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Regalías: herencia medieval




Análisis 
Tomado de Rebelión



Hablar de minerales e hidrocarburos llama a hablar de regalías comúnmente asociadas a pequeñas compensaciones que reciben los poseedores de bienes patrimoniales a cambio de las grandes fortunas que pasan a manos de los inversionistas privados. Las regalías son un tema vetado, un mito, no se les puede cuestionar, como no es posible hacerlo de los regalos, hay algo oscuro a su alrededor. Existe un aparente consenso respecto a que de ellas solo se debe discutir su monto pero no su condición, ni el significado de su existencia. El vocablo ha sido naturalizado, se le hace aparecer como algo sobrenatural, inmodificable, gratificante, sin embargo oculta la miseria y la violencia que la riqueza deja a su paso. La formula de las regalías la implantó la corona con la llegada de los ejércitos de conquista a américa, tratando de normalizar sus sistemas de dominación, despojo y acumulación.En compensación de la riqueza tomada y para evitar alteraciones de la población sometida al arbitrio del rey y los conquistadores se crearon las regalías, los regalos en contraprestación por lo obtenido. Se conocía como regalía o jura regalía la prerrogativa exclusiva del poder soberano de los reyes, que concedían beneficios materiales a sus conquistados. La tradición fue heredada por los patrones que en compensación por disfrutar para beneficio propio del bien común de una comunidad, como las minas, las aguas, los bosques, donaban una capilla, pagaban una fiesta en honor a la virgen o entregaban a sus trabajadores una donación en dinero y reducían efectos tributarios. La regalía tenia la forma de un pago que recibe el poseedor de un bien a cambio de la garantía de usarlo, explotarlo, beneficiarse de el de manera prácticamente ilimitada, pues su pago es posterior al uso (efecto pospago). Se podían obtener regalías por conceder la potestad para hacer la guerra, ejercer la justicia o usufructuar recursos de la tierra.
Las regalías son un rezago de los modos de dominación practicados en la Edad Media e implantados en América a través de la conquista, pero que hoy parecen repetirse con formas renovadas, ajustadas a la época de globalización y desequilibrio entre los que tienen los recursos y los que tienen el poder para apropiárselos y la fuerza para hacerlos suyos. La nueva dominación, tiene fines similares a los de la conquista sangrienta de hace 500 años, hoy busca meter en el mercado (civilizar) a las poblaciones de los territorios conquistados y apropiarse del botín asociado a la riqueza natural, mineral y de hidrocarburos a cambio de exiguas regalías. La nueva gesta civilizadora es liderada por las empresas transnacionales que basan sus estrategias –similar a hace 500 años- en la iniciativa privada y en las capitulaciones que fijan derechos y obligaciones del estado (la corona) y del inversionista (conquistador) que queda con plenas garantías legales, económicas y de defensa militar de sus inversiones. Todo era (es) legalizado por un grupo de funcionarios encargados de la burocratización. El conquistador (transnacional) estaba obligado a costear la expedición, iniciarla en el tiempo convenido, cartografiar las tierras descubiertas y entregar su parte al rey (gobierno). El rey prometía mercedes (permisos para apropiarse de bienes) supeditadas al éxito de la expedición. Los conquistadores se quejaban de que el rey sólo ponía papel y buenas palabras (leyes), pero era eso precisamente lo que los conquistadores necesitaban. Hubo situaciones como las que resolvió Diego Colon que para solucionar la falta de mano de obra estableció la fórmula legal que distinguía entre indígenas pacíficos -llamados indios de razón- que colaboraban con los conquistadores y trabajaban para ellos en minas, e indios rebeldes a los que se podía hacer prisioneros, esclavizar o matar. La corona se encargaba de indicarles a los conquistadores el modo de proceder con los indios y con las riquezas. La autoridad del jefe de la expedición era ilimitada siempre que no comprometiera la soberanía del rey, favoreciendo la articulación entre el interés público de la corona (estado) y privado (conquistador), así se fijaba el imaginario de que el buen rey no solo administraba justicia, sino que ejercía patronazgo, afirmaba su soberanía y concedía beneficios a los que prestaban servicios a la corona, entre ellos al grupo de letrados que ven en el bien del reino la mejor garantía para mantener sus propios intereses.
A partir de 1495 la corona extendió la invitación a explotar libremente los recursos de américa a cambio de regalías. Se concedió el viaje gratuito a américa a todos aquellos que no pretendieran un sueldo si no una autorización para hacer exploraciones y practicar intercambios, siempre que a la vuelta entregaran a la corona uno de cada diez bienes obtenidos. Para los conquistadores explotar era considerado un derecho y para la corona un privilegio que concedía por una o dos vidas y le servía como instrumento político.
En 1991, la tradición medieval llegó a la constitución colombiana que selló su ingreso a la nueva era del despojo ofreciendo su riqueza a cambio de regalías, en cambio de haber decidido de manera autónoma explotar por si misma su riqueza y secuencialmente derrotar las estrategias de la injusticia social y la desigualdad. En la nueva constitución quedó plasmada la articulación a la economía de mercado global y la entrega al estado, -ya controlado por el interés privado-, del subsuelo y sus riquezas que eran propiedad de la nación. El estado abrió espacios, acomodó reglas y afianzó garantías para los nuevos conquistadores. Los resultados de la riqueza extraída han sido incuestionables para el capital, pero no para la población, dueña legítima de la riqueza. Millones de hectáreas en uso minero, cientos de millones de barriles de petróleo, millones de toneladas de minerales, nuevos yacimientos e infraestructuras y redes que contrastan con la miseria y violencia de quienes reciben las regalías. Las estadísticas muestran un país que llegó al puesto 40 entre los 141 más destacados receptores de inversión extranjera. Las cifras de regalías son contundentes, según el sistema de información minera en 1991 se recibieron 18.264 millones por regalías, en 2002 aumentaron a 234.463 millones, en 2010, alcanzaron 1.234.277 millones y en 2011 superaron 1.611.445 millones. Se calcula que el recaudo de regalías oscila entre el 8% y el 25% del total de riqueza extraída a precios del lugar de explotación que es inferior en tres o más veces al costo de venta en el extranjero. Un gramo de oro puede valer en la boca de la mina un dólar y ser vendido por la empresa en pocos minutos por 4 o más dólares.
La historia de las regalías es parte de la historia de la dominación y de la implantación de sistemas articulados de corrupción y barbarie que no han cesado de comprometer a empresarios, elites políticas y militares. La resolución 9 de 1991 eliminó las restricciones a la inversión extranjera y autorizó la libre transferencia de capitales y utilidades, es decir el despojo abierto e ilimitado, secuencialmente se simplificaron los tramites para los inversionistas y se endurecieron los tramites a comunidades y entidades territoriales para acceder a estas compensaciones en cambio de sus riquezas. La corte constitucional selló la negación de la riqueza propia en favor de la explotación extranjera indicando que las regalías no se causan por la titularidad sobre los recursos naturales si no por el permiso de explotación por parte de terceros (sentencia C1017 de 2003).
El territorio nacional esta cada vez más degradado, más vacío y mas contaminado, mientras el interés inversionista privado resulta mas atrevido, mas aventurero, con mayor capacidad para obtener riqueza rápida y sin limite a cambio de reducidas regalías. En 2012 Colombia distribuirá 9 billones de pesos por regalías, 6 de los cuales son para inversión en departamentos y municipios, que podrán acceder por vía de proyectos cuya complejidad de formulación y trámite desborda la capacidad de los gobiernos locales. Como hace 500 años los nuevos conquistadores (transnacionales) juntan esfuerzos para tomar posesión de los centros de producción de la riqueza minera y energética nacional expropiada a los pequeños productores, a indígenas y campesinos. Habrá nuevas violencias asociadas al desarrollo rural, al control del territorio, a la posesión de la tierra cuyo subsuelo tiene oro, coltan, esmeraldas y decenas de minerales. La tierra es riqueza colectiva, patrimonio nacional, que debe ser explotada por mano propia, por ciencia propia usando los saberes que ponen en equilibrio la vida con la economía, no ser entregada a los mercaderes del capital y el odio que cambian la riqueza colectiva por exiguas regalías convertidas en el botín de los subalternos de los nuevos conquistadores.
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Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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