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Tragedia nacional: la lógica del plomo

Análisis
Por Miguel Ángel Herrera Zgaib - Profesor asociado, director del grupo Presidencialismo y participación; exdirector de Ciencia Política y Unijus, Universidad Nacional. Ex rector U. Libre de Colombia.




Cuando se inicia una nueva ronda de conversaciones en torno a la paz,  el día jueves pasado, hay una incursión área sobre un campamento del frente 29 de las Farc – Ep, en Buenos Aires, Cauca, y del bombardeo resultan 26 guerrilleros muertos, una mujer y un niño heridos, de acuerdo a los primeros reportes castrenses. Todo ello con fatídicas celebraciones oficiales del liberal Juan Manuel Santos, que deshonran la fe que dicen es la de la mayoría de la entelequia llamada pueblo colombiano, según sea la conveniencia.

En el día viernes 22, las Farc – Ep anuncian como respuesta a esta acción “tan heroica” como la que resulta del estallido de minas quiebra-patas debajo de los pies de transeúntes civiles, militares o policiales, que dan por terminado el cese unilateral del fuego, que habían decretado meses atrás.

Esta iniciativa que no va más, procuraba que el gobierno, y el bloque en el poder que lo respalda tuviera una correspondencia. A lo máximo que llegó el presidente Santos fue a ordenar la suspensión de los bombardeos sobre los objetivos en el campo de las fuerzas insurgentes subalternas.

Pero, tal restricción la levantó luego que murieron 11 militares en territorio caucano, en un asalto guerrillero al paraje en el que se encontraban acantonados, bajo el comando de un sargento, porque no había un oficial cuando se produjo dicha acción.

Las condiciones en que ocurrió ese ataque, las Farc – Ep rechazan las versiones oficiales, y pobladores plantearon también en su momento que no era así como ellos recordaban lo ocurrido. Más aún, que algunos habían reclamado que la cancha del poli-deportivo, no era un sitio adecuado para que acamparan en una zona atravesada por las coordenadas de la guerra.

Después, vino la pérdida de las piernas de un militar profesional, un cabo, en Arauca, cuando según se dijo que pisó una mina. Además se atribuyó que sus piernas habían sido izadas en una cerca, y que de tal conducta era responsable el ELN. Estos han negado cualquier acción o responsabilidad en tal episodio de la guerra hasta la fecha.

La ruptura y la vuelta a la noria

Con todos estos acontecimientos como antecedente, más las tensiones derivadas de la solución a lo que cada antagonistas aspira a obtener en el asunto de la justicia transicional, y cuando se despide un ministro de defensa, y es reemplazado por un dirigente industrial, ambos con el beneplácito estadounidense, el presidente vuelve a manera de “oráculo” a señalar que el pueblo colombiano está fatigado con la espera por la paz.

De hecho, la expresión pueblo es una abstracción, que tiene de ancho y de largo, como también la opinión pública, para endilgarse cualquiera el ser el portavoz de “la voz de dios”. Menos en este país, donde la libertad de expresión, el ejercicio de periodista es también un oficio mortal, sobre todo en lugares distintos a la capital.

Pero, no vamos a hacer una reflexión sobre las porosidades de esos dos entes abstractos, sino a ir directo al asunto, que este viernes vuelve a ponerse de presente, como si se tuvieran dudas acerca de por qué están sentados a la mesa de negociaciones gobierno e insurgencia subalterna.

La verdad efectiva de la cosa, para incrédulos, y testarudos de cualquier parte, obedece a que las Farc – Ep no fueron liquidadas en las campañas militares que arrancan con el Plan Colombia como ejercicio estratégico y que recibió diversos nombres durante los dos gobiernos del ex Álvaro Uribe Vélez.

Otro hubiese sido el cantar, si la seguridad democrática, en tanto liquidación de la guerrilla hubiera triunfado, pero no fue así. Después de su repliegue, las Farc – Ep volvieron a desarrollar operaciones comando, en pequeña escala en ascenso, hasta el punto que la fundación Valencia- Ávila registraron tales cambios en las propias barbas del primer presidente reelecto.

Lo que quiere decir, que al no ser liquidada militarmente, la insurgencia, el segundo de Álvaro, su ministro de defensa, se hizo elegir con el cometido y el convencimiento, como la autorización de su aliado principal, de hacer la paz con su contrincante, su enemigo de clase. Y en esas estamos por algo más de dos años.

Pero, todo parece indicar, que tal libreto ahora se borra con la aventura que hasta la paz se puede tirar por la borda, y que la acción implacable, aérea, podrá al fin de rodillas a su antagonista. Porque, ahora, se rehusa a convertirse ambos en adversarios. Para lo cual, lo más sensato es hacer efecto un cese bilateral al fuego.

No. Ahora se regresa a la aritmética y a la geometría de la guerra fratricida. Y se pretende hablar de héroes, cuando lo que en verdad tenemos delante son escenas tragicómicas que consumen millonadas que debieran, urge darles otro destino.

Regresa Colombia a la “triste” épica del oeste americano, a dirimir el conflicto a tiros, bombas, minas, y demás. “Hasta que San Juan agache el dedo”. O de pronto, el “bueno” de Francisco, quien quiere recuperar la hegemonía del catolicismo romano sobre amplios sectores de la sociedad civil en nuestro territorio, y en el vasto traspatio religioso que es América Latina.

 Y está claro, las Farc – Ep están dispuestas a darse plomo, en condiciones de una guerra asimétrica, donde están sujetas a los riesgos del bombardeo sistemático a costillas de los contribuyentes colombianos, y de la inteligencia y la vigilancia estadounidense de sus movimientos, por una parte; y el presidente Santos, su flamante mindefensa Luis Carlos Villegas, a seguir poniendo carne de cañón joven, los soldados profesionales para pavimentar con sus cuerpos y extremidades los intereses de la propiedad privada capitalista.

Lo piensan, lo calculan en razón de las elecciones regionales del mes de octubre próximo; para disputar sin tapujos el presidente y su partido de la U, el primer lugar en “popularidad” enfrentando a los señores de la guerra, con el Centro Democrático como su eje.

Pero, tanto unos como otros hacen la guerra desde las oficinas, el congreso, o sus casas de habitación, sin arriesgar su pellejo, porque mantienen una vigilancia pagada por los contribuyentes, por si algún loco, o enemigo se dispone a atentar contra sus vidas.

Colofón Vital

Podemos anticipar que resultará de la terminación del cese al fuego: más muertos, más tragedias familiares, más daños irreparables para los colombianos más humildes y necesitados. Entonces, es tiempo de adelantar acciones multitudinarias que fuercen a que se haga efectivo un cese bilateral al fuego; que haya una representación estable y permanente de la sociedad civil en la mesa de negociaciones hasta la implementación de los acuerdos a que se llegue. Y que se proceda a escuchar por parte de todo el país las narrativas de los doce estudiosos del conflicto colombiano, para que todos sopesemos su retórica, sus argumentos y los hechos que la sustentan.

Para que nos preparemos, una vez se decrete y pacte el cese bilateral al fuego con la veeduría de la propia ciudadanía nos dispongamos a que se termine la agenda, y a que se prepare su refrendo por vía del constituyente, sin atenuantes ni talanqueras ni sofismas de ninguna especie. Estamos en vigilia combativa por la vida y, a contramano, de la muerte. Provenga de donde proviniese. Ya hemos tenido demasiada estupidez e incapacidad juntas a lo largo de este cruento e inútil medio siglo en materia de convivencia y madurez social, política y económica.

Edición 447 – Semana del 22 al 28 de mayo de 2015

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