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Ataque a Santrich es un golpe calculado a la paz

Análisis
Por María Méndez
Fundación Colombia Soberana




Nadie dijo que el proceso de paz en Colombia iba a ser fácil. La primera y la segunda etapa consistieron en un complicado diálogo (en principio secreto) entre dos de las partes en conflicto, con intereses diametralmente opuestos y con poder militar muy parejo, a pesar de las diferencias obvias, que además se nublaba un poco más por la insistencia del Estado de negociar en medio de la guerra, intentando asestar golpes militares que creían debilitaría al contrario y aprovechar mediáticamente los golpes recibidos para seguir oscureciendo el panorama.

Sin embargo, estas primeras etapas no fueron tan difíciles como la actual: la implementación. El Acuerdo de la Esperanza no se ha cumplido ni en un 30% y lo poco que se adelantó es el punto 3: Cese al Fuego Bilateral y Definitivo y Dejación de Armas, punto que corresponde a las FARC.

Ya habíamos dicho en este espacio, incluso antes de la firma del Acuerdo, que considerábamos que el enemigo principal del Acuerdo de la Esperanza era el Estado, desafortunadamente no nos equivocamos. El Estado, entendido como la maquinaria creada y alimentada por la oligarquía de Colombia y su amo yanqui para saquear, dominar y aplastar de ser necesario a la mayoría trabajadora de nuestro país, envió a la rama ejecutiva representada por un miembro de la más rancia oligarquía, para lograr un acuerdo de paz que permitiera desarmar las guerrillas, en especial las FARC, con el propósito de arrasar con los recursos naturales y todo aquello que la presencia del grupo insurgente impedía.

A pesar de todas las artimañas del Estado,  se logró redactar un acuerdo que no esperaban. Ellos anhelaban negociar, como antes ya lo habían hecho con otras guerrillas, un acuerdo de rendición en el cual se hablara solamente de las condiciones que las FARC esperaban para poderse desmovilizar y entrar a la vida política abierta y legal. En vez de ello, se logró un acuerdo que trasciende todas las expectativas, cuyo cumplimiento pagará la deuda histórica con el pueblo y mejorará la calidad de vida de todos los colombianos.

Después de la firma, el Estado en su conjunto se ha dado a la tarea de desmantelar y arrasar el Acuerdo de la Esperanza, aunque no lo digan tan abiertamente como su títere de ultra derecha: hacer trizas el Acuerdo. 

Todas las formas de lucha que tienen a su disposición han sido utilizadas en contra de Acuerdo: la maquinaria electoral, la corrupción estatal, la burocracia, los medios masivos de comunicación, la desinformación, el paramilitarismo y ahora hasta la extradición.

Con presuntas pruebas que causan hilaridad, el amo yanqui y su sirviente pretenden extraditar a Jesús Santrich, miembro de la dirección de las FARC y negociador en La Habana por esa guerrilla. Acusar al Camarada Santrich de “intentar” enviar 10.000 kilos de cocaína a Estados Unidos, y aparte de fabricar esa astronómica cantidad de narcótico él mismo, es traído de los cabellos, eso solo lo cree alguien que no tiene el mínimo potencial mental para entender o al menos imaginarse 10.000 kilos de cualquier cosa.

Cuando uno se imagina a Santrich, un hombre ciego, en una casa ubicada en Bogotá, rodeado de policías que tienen acceso irrestricto a la vivienda, fabricando 10.000 kilos de cocaína, llega a la conclusión que esa tremenda fabula la inventó un  loco o un idiota.

Tampoco se puede obviar que con todos los policías que escoltan a los dirigentes de las FARC, no sería extraño que existan aparatos de vigilancia que estén espiando sus actividades diarias, recordemos las chuzadas a la Corte.

Colombia y Estados Unidos no tienen tratado de extradición vigente, sin embargo, en Estados Unidos y en otros países hay más de 1000 colombianos extraditados, la mayoría de ellos pertenecientes al pueblo trabajador, un ejemplo es el “Carpintero” un humilde trabajador colombiano que sufrió este flagelo y afortunadamente logró demostrar su inocencia, suerte que no corre la mayoría de inocentes extraditados (vea más sobre la realidad de extradición)

Pero que no exista tratado de extradición en Colombia, no quiere decir que no hayan reglas de juego: para que la persona acusada sea extraditada el delito tiene que haber ocurrido en el país solicitante,  ser delito en ambos países y  haber respeto por las leyes de ambos Estados, entre otras cosas, condiciones que evidentemente no se cumplen en el caso de Jesús Santrich.

Por otra parte Jesús Santrich al ser integrante de las FARC, se acogió a la Jurisdicción Especial para la Paz JEP, no a la justicia ordinaria. Por lo tanto será la JEP quién deba analizar los cargos contra Santrich duélale a quien le duela.

El Estado usa al “pampante” Fiscal General, de cuyo nombre no vale la pena acordarme, para asestar este golpe, no solo contra la credibilidad de las FARC, sino contra la paz de Colombia. Pero olvidan que esta jugada puede ser delictuosa, pues el “impoluto” fiscal está excediendo sus funciones, además se está “enterrando el puñal” al impedir que Santrich tenga el acompañamiento internacional y de sus abogados, como debe ser. Negarle su derecho a la defensa, violar la presunción de inocencia y el debido proceso son errores y delitos que el fiscal y el Estado en su ego se dan el lujo de cometer ante los ojos de Colombia y el mundo.

El Estado esperaba la división de las FARC, esa división que tanto cacarearon sus “analistas de oficio” y a la que le hicieron eco otros “compañeros” que sirvieron, inocentemente o no, de juego para las pretensiones de romper la FARC por dentro.  Al no darse esta ruptura acude de nuevo a la imagen de Santrich, no para loarla como en ese tiempo y llevar a los militantes de las FARC a la división, sino para asestarle el golpe más asqueroso que incite el miedo de los farianos.

Hoy como entonces, hay que tener calma y cohesión, la lucha continúa y, como siempre será la oligarquía la que decida cuál de las formas de lucha se debe continuar. Por el momento la unidad se debe dar entorno a la protección y al cumplimiento del Acuerdo de la Esperanza, entorno a la paz de Colombia.

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