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Un fuerte llamado hacen las FARC-EP al gobierno a desmitificar el proceso de Paz

Análisis
Tomado de Delegación de Paz de las FARC-EP

Montaje: FARC-EP

Que se corra el telón

“No se puede mantener al país incendiado y darle destino de carne de cañón a centenares de soldados humildes, y al mismo tiempo amenazar con que si atentan contra una figura importante, explotará el proceso en mil pedazos”, dijo Iván Márquez en la rueda de prensa que cerró el ciclo 19, al referirse a las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos desde España.

“Mitos y Mitomanías” fue el título del documentos leído por el Comandante Márquez en la rueda de prensa que puso fin al décimo-noveno ciclo. Un fuerte llamado hacen las FARC-EP al gobierno a desmitificar el proceso de Paz, a hablarle claro al país, a no generar confusión con su doble discurso y a reconocer a la contraparte sentada con sus representantes en la Mesa.

Los 8 mitos a desmontar 

El primero “Que no estamos en la Mesa de Diálogos como consecuencia de una presión militar y en el camino del sometimiento. Este sería el primer mito a desmontar, porque equivoca causas y rumbos”.

“El segundo mito del gobierno es creer que la agenda de paz se puede interpretar sin atender al preámbulo, que es el espíritu del Acuerdo General de La Habana. Tan importante es este que de él deriva el necesario compromiso de discutir aspectos nodales como la política económica y los graves problemas de miseria urbana y exclusión política”.

“El tercer mito es pensar que nuestro discurso ante los medios es solo retórica y engaño de galerías. Las FARC tienen unidad y coherencia entre lo que dicen públicamente y lo que hacen en cada escenario, incluyendo el de la mesa de conversaciones. Las propuestas de cambio social que el pueblo agita en las calles, son banderas nuestras que no arriaremos en el escenario del diálogo”.

“El cuarto mito es creer que en Colombia hay una democracia y que los representantes del establecimiento son sus defensores. Lo que existe realmente es terrorismo de Estado, y por ello, nuestros planteamientos por fortalecer la participación política popular y establecer la verdadera democracia, no son devaneos o distracciones”.

Nunca el gobierno ha pactado con las FARC dejar por fuera de discusión el asunto de las Fuerzas Armadas, su gigantismo y su doctrina. “Así, el quinto mito, es creer que se puede llegar a la paz sin la desmilitarización de la sociedad y el Estado y manteniendo vigentes factores inhumanos como la Doctrina de la Seguridad Nacional, la concepción del enemigo interno y el paramilitarismo”.

Por otro lado, es impensable que en un proceso, como el que adelantamos, se pueda pasar por alto que es necesario devolverle la función social a la propiedad. “De ahí que el sexto mito es ilusionarse con que la paz estable y duradera podría ser posible sin acabar el latifundio y sin frenar la extranjerización de la tierra”.

“El séptimo mito es confundir confidencialidad con secretismo, pensar que las salidas a la guerra se pueden buscar a  espaldas de la ciudadanía, y que luego un mecanismo de refrendación que requiere de la plena participación del soberano, se puede imponer unilateralmente restringiéndola a los términos de una consulta recortada y desinformada”.

“El octavo mito es pensar, que en un escenario de décadas de guerra sucia institucional, el Estado puede ser juez y parte, y erigir de su cuenta, normativas y mecanismos de transición, pensando, además, que en un proceso que debe favorecer a las víctimas, se le puede hacer el quite a la conformación de la Comisión de esclarecimiento de la verdad de la historia del conflicto interno colombiano”.

El documento agrega otro mito: “Pensar que la insurgencia es la máxima responsable de los hechos de la confrontación y que el Estado no está incurso en crímenes internacionales”, al mismo tiempo recuerda que las FARC-EP no vinimos a La Habana a pactar impunidades. Y agrega: “Debe quedar claro que, por acción o por omisión, el Estado es el máximo responsable. De nada les valdría mantener esa tendencia morbosa a desfigurar la realidad”.

Por otro lado, admitimos no ser figuras angelicales, es decir, hemos cometido errores, “pero el régimen no puede incriminar a la insurgencia como si fuéramos el mismo belcebú, y mostrar a las élites que lo integran como querubines celestiales”.  


Finalizando el documento, lee Iván: “Las FARC no tienen delegados que se compran o se vendan y por eso se requieren argumentos, políticas, sensatez, y verdadera voluntad de cambio y reconciliación(...)” acá no se trata de un asunto de repartición de “mermelada” (puestos), concluyendo que sin reforma rural integral y sin participación política no se podrá concertar y construir Paz.

Paralelo a los diálogos el país ha venido descubriendo la falta de voluntad del gobierno para sacar adelante lo pactado hasta ahora; teniendo en cuenta, además, que aún quedan pendientes puntos determinantes sin resolver.

Podemos sumar al nivel de corrupción con que se maneja la cosa pública y a la criminalización y muerte de muchos dirigentes populares y de oposición, las declaratorias de exterminio contra nuestra organización política alzada en armas.

Y termina con este llamado: “Desde La Habana hacemos un llamamiento a abrir un debate sobre estos imperdonables asuntos de la vida nacional. Y llamamos también a hacer valer el inmenso deseo de paz que palpita en el corazón de Colombia. La paz no es pertenencia de partidos, mandatarios o personalidades; la paz es un bien supremo que pertenece a todos”. 


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