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Calumnien, que de la calumnia algo queda

Análisis
Tomado de Las 2 Orillas
Por Gabriel Ángel




Esta es la consigna que reviven hoy quienes pujan por arrebatarle al senador Uribe el primer lugar en la aversión como fuente principal de pensamiento




Colombia es un país signado por odios inmemoriales. De eso da cuenta la realidad que atraviesa nuestro país. El conflicto armado con las Farc tuvo origen en furiosas diatribas contra las colonias agrarias fundadas en regiones lejanas, a las que se acusó de falsamente de conformar repúblicas independientes y cometer todo tipo de atrocidades.




Más de medio siglo después, tras una guerra que dejó ocho millones de víctimas, firmado el Acuerdo de Paz con las Farc que consiguió poner fin al largo conflicto armado, las voces inspiradas en la repugnancia y el desprecio siguen azuzando y lanzando fuegos, porque les resulta imposible admitir que se pueda vivir en un país reconciliado y distinto.




Fueron pactadas en La Habana fórmulas para poner fin al problema de los cultivos de uso ilícito, así como para atacar frontalmente los cánceres del narcotráfico y la corrupción. Sin embargo parece que existiera una conspiración para impedir su cabal cumplimiento. Como si prendiera una vela al diablo, el gobierno aplica simultáneamente la erradicación forzada.




El mundo entero es testigo hoy de una situación que resulta incomprensible. Repetidamente tenemos noticia de la firma en una y otra región del país de pactos de sustitución concertada de cultivos, con presencia de muy altos funcionarios estatales. Pero en pocos días, en esas mismas regiones, se conoce de operaciones represivas de erradicación con muertos incluidos.

En casos como el de Tumaco, en Nariño, no tardan en brotar las más inverosímiles justificaciones. Supuestamente en medio de cercos de Ejército y Policía, una protesta de la comunidad resulta infiltrada por bandas disidentes que arrojan cilindros de gas. En cuanto se descarta semejante invención, la Fiscalía de Néstor Humberto apela a los pretextos más absurdos.

Como no se puede burlar que los disparos provinieron de armas policiales, resulta que hace meses se presentó un robo de fusiles y entonces los proyectiles pudieron provenir de esos fusiles y no de los de los policías presentes. Además, está el informe técnico sobre la trayectoria de los disparos y la ubicación de masacrados y policías, que viene a enredarlo todo aún más.



Al fin y al cabo los muertos y heridos no son más que miserables campesinos. De los mismos esos que se agredió en Marquetalia. Y que no lleguen comisiones humanitarias a intentar escarbar la verdad, así sean de la ONU o la OEA. Hay plomo suficiente para todo el que esté del lado de esa gentuza despreciable. Y aquí no pasa nada, excusas sobrarán en cantidades.

Después de todo hay gente tan respetable como Germán Vargas Lleras, absuelto de sus vínculos con bandas paramilitares y narcotraficantes del Casanare, gracias a la red de corrupción en la Fiscalía y las cortes, lista a salir lanza en ristre contra las Farc, arguyendo que lo de las bandas disidentes no es más que un montaje para seguir en la delincuencia.

Con lo que se siguen encendiendo los odios del modo más irresponsable. Ya no se trata tan solo del impoluto senador Uribe, sino que otras voces pujan por arrebatarle el primer lugar en la aversión como fuente principal de pensamiento. Así a nadie importará que se masacren excombatientes de Farc como en San José de Tapaje, Isupí, Nariño, el 15 de octubre.

O que asesinatos como el de José Jair Cortés resulten hechos perfectamente explicables para una sociedad envenenada contra las comunidades agrarias que claman por asistencia. Así las cosas, un paro nacional campesino como el que se cumple estos días, en exigencia de lo acordado en La Habana, ni siquiera merece la atención de los grandes medios.

Que en cambio sí casi que celebran las maniobras de la ultraderecha en el Congreso de la República, a objeto de impedir el avance y aprobación de diversos textos legales que desarrollan el Acuerdo Final. Las circunscripciones especiales para la paz, la reforma política y la ley estatutaria de la JEP sobreviven a duras penas en el ambiente hostil de las calumnias e injurias.

El odio exacerbado al límite de la irracionalidad conduce a espectáculos tan vergonzosos como el presentado por algunos parlamentarios del CD ante la presencia, tras una formal invitación, de delegados de Farc a una audiencia en la Cámara de Representantes. Y a la prohibición de una nueva presencia de Farc allí, que acaba de decretar el señor Rodrigo Lara.

Seuxis Pausías Hernández, o Jesús S., fue designado vocero plenipotenciario de Farc en los diálogos de La Habana desde el inicio de las conversaciones en noviembre de 2012. Y toda su vida guerrillera la vivió en la costa Caribe. Así que es absurda la revelación que hace el Fiscal sobre su responsabilidad en desplazamientos y homicidios en Nariño en el año 2013.

Calumnien, que de la calumnia algo queda, es la infame consigna que reviven hoy los pregoneros del odio. Esos no pueden seguir manejando Colombia.

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