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No a la impunidad y menos premiar los asesinatos cometidos por militares

 Análisis

Tomado de Pacocol

Por Mesa de DDHH del Oriente de Antioquia



En la “democracia más antigua de América Latina” el ejército cometió los peores crímenes de guerra contra civiles, este Estado colombiano usó toda su maquinaria de muerte contra ciudadanos para hacerlos pasar como insurgentes muertos en combate, se nos oxidó hasta el tuétano esa frágil noción de democracia y se impuso el escatológico sentido de la barbarie que, aún roe fratricida, todos los niveles de nuestra República.

Cómo Mesa de Derechos Humanos y Atención Humanitaria del Oriente de Antioquia hemos sido testigos de las más deplorables imágenes recogidas en los testimonios de muchas madres que aún hoy, lloran desconsoladas, afligidas por la ferviente utilización de las armas del Estado contra campesinos pobres con el simple objetivo de mostrar resultados en una guerra que no les pertenecía, pero que se entiende como la pena de muerte que coincide con las mismas prácticas fraguadas de violencia sociopolítica y sistemática, determinante en el exterminio de diferentes liderazgos sociales del Movimiento Cívico del Oriente de Antioquia.

El lugar que ocupan el Batallón de Artillería No. 4 Jorge Eduardo Sánchez Rodríguez (Bajes), el Coronel (r) Juan Carlos Barrera y el General Miguel Eduardo David Bastidas en la memoria de muchas madres y familias del oriente antioqueño, solo puede compararse al retrato más fiero, la muerte y la desolación; de ello se sabe que la Fiscalía 106 especializada contra Violaciones a los Derechos Humanos imputó a David Bastidas por su presunta responsabilidad en 32 homicidios, 14 desapariciones forzadas y 10 casos de tortura por hechos ocurridos entre diciembre de 2003 y noviembre de 2004, época en que el cuestionado y hoy General de la República ascendido el pasado 8 de diciembre por el Presidente Duque, se desempeñaba en el cargo de mayor, segundo comandante de ese Batallón.

El fomento de la impunidad sistemática del presidente de Colombia Iván Duque Márquez, es similar a la utilizada por otros mandatarios, que bajo esta insulsa figura de ascensos premian de manera inmoral e insolente a militares cuestionados por responsabilidades directas en prácticas de fusilamientos de civiles inocentes, más conocidos como falsos positivos o ejecuciones extrajudiciales; estos comportamientos comprometen no sólo los pilares de la democracia, sino que también hacen sucumbir a la nación en el oprobio internacional.

En el oriente de Antioquia se tienen registros de por lo menos 31 casos de asesinatos en Granada, contra personas protegidas en el Derecho Internacional Humanitario (DIH), 11 en Cocorná, 9 en San Luis, 6 en San Carlos, 4 en San Vicente, 2 en El Peñol, 1 en Concepción y 1 en Guatapé,  ocurridos entre el 2003 y el 2004, contrario al deber ser, los ascensos buscan ocultar la necrofílica doctrina militar, ampliamente ligada a otros actores Estatales que participaron de manera directa e indirecta en recrudecer una violencia en el país de la que aún no nos reponemos.

Con estos recientes ascensos, el Gobierno del Presidente Iván Duque intenta prolongar una corriente que desde la ilegalidad consagró la industria planificada de los crímenes de Estado, darle continuidad a esta casta militar responsable y determinante en varios crímenes de guerra es condenar al país a la repetición de los peores vejámenes de la historia, frenando así, cualquier posibilidad de una paz estable, duradera y sin garantías de no repetición.

La Colombia legal necesita militares íntegros y sometidos a los valores constitucionales de la ley, una depuración profunda de todos los estamentos y el desmonte de esa Doctrina de Seguridad Nacional que ha permitido la degradación estructural de la fuerza pública.

Cómo Mesa de Derechos Humanos no seremos indulgentes ni con los victimarios ni con los hechos que enlutaron trágicamente a familias del oriente antioqueño, rechazamos los ascensos de militares que estén involucrados en crímenes de Estado y que fueron concluyentes en fusilamientos de civiles de esta región y en el país.

Como defensores de la paz, de la vida, creemos e invitamos a todo el Pueblo colombiano a entender que no hay un camino distinto para la construcción de la paz estable y duradera que la verdad, la justicia, la reparación y, sobre todo, resaltar toda la dignidad de las víctimas, hasta que esa dignidad se haga una realidad cotidiana.


“¡Maldito el soldado que levante sus armas contra el Pueblo!” (Simón Bolívar)


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