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La guerra y la paz, el petróleo y el fracking

Análisis
Tomado de Las 2 Orillas
Por Gabriel Ángel

 La guerra y la paz, el petróleo y el fracking


Todos los días vivimos el pulso permanente entre la guerra y la paz. De pronto pasan a primer plano las maniobras militares ordenadas por el presidente Nicolás Maduro en la frontera, y las furiosas reacciones del lado colombiano, que neciamente fanfarronean en torno al inmediato apoyo que recibirían del gobierno de Trump, en caso de cualquier ataque militar.


Retumba el coro acusador contra la revolución bolivariana. Los medios despliegan incontables declaraciones en torno a la presencia de guerrillas en el vecino país, con pleno apoyo del gobierno venezolano, al tiempo que la Cancillería colombiana anuncia acciones inmediatas de denuncia ante la OEA y la ONU, con la presumible intención de conseguir el respaldo externo, a objeto de legitimar las agresiones encaminadas a derrocar al chavismo.



La cordura parecía apabullada ante la avalancha de irracionalidad guerrerista. Hasta que surge una lucecita que permite ver las cosas de otro modo. Las fotografías del día en que Guaidó cruzó la frontera, para asistir al concierto tras el que se pretendía incursionar en Venezuela y tumbar al gobierno. El presidente interino sonreía abrazando reconocidos criminales colombianos.

Pronto se supo que fueron esas bandas mafiosas, que pelechan del contrabando y el narcotráfico en la zona fronteriza colombo venezolana, las encargadas de suministrar el apoyo de seguridad, al personaje que aquí nos presentan como encarnación de todas las virtudes. La alfombra roja y los honores militares con los que el gobierno de Duque lo esperaba, no alcanzaron a ocultar que su protegido contaba en su propio país con la amistad armada de los Rastrojos.


Lo que puso en evidencia la suciedad que se oculta tras el personaje. Y tras quienes desde aquí lo rodean, aplauden y quieren ver en el Palacio de Miraflores. Para rematar, varios sectores de la oposición al chavismo en Venezuela, a los que la prensa colombiana minimizó al máximo, sorprendieron al continente al firmar un pacto de reconciliación con el gobierno de Maduro.

La guerra no es irremediable. Está visto que son los venezolanos, sin ninguna clase de injerencia extranjera, los únicos llamados a solucionar pacíficamente sus diferencias. Si unos pobres ilusos como Márquez y Santrich, son presentados como avanzada militar venezolana hacia Colombia, igual puede afirmarse que los Rastrojos son la avanzada militar colombiana en Venezuela. A ese extremo demencial llevan las recriminaciones absurdas.
 
Por otro lado, la semana internacional despertó con las reacciones al atentado contra las mayores instalaciones petroleras de Arabia Saudita, por parte de los rebeldes hutíes de Yemen. Los precios del petróleo se encaramaron inesperadamente, al tiempo que el gobierno de Riad se apresuró a sindicar como principal responsable de los hechos a la República Islámica de Irán.

Donald Trump anunció el recrudecimiento de las sanciones contra esa nación, advirtiendo que los Estados Unidos cuentan con el arsenal militar más grande en la historia de la humanidad, al que absolutamente nadie podría resistir, y dejando entrever que de comprobar la participación de Irán en los atentados, su país no vacilaría en hacerle sentir el peso de su fuerza. Calmadamente los iraníes dijeron que harán la guerra total si son atacados.

Aunque también plantearon otra alternativa. El canciller iraní, Javad Zafir, ha declarado ante la CNN que Irán espera evitar una confrontación, y que se encuentra dispuesta a dialogar con Arabia Saudí o con los Emiratos Árabes Unidos, para lo cual es fundamental que los Estados Unidos alivien las sanciones en contra de Teherán. Hay que recordar que los hutíes tumbaron al gobierno Yemení tras copar la capital, y que la intervención de Arabia Saudita allá restauró al gobierno derrocado.

Lo que terminó por generar una guerra desastrosa, declarada por las Naciones Unidas como catástrofe humanitaria. En un comienzo Arabia Saudí bombardeó con sus aviones cazas a los hutíes, que se defendieron como guerrillas. Pero que a poco contraatacaron en el territorio de su vecino, bombardeando con drones y otros artefactos infraestructuras vitales. Las cosas han llegado a estos extremos. Sobra decir que los Estados Unidos han apoyado fielmente a los saudíes.

Según la ONU, más de 22 millones de yemeníes necesitan ayuda humanitaria, 8 millones están en riesgo de hambruna y un brote de cólera ha afectado a más de un millón de personas. Las imágenes de niños yemeníes huérfanos y hambrientos invaden las redes clamando por el fin de esa locura, que amenaza con extenderse de modo impredecible. Es lo que deja una guerra que solo beneficia, como queda visto, a las grandes corporaciones petroleras transnacionales.

Las mismas que tienen puestos sus ojos sobre Venezuela. Y que porfían por el fracking en Colombia. Por eso la guerra no es solamente criminal en Yemen, también lo es aquí, sea internacional o de guerrillas. Es mejor oír a Timochenko en la semana por la paz de Santander, y ver a Duque confraternizar con los reincorporados en Miravalles.

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