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El más grave problema que padece Colombia

Análisis
Tomado de Las 2 Orillas
Por Gabriel Ángel

El más grave problema que padece Colombia

Ni la salud, ni la pobreza, ni el desempleo, ni la corrupción, ni los cultivos ilícitos son los más graves problemas del país Es Uribe, así de sencillo

No nos digamos mentiras. El problema principal que agobia a Colombia no es el aumento de los cultivos de uso ilícito, como de pronto todo indica que debemos creer. Los norteamericanos, con el presidente Trump a la cabeza, pretenden de nuevo tomar por el cuello al gobierno colombiano, para someterlo a sus eternos caprichos, como la vuelta a la fumigación con glifosato.

De lo que se derivará un enorme problema social y político. Si alguien repara en la cifra de más de 200 000 hectáreas sembradas, y piensa en los centenares de miles de familias involucradas, puede fácilmente concluir que el lío es enorme. Recuerdo que cuando llegué al Caguán en el año 2000, la cifra escandalosa llegaba a las 120 000 hectáreas.

Lo cual significa que tras 18 años de sacudimientos de todo orden en el país, incluida una guerra despiadada que costó millones de víctimas y generó millones de hectáreas despojadas, afortunadamente llegada a fin por obra de los Acuerdos de Paz más vilipendiados y calumniados de la historia universal, el problema no terminó sino que sigue creciendo.

Así que alguna cosa de mayor dimensión debe estar ocurriendo en nuestro país. Algo como una emanación venenosa, que es capaz de debilitar hasta los esfuerzos de gente muy poderosa, de un pueblo que lo ha sufrido todo, de una comunidad internacional que observa perpleja, cómo el parlamento colombiano es capaz de burlar y pisotear hasta lo más sagrado.

Si se analiza con calma se verá que el mal que carcome a Colombia, que la condena a convertirse en país paria y sin remedio, no es otro que la presencia en el escenario político de un personaje fatídico llamado Álvaro Uribe Vélez. Un hombre que con sus delirios de grandeza ha conseguido engañar y pervertir a un alto porcentaje de sus compatriotas.

Basta con examinar los principales problemas del país, para concluir en qué medida todos ellos se han agigantado desde cuando Uribe hizo aparición en la política colombiana. Lo de los cultivos de uso ilícito nos sirve de ejemplo más a mano. Las grandes mafias del país nacieron con la exportación de la cocaína al exterior. Y la coca resultaba un cultivo necesario para ello.

Uribe estaba en el lugar y el momento precisos en la Aerocivil, otorgando patentes de corso a las pistas y aeronaves implicadas en el ilícito. De hecho, el presidente Betancur había exigido su remoción de la alcaldía de Medellín, como consecuencia del conocimiento de sus vínculos con las mafias. La reciente publicada fotografía suya con Pablo Escobar no pareció importar a nadie.

Pero tal silencio no excluye algo que el país conoce. Las bandas paramilitares que asolaron a Colombia, de la mano de las fuerzas armadas oficiales a fines del siglo veinte y comienzos del presente, surgieron en gran medida de las Convivir de Antioquia, para luego desdoblarse a otros departamentos. Entre sus objetivos figuró siempre el control sobre los cultivos de uso ilícito.

Las declaraciones judiciales de sus comandantes extraditados por Uribe a USA, han dado reiteradamente fe, de cómo todo el paramilitarismo colombiano cerró filas en torno a su candidatura presidencial, y el país conoció de la intención de este, de elevarlos a delincuentes políticos, para concederles los beneficios que hoy desprecia para las Farc.

Para nadie es un secreto que las bacrim, que muchos en Colombia insisten en considerar verdaderas herederas del clásico paramilitarismo sanguinario de la era Uribe, se dedican a dos grandes negocios, el narcotráfico y la minería ilegal. Tampoco pueden negarse sus simpatías por el uribismo, que imponen a la brava en las regiones, asesinando incluso a sus contradictores.

Mucho se habla de las también llamadas disidencias de las Farc, dentro de las que se destacan las de Guacho, como grupos residuales dedicados al narcotráfico, que se oponen al punto cuarto sobre sustitución de cultivos pactado en La Habana. A pocos llama la atención la coincidencia con la fobia uribista a tales Acuerdos. No creo que sea hilar muy delgado meditar al respecto.

Es claro que el uribismo apunta sus cañones hacia los Acuerdos de La Habana, actitud que sin duda redundará en el renacimiento de la violencia rural y urbana en el país. En el florecimiento de nuevos grupos armados, que recurrirán al narcotráfico como fuente principal de sus finanzas. ¿El uribismo no se da cuenta de ello, o por el contrario, es eso lo que busca afanosamente?

Me inclino más por lo último. El oprobioso sistema de salud vigente nació de la cabeza de Uribe, igual que la reforma laboral que precarizó el trabajo, aumentando el desempleo y la pobreza. Ningún gobierno con más corrupción que el suyo. Ni la salud, ni la pobreza, ni el desempleo, ni la corrupción, ni los cultivos de uso ilícito son los más graves problemas del país.

Es Uribe, así de sencillo.

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