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El cuento de la doctrina militar

Análisis
Tomado de Kaos en la Red
Por Semanario Voz

Colombia: El cuento de la doctrina militar

La Doctrina de Seguridad Nacional establece que las Fuerzas Militares actúen como un gran partido anticomunista armado con cañones, tanques y aviones; y que todas las instituciones y la sociedad se pongan a su servicio para combatir al enemigo interno
Una de esas opiniones de los negociadores de las FARC-EP en La Habana ha generado un maremágnum político, en especial en los sectores de la extrema derecha capitaneados –por aquello del capo– por Uribe Vélez y su muñeco de ventrílocuo (chirolita, le dicen los lunfardos argentinos), así como por el gaznápiro ministro de la Guerra. ¿El tema? La doctrina militar.

Cabe recordar que el ejército colombiano fue re-creado comenzando el siglo XX tras el definitivo hundimiento de los restos del ejército libertador, cuyo desmoronamiento comenzó con la caída de la república artesana de 1854, reemplazado por mesnadas o montoneras armadas al servicio de terratenientes advenidos en caudillos de guerra civil, lo que se prolongó hasta mucho después de la Guerra de los Mil Días.

Guerras mundiales
Terminada la Primera Guerra Mundial, con el ascenso de los EEUU como la potencia más beneficiada de los resultados de esa contienda –sin los estragos que a Europa se causaron– y por la imposición a nuestros países de la Misión Kemmerer (consentida por los cipayos de los gobiernos nacionales) Colombia, por ejemplo, quedó atada al yugo imperial con la dependencia militar de los EE.UU. Militares colombianos reconocen este hecho, y cómo sucesivas misiones militares impusieron desde el cambio de armamento hasta arrendarse como vagón de cola.

La compra de la chatarra militar y armamento obsoleto de EEUU, sobrante de la Primera Guerra, para modernizar su panoplia, trajo a estos países como primer acto la guerra colombo-peruana, de la que escribió largo el general colombiano Julio Londoño.

Finalizada la II Guerra Mundial de la que EEUU emerge como la primera potencia militar, sustentada en el terror atómico, y con la pérdida de apenas poco más de 405 mil muertos (frente a 30 millones de soviéticos, más de 15 millones de alemanes, etc.), sin sufrir ni un bombazo en su territorio; y como primera potencia económica capitalista con la imposición del Plan Marshall –endeudamiento que apenas termina de pagarse–, el complejo militar-industrial inicia una serie de maniobras, que llamaron “guerras de aproximación” (proxy war, en inglés) iniciando en Corea.

Una muestra de abyección y sumisión fue el envío por nuestra patria del Batallón Colombia a esa lejana guerra. Los EEUU desde 1947 expidieron la llamada ‘Acta de Seguridad Nacional’, mediante la cual se crearon el Consejo de Seguridad Nacional y la CIA, entre otros, además de la teoría de las proxy war.

Las proxy war tenían como finalidad detener el avance de los movimientos de liberación nacional y la potencial construcción de regímenes alternos al modo de producción capitalista –separados de la égida colonial imperialista– sin tener que acudir al arma atómica o cuando mucho a armas nucleares de pequeño poder (guerras limitadas las llamó Henry Kissinger) por el temor de la respuesta de la URSS y China Popular.

La reunión de los 81 partidos comunistas y obreros de 1960 y el llamado al apoyo y fortalecimiento de la lucha de liberación nacional generó como respuesta lo que los franceses (el general D’Allegret con su experiencia de Indochina y Argel) llamaron las “guerras revolucionarias”; y en América Latina, impuesta desde la Escuela de Guerra del Canal de Panamá, la “seguridad nacional”.

Plan Laso
En 1962, antes de iniciar el Plan Laso (contra Marquetalia, Riochiquito, etc.) por las experiencias y el pavor de la revolución cubana, vino a Colombia el general gringo William Yarborough, comandante de Fort Bragg en Carolina del Norte, quien impulsó la célebre escuela de contrainsurgencia expuesta en una separata especial llamada “suplemento secreto”. Contenía la estrategia para organizar “grupos paramilitares secretos para llevar a cabo operaciones militares encubiertas contra la oposición doméstica nacional”, entre otras.

El manual de contrainsurgencia es anterior a la existencia de las actuales guerrillas, y cuando existía un campesinado desmovilizado desde 1958, dedicado a labores pacíficas, civiles y agrarias. (Cabe recordar que Tirofijo en esas épocas fue inspector de carreteras al servicio del Estado).

Con el diseño de la lucha en dos frentes: internacional en la contención del comunismo, dejado como papel a los EEUU; y nacional –en especial en Latinoamérica– para ahogar la rebelión y la subversión, se diseñaron y perfeccionaron diferentes instrumentos que dan cuerpo a la llamada “Doctrina de la Seguridad Nacional”, supérstite en Colombia, entre otros países de la región.

De acuerdo con ésta (que no está escrita pero es un cuerpo de doctrina en la acepción de enseñanza-aprendizaje, de praxis) la labor principal de las FF.AA. es el combate al ‘enemigo interno’. Del concepto de Defensa: “prevención y oposición a una amenaza”, se pasó al de Seguridad: “control de un riesgo”, lo que no es de poca monta, pues el riesgo comenzó a ser visto como la amenaza a la estabilidad político-ideológica. Fue ideologizar a un enemigo.

Uno de los principales cajones de resonancia de la política gringa fue el general brasileño Golbery de Couto e Silva, encargado de difundir a profundidad las tesis de la seguridad nacional, apoyado además en el concepto de geopolítica, diseñado especialmente por generales alemanes nazis o pro nazis, y en los preceptos de la llamada estrategia global para la guerra total. Es decir: todas las instituciones y la sociedad puestas al servicio de la fuerza militar, para combatir al enemigo interno encarnado en una ideología.

En 1965, en un curso en la escuela de West Point, el general Juan Carlos Onganía, comandante del ejército argentino, expuso en su discurso lo que sería el cuerpo doctrinal. Las Fuerzas Armadas de estos países, con base en tales directrices, se convirtieron en una vanguardia de todas las instituciones del Estado en la lucha contra el enemigo interno, que fue ya no solo el comunismo y las ideas socialistas, sino hasta las liberales a las que se consideró permisivas con el comunismo. En esencia las FF.MM. pasaron a actuar como un gran partido anticomunista armado con cañones, tanques y aviones.

En Colombia
En Colombia –no casualmente– por esas mismas épocas, mediante decreto legislativo 3398 de 1965 (expedido bajo estado de sitio) se creó el Consejo Superior de la Seguridad Nacional como cuerpo doctrinario, que en una de sus consideraciones se justifica por “los compromisos en el campo internacional”. El decreto-ley fue convertido en legislación permanente mediante ley 48 de 1968. Con esos instrumentos legales se subordinaron a la dirección de las FF.AA. hasta instituciones antaño tan respetables como la Defensa Civil y la Patrulla Aérea Colombiana, con un rango para-estatal.

Es de señalar que tales normas legales no han sido derogadas, sino fortalecidas y refrendadas después de la Constitución de 1991; así como no se ha superado el adoctrinamiento anticomunista en los diferentes batallones, donde los manuales diseñados y dictados por EEUU siguen siendo cartillas de instrucción. Colombia además sigue atada de tal forma a los dictados del imperio que, tras la bancarrota del TIAR –cuando el país se puso al lado norteamericano, que a su vez se alinderó con Inglaterra contra la Argentina–, es de los pocos países que reivindican ese tratado supuestamente para impedir que otras ‘potencias actúen militarmente en América’, y llegó a tal la abyección del actual ministro de la Guerra que ofreció meter al país a la OTAN.

De modo que sí hay que hablar de la doctrina militar (que no es tocar la estructura) de las FF.MM., pues la doctrina de seguridad nacional –que AUV pretendió rebautizar con el remoquete de seguridad democrática– es un anacronismo especial para la guerra interna pero no para un período de solución de conflicto armado interno, pues es la defensa a muerte del statu quo.

Luego hablaremos de una propuesta de modificación sustancial de esta. Es decir el restablecimiento de la doctrina patriótica, independiente, popular e incluyente del ejército libertador comandado por Simón Bolívar.

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