Ir al contenido principal

El asesinato de Gaitán, las víctimas y la memoria

Análisis
Tomado de FARC-EP
Por Timoleón Jiménez




Confiamos en que este 9 de abril sea la ocasión para meditar y alistar la alborada del nuevo país que soñamos.
El 9 de abril, dedicado desde hace unos años a la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas,  significó siempre para los colombianos una fecha histórica. Por el llamado Bogotazo, que otros prefieren denominar Colombianazo, por cuanto el levantamiento popular en respuesta al crimen de Jorge Eliécer Gaitán se produjo en todo el país y no solo en la capital. Para cualquier estudioso del conflicto colombiano ese día representa un referente ineludible.
Quizás jamás se conozca el número exacto de los colombianos y colombianas que perecieron aquella fecha trágica, y la cifra de doscientos o trescientos mil que murieron en los años subsiguientes, en el período que se conoce como la Violencia, casi se convirtió en una cantidad para citar, carente del contenido de sufrimiento y despojo que en realidad implicó. Es el riesgo que se corre cuando los dígitos se agregan unos a otros y adquieren autonomía.
El profesor Renán Vega Cantor cita en su magnífico trabajo para la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, al coronel norteamericano H.W. Hausman, quien el 18 de mayo de 1948, a un mes largo del asesinato de Gaitán, dejó sentada esta consideración:
“Mucha gente, aun liberales de izquierda, parecen haberse puesto de acuerdo en el sentido de que Colombia salió bien librada en comparación con lo que Gaitán vivo habría logrado (…). Todo el mundo, con excepción de los gaitanistas furibundos, parece sentirse contento de que Gaitán se haya ido. Los conservadores consideran que una gran amenaza ha sido erradicada; los liberales moderados lo consideraban tan amenazador para ellos como lo era para los conservadores; las actuales directivas del Partido Liberal y miembros del gabinete conservan sus nuevos cargos únicamente debido a que Gaitán dejó de ser un obstáculo”.
La cuestión para los estrategas norteamericanos estaba clara, nadie reclamaría por el viaje que había emprendido Gaitán. Su muerte representaba un alivio general. Para las  élites, claro está. Porque para el pueblo que lo había convertido en ídolo y esperanza de redención, las cosas eran muy distintas. Eso no sería problema, satisfecha la cúpula política bipartidista, para los de abajo sobraría la fuerza bruta, que murieran como había desaparecido su líder.
Y que de paso se recompusiera para beneficio de unos cuantos la propiedad de la tierra. Colonos de hacha y machete habían convertido en fincas productivas las selvas montañosas del centro del país y las sabanas del oriente. Un botín codiciado por gamonales y señores bien, para quienes resultaba más que conveniente la muerte del caudillo y la violencia que le seguiría.
Es que los poderes históricamente dominantes en Colombia han habituado la mente de la masa que gobiernan a una doméstica aceptación de sus versiones. La principal de las cuales consiste en adjudicar a los de abajo, a sus víctimas, a los despojados y perseguidos, la responsabilidad por sus acciones criminales. Expresiones que calaron en la mentalidad colectiva por mucho tiempo lo demuestran, indio bruto, negro atrevido, chusma embravecida.
Gentes de otros espacios o de generaciones nuevas, que no conocieron directamente la realidad tal como se presentó, terminan siendo engañadas fácilmente por el discurso oficial, repetido incesantemente en los grandes medios, en la escuela, en las iglesias y en las cátedras. Para Gaitán fue claro que los intereses de las compañías norteamericanas estaban por encima de los del propio pueblo trabajador, que para eso estaban el gobierno y las fuerzas militares, para garantizar sus privilegios a los grandes inversionistas que saqueaban el trabajo y las riquezas del país.
“(…) eran colombianos y la compañía era americana y dolorosamente lo sabemos que en este país el gobierno tiene para los colombianos la metralla homicida y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano (…). El suelo de Colombia fue teñido en sangre para complacer las arcas ambiciosas del oro americano”.
Sin embargo todas las versiones de prensa y del gobierno echaron a rodar la especie de una conspiración bolchevique incitada por comunistas con el propósito de generar un alzamiento que echara abajo el gobierno. Ellos habían llevado a los trabajadores bananeros a cometer previamente innumerables latrocinios hasta que la autoridad los frenó. Además los muertos habían sido apenas siete y no los miles que la extremista propaganda roja alegaba.
Igual pasaría con el 9 de abril. El General George Marshall, que encabezaba la delegación de los Estados Unidos a la Novena Conferencia Panamericana en Bogotá, y que traía en manos un plan de lucha continental contra el comunismo para dejarlo como tarea a lo que sería la OEA, culpó al comunismo internacional por el asesinato de Gaitán, versión que recogieron de inmediato el gobierno conservador, algunos jefes liberales y la gran prensa de la época.
De allí que en las alturas prime la tendencia a seleccionar como víctimas solamente a aquellas que le sirvan para reforzar su torcida versión de la realidad, mientras se desconoce o desprecia aquellas cuyo reconocimiento implicaría que la otra verdad salga a flote. Es lo que combatimos con serios y sólidos argumentos en la Mesa de La Habana.
En la confrontación armada que por más de medio siglo se cumplió en el país, las víctimas no son sólo las que desde el poder insisten en atribuirnos, sino sobre todo los millones de colombianos y colombianas sacrificados por cuenta del ánimo de lucro de ciertos sectores privilegiados, los que inspiraron y atizaron permanentemente la guerra.
Contra toda evidencia histórica, para el Establecimiento está definido que los insurgentes jamás podremos ser considerados víctimas. Pero hay que ver el modo como se soplan cuando se les habla de los crímenes de Estado. Eso no existe, ni jamás existió para ellos. Si acaso excesos de algunas manzanas podridas que violaron órdenes por su exclusiva decisión. Aun así, no ocultan su insistencia en conseguir el modo de esquivarles las responsabilidades penales.
Finalmente se concretó el Acuerdo Definitivo que incluye un largo y detallado punto sobre los derechos humanos de las víctimas y la verdad, desarrollado en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición. Las FARC no tenemos el menor resquemor en que salgan a flote todas las verdades sobre lo acaecido en nuestro país durante las décadas pasadas, como tampoco vacilamos para pedir perdón a todos aquellos que hubieran sido afectados por nuestras conductas. Recién lo rubricó Carlos Antonio Lozada con relación al Club El Nogal.
La reciente firma de los decretos que dan vía libre a la creación de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición y a la Unidad Especial para la Búsqueda de Personas dadas por desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto, serán poderosos instrumentos para ello, al lado de la Jurisdicción Especial para la Paz.
Las organizaciones y familiares de las víctimas, sin cuya lucha hubiera sido imposible llegar a esos acuerdos, tienen ahora abiertas las puertas para preparar y acreditar lo que se convirtió por fuerza de los hechos en su principal razón para vivir. Colombia sólo será distinta cuando la verdad haya salido a flote y los victimarios deban responder por sus hechos. Confiamos en que este 9 de abril sea la ocasión para meditar y alistar la alborada del nuevo país que soñamos.
La Habana, 9 de abril de 2017.

Comentarios

Entradas populares de este blog

“2021, el inicio de año más violento desde la firma del Acuerdo de Paz”: JEP

  Noticia Colombia 2020 La Unidad de Investigación y Acusación del Tribunal de Paz entregó el informe de monitoreo de riesgos de seguridad que revela que, entre el 1 y el 24 de enero de este año, se han presentado 33 enfrentamientos, amenazas y masacres, 18 hechos más que en el mismo periodo en 2020. Las amenazas de muerte a líderes sociales, los enfrentamientos armados entre fuerza pública y otras estructuras criminales y las masacres son los tres hechos violentos que más se han presentado en los primeros 24 días del 2021. Según una investigación del Sistema de Monitoreo de Riesgos de la Unidad de Investigación y Acusación, conocida como la Fiscalía de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), este comienzo de año ha sido el más violento desde la firma del Acuerdo de Paz. La UIA también reveló que cada cinco días está siendo asesinado un excombatiente de las Farc y cada 41 horas, un líder social. “Los resultados de este monitoreo son preocupantes: 14 enfrentamientos armados entr...

Acceso a tierras, un grave incumplimiento al Acuerdo de Paz

  Análisis Por María Méndez Colombia Soberana El Acceso a tierras es una necesidad primordial en Colombia y un punto fundamental en el Acuerdo Final de Paz firmado entre las FARC- EP, hoy Partido Comunes, y el Estado colombiano. A pesar de esto, la falta de voluntad Estatal y el incumplimiento gubernamental son alarmantes.  Foto tomada de Internet. Por Verdad Abierta  Sobre implementación lea: Implementación del Acuerdo de Paz, combate entre la simulación y la construcción de un nuevo país La tergiversación de los PDET, manipulación e incumplimiento Estatal Participación política, una apertura democrática a la que los poderosos no le quieren dar paso Los ataques a FARC, a la implementación del Acuerdo y la afrenta a las víctimas Exguerrilleros en Mutatá: Entre el desplazamiento forzado y la paz Garantías de Seguridad del Acuerdo Final: la implementación que puede salvar vidas El problema del acceso a tierras y la permanencia pacífica en ellas, fue uno de los detonantes de...

Excombatiente de las Farc fue asesinado en Antioquia

   Noticia Colombia 2020 La víctima es Juan Carlos Correa, firmante de paz de 35 años, quien, según informó la comunidad, había sido interceptado por hombres armados en el municipio de San Andrés de Cuerquia. La noticia se dio a conocer en medio de la Segunda Asamblea Nacional que adelanta el partido político FARC. En la noche de este sábado 23 de enero, se dio a conocer la noticia del asesinato del exguerrillero Juan Carlos Correa, quien fue encontrado sin vida en el municipio de San Andrés de Cuerquia (Antioquia), de donde era oriundo. Correa tenía 35 años, fue firmante de paz y se encontraba en proceso de reincorporación. De acuerdo con las primeras versiones, Vanessa Correa, hermana de Juan Carlos, notificó a las autoridades sobre el secuestro de su hermano, quien desapareció cuando conducía una motocicleta en la vía que conduce del corregimiento de Valle de Toledo al municipio de San Andrés de Cuerquía. La llamada se realizó luego de que pobladores de la zona vieran cómo ...