestas, que de ser asumidas con sensatez por el gobierno, pueden coadyuvar a encontrar un camino, que al menos, mediante la sustitución gradual, saque a los campesinos del pantano de miseria en que se encuentran. Una conferencia de naciones deberá trazar las líneas estratégicas que permitan, con la espada de la verdad, darle la estocada final a ese monstruo, que es el Minotauro del narcotráfico.

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