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Actos de perdón: ¿han contribuido a la paz?

Entrevista
Tomado de Prensa Rural
Por Camilo Alzate


—Las FARC han hecho múltiples actos públicos y privados donde han ofrecido perdón a sus víctimas, usted ha participado en la mayoría de ellos. ¿Cuál es su balance? ¿Han servido para algo?

—Ha sido un proceso muy positivo, en el sentido de que ha permitido abrir espacios de reconciliación, de reconocimiento a las víctimas y de afirmación de las víctimas hacia el proceso de paz.

En todos los actos que hemos participado, en Bojayá, en La Chinita, con los familiares de los diputados del Valle, en Barrancabermeja y San Pablo (Bolívar), en Remedios y en Granada (Antioquia), en Dabeiba con la nación emberá en el proceso del perdón, en todos lo que hemos encontrado es que las víctimas son las más comprometidas con la paz, su anhelo es profundo, tienen una disposición de desarrollar procesos que permitan la no repetición, la mayoría de las víctimas han expresado esa necesidad y han trabajado con mucha fuerza en lograr condiciones que garanticen la no repetición del conflicto.

—Los actos de perdón, cuando los hacía el Estado, venían condicionados por una orden judicial o por exigencia de las Cortes Internacionales, como ocurrió con la masacre de Trujillo. Con ustedes ha sido distinto: lo han hecho por voluntad propia sin que haya sentencias todavía en la JEP o en Cortes Internacionales. ¿Por qué tomaron la decisión de pedir perdón y asumir responsabilidades?

—Nosotros partimos de mantener una conducta ética frente a lo firmado. Lo firmado no sólo implica que cumpla una parte, sino todas las partes y ese cumplimiento no puede estar medido por órdenes judiciales, sino ante todo por el compromiso político. Desde el acto de perdón en Bojayá, que fue antes de la firma del acuerdo, en diciembre de 2015, ya hubo un acto temprano en nuestro compromiso por la no repetición y en el compromiso reparador.

Y dijimos que nuestra lucha era por los más desposeídos de este país y nuestras armas eran para defender a esa población inerme, pero terminaron afectándola, por eso teníamos que salir a responder por esas acciones que afectaron a la población. De alguna manera era mantener la ventaja ética como parte de la construcción de la paz y de tejer las emociones que permitan un medio ambiente para una cultura de paz, es en ese sentido que hemos actuado.

—Pero no sólo causaron daño al pueblo colombiano, con el atentado al Club El Nogal atacaron directamente a las élites, también a ellos les pidieron perdón. ¿Cómo estas personas que están en las antípodas de su lucha y su ideología recibieron ese gesto?

—Lo que nos planteamos es que la paz está cruzada por la suma de muchos actos. En ese sentido hay que mantener ese compromiso ético, teníamos que marcar adelante en la responsabilidad que adquirimos en la construcción de paz, sobre todo para poder generar los espacios de la reconciliación. En esas condiciones situaciones como las del Nogal o los encuentros que hemos hecho con paramilitares, con ex militares, que incumben afectaciones a la población civil, ya sean crímenes de guerra o cualquier afectación al Derecho Internacional Humanitario, consideramos que hay que arrastrar a esos sectores para que se comprometan en las acciones que eviten la repetición del conflicto, es algo que implica movilizar constantemente a la sociedad colombiana con el acompañamiento internacional.

—Es evidente que hubo una ruptura dentro del partido FARC, Iván Márquez y Jesús Santrich, dos líderes muy importantes, se apartaron y volvieron a las armas. Son los mismos que en La Habana plantearon una postura más rígida frente al perdón, exigiendo incluso que la guerrilla debería ser reconocida como la primera víctima. ¿Cuál es su opinión al respecto?

—Hay unas inseguridades, unos miedos que se disparan al asumir ese tránsito de la guerra a la paz, porque son miedos de parte y parte. Esos miedos se manifiestan con un discurso duro y la respuesta del otro es buscar el lugar donde se siente más protegido, eso es lo que ha ocurrido, no solamente acá en Colombia sino en todos los procesos de paz que se han dado en el mundo, y de manera especial también acá. Eso es lo que da pie a las disidencias y a la gente que se aparta del proceso. Nosotros lo que hemos manifestado públicamente es que respetamos la decisión que cada uno toma como individuo, pero como colectivo hicimos un compromiso en la décima conferencia de trabajarle a la paz.

—¿Cómo reciben ustedes cuando alguna víctima o familiar no cree en los gestos de perdón? ¿Qué le pueden decir a esas personas y al país?

—Pues algunos tienen mayor disposición, mayor disponibilidad, más altura para poder avanzar en la reconciliación y en las acciones concretas de construcción de paz. No todo el mundo tiene una posición de aceptar de entrada estas acciones, pero la mayoría de las víctimas, creo que el 99 por ciento de las personas que han participado en los actos de perdón, han asumido el abrazo de la reconciliación.

—Frente a los otros actores del conflicto ¿ustedes esperan algún reconocimiento o actos similares?

—Nosotros hemos planteado que hay que cumplir lo que dice el acuerdo. Hay otra responsabilidad tanto de actores para estatales y de unos terceros, que se deberá profundizar para poder conocer la verdad de todo este desangre que nos ha costado tantos años. Por encima de todo, a pesar de los 199 compañeros asesinados [después de la firma del acuerdo] que llevamos sobre nuestros hombros, que es algo que nos genera zozobra, esperamos que la sociedad colombiana pueda resolver todas sus conflictividades.

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