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La juventud confirma que algo se agita en Colombia

Análisis
Tomado de Las 2 Orillas
Por Gabriel Ángel

La juventud confirma que algo se agita en Colombia

Crónicas de dos emotivos hechos que demuestran que la convivencia es posible

Gabriel ÁngelElla, que esperaba al muchacho, me advirtió de su llegada. Tenía muchísimo tiempo sin verlo, desde que era un niño de menos de diez años. Pero se lo habían descrito, un joven de los tiempos modernos, delgado, blanco, sonriente, con tatuajes en la piel y un piercing en la nariz. Tenía que ser el que hablaba en la recepción con el portero. Seguro preguntaba por ella.

El muchacho volvió de pronto el cuerpo, y en cuanto la vio abrió sus brazos como si fueran las enormes alas de un ave gigante, lanzándose emocionado a abrazarla. Con el intenso apretón, la felicidad se dibujó en sus rostros. Cuando él era niño su padre convivía con ella en el Frente, ahora la veía idéntica. Había llegado a quererla como a su madre. Y ella como a su hijo.

Por lo menos habían transcurrido quince años, y durante ellos muchas cosas habían cambiado. Excepción hecha de aquel afecto nacido en los campamentos guerrilleros de Córdoba y Antioquia. Tras haber tenido una relación tan cercana con su padre, las cosas se dañaron en su adolescencia y jamás volvieron a ser iguales. Errores de muchacho que el viejo se negó a comprender.

Ella también terminó separada del padre del muchacho. Vueltas que da la vida guerrillera. Pasaron la tarde recordando viejos tiempos y contándose de sus vidas actuales. En cuanto aparecí yo, el muchacho se desbordó en incesantes preguntas sobre la vida guerrillera, acerca de mis vivencias en filas y una serie de personajes que siempre le parecieron míticos.

Me sorprendió su entusiasmo. Uno cree que un joven medio gomelo de acento antioqueño y formado en la ciudad, poco interés puede sentir por la vida guerrillera. Pero pronto se percata de su error. La admiración por los grandes comandantes de las Farc le latía en el cuerpo y también exponía sus opiniones sobre los Acuerdos de La Habana.

De pronto recordé cuando yo tenía su edad, y me pareció estar contemplándome a mí mismo. A veces tendemos a pensar que la política es una cuestión de viejos, o al menos de personas mayores de ideas asentadas. Olvidamos que la política en realidad la hacen los jóvenes que sueñan, los que indagan. Nosotros a lo sumo dejaremos rastros para que los sigan ellos.

Volví a meditar en ello al intercambiar por el chat con Inio, un muchacho de Caño Indio a quien conocí en el Catatumbo hace unos años. Me llamó la atención su aspecto de académico, aunque luego supe que tenía muy poceos estudios. En cambio lo devoraba la pasión por la técnica. No había aparato electrónico que él no se midiera a reparar como el mejor experto.

 Me escribió para contarme que prácticamente ahora conviven con el Ejército en el ETCR (Espacio Territorial de Capacitación y Rehabilitación). Antes, cuando el cese el fuego y la zona veredal, la tropa se mantenía a prudente distancia. Ahora, con el tema de la seguridad al Espacio, los soldados se han ido corriendo acá y grupos de ellos piden permiso para penetrar con frecuencia. Quise conocer la reacción de la gente.

La respuesta me sorprendió. Ninguno lo ha tomado mal. Claro, han hablado del asunto internamente, pero su decisión ha sido no confrontarlos. Por el contrario, sus esfuerzos se dirigen a confraternizar con ellos. Incluso a comprenderlos. Por ejemplo, les llama la atención el modo como afrontan lo de sus abastecimientos. No deja de parecerles extraño.

Ahora mismo tenían cuatro días de atraso en la provisión. Y se acercaban al economato de la antigua guerrilla a pedir que les vendieran algo. Tenían que explicarles que no se podía, los del gobierno son muy estrictos con los abastecimientos que aportan. No permitirían que se diera algo así. Los soldados nombran un ecónomo que tiene que solucionarles el asunto.

Y si no lo hace, la tienen todos con él. También cuentan que sus mandos son muy estrictos en cuestiones de disciplina. Les exigen un trato muy respetuoso y prudente con los antiguos guerrilleros. Un soldado narró a Inio que le había contado a su madre, por teléfono, que se hallaba en el campamento de la guerrilla, y que ella lo había reprochado alarmada.

Él había procedido a explicarle que nunca antes en su vida había sentido tanta tranquilidad. Su vida era muy distinta, ahora tenía oportunidad de dormir e incluso de jugar, sus preocupaciones anteriores habían desaparecido por completo. Le insinué a Inio que estaban haciendo un gran trabajo político, que se daban a conocer como en realidad éramos.

Entonces me respondió riendo, como un zorro en política, con una clásica consigna de Timo: Recuerden, que para que el trabajo rinda, hay que sacar tiempo para afilar el machete. Me invadió una gran satisfacción, sin duda algo se agita en Colombia tras la firma de los Acuerdos de La Habana, y ya nadie ni nada podrá detenerlo.


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