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La crisis panelera

Análisis 
Tomado de Prensa Rural
Por Crónica del Quindío

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La región del Eje Cafetero tiene una gran tradición de consumo de panela, que proviene desde el proceso de la colonización en el siglo XIX. Si había algo que no podía faltar en las fincas que se abrieron en ese siglo era la aguapanela o aguadepanela, una bebida energética, proveniente de la caña de azúcar, que molida en trapiches genera este alimento de primera necesidad en Colombia. Y la tradición continuó durante el siglo XX. Muchas personas crecieron añorando la aguapanela, sola, con leche o con café.

Para el caso del Quindío, los trapiches paneleros fueron desapareciendo, dando paso a la siembra de café, hasta los años 80 del siglo XX. La aguapanela fue reemplazada, poco a poco, por otras bebidas, pero su tradición alimenticia se niega a morir. La siembra de caña de azúcar para panela se ha desplazado a otros departamentos, donde las condiciones de clima y suelo son más propicias. Tanto, que podemos afirmar, con datos del ministerio de Agricultura, que en la actualidad existen unos 20 mil trapiches paneleros en Colombia.

El país, hoy, produce 1’300.000 toneladas de panela por año, que valen cerca de mil millones de dólares y representan el 7% del Producto Interno Bruto Agropecuario. Se estima que hay sembradas cerca de 240 mil hectáreas de caña panelera en 350 municipios de 27 departamentos paneleros, que incluyen al Quindío, a pesar de la disminución sustancial de estos cultivos en la región.

Con estos cifras, el Ministerio de Agricultura asegura que este renglón, el panelero, es el principal generador de empleo en el campo. De la panela dependen 1’750.000 empleos entre directos e indirectos. Esta es, sin duda, una industria que proporciona un extraordinario valor social, por la ocupación regular y constante de tanta gente en lugares diversos y distantes del país. Sin embargo, no se le ha dado la suficiente importancia a su producción. Los paneleros fueron muy prudentes en los paros agrarios del año pasado y, tal vez por eso, no se les ha dado la trascendencia que merecen.

Por el contrario, el Gobierno ha seguido con una política equivocada para el sector. En los dos cuatrienios de Álvaro Uribe se desarrollaron falsas expectativas en sectores productores de caña panelera con el tema de alcoholes carburantes, y se les incentivó a siembras masivas, que jamás fueron compensadas con la puesta en marcha de las fábricas productoras de alcohol. Los campesinos utilizaron estas siembras para panela, provocando una sobreproducción de 400 mil toneladas por año, lo que influyó muchísimo en los precios, en forma negativa.

Además, el gobierno abrió la importación de jarabes de maíz y azúcar subsidiada, con lo que se elaboró una panela más barata y de baja calidad que también afectó el mercado. El gobierno de Uribe importó 180 mil toneladas de jarabe por año, y este ya ha autorizado la llegada de 360 mil toneladas/año, beneficiando a algunas multinacionales, pero perjudicando a los agricultores pequeños y medianos del país. La panela de caña colombiana se produce en unas 70 mil fincas, cuyo promedio de tenencia de la tierra es de 3,42 hectáreas. Estamos hablando de la pequeña propiedad campesina familiar, que sale afectada con la política de importaciones del gobierno.

Los paneleros pasan por una grave crisis. La posición dominante de unos pocos comerciantes de panela en centrales mayoristas, con un producto de baja calidad, proveniente de azúcar y jarabe subsidiado, importado, deja expósito al campesino, que tiene que sucumbir a los precios de este mercado especulativo. La ruina en que han caído, los convierte en candidatos a protagonistas de la protesta campesina del 2014. Esperamos que el gobierno los atienda, controlando la especulación y la importación de azúcares y jarabes de maíz. De lo contrario, los tendremos en las calles, armados de ‘panela’, impulsando un nuevo paro.

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