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Una libra de café, un machete y un hacha

Análisis
Tomado de Cambio Total
Por: Cristo García Tapia

Aquel liberalismo que apoyó la desmovilización de las “guerrillas liberales de los Llanos”, no existe ya.

Ni ostenta poder alguno diferente del de las redes clientelares, los carruseles de la corrupción y las alianzas paracas.

Ni memora en sus registros oficiales el apoyo dado a la conformación de guerrillas campesinas para “defenderse de la policía conservadora”, que cumplía la macabra orden de “guerra santa” contra los liberales impartida desde arriba.

Ni tiene dolientes que se percaten de su acabamiento. Ni se le recuerda ni menciona.

Ni siquiera en los registros mediáticos de la celebración de los sesenta años de la desmovilización de las guerrillas legendarias  de los Llanos, en Monterrey, Casanare, se le vio la cara a quien funge como Director de la colectividad roja.

Quizá, para no dejar entrever su impericia lectora cuando de traer a cuento alguna protocolaria remembranza de la organización política que hoy regenta por misión de un delfinazgo, heredado e instituido como requisito para merecer todos los  honores y cargos en la nomenklatura del establecimiento colombiano.

El que en un largo periodo de la historia nacional fue decisivo en los procesos de modernización del país, en la apertura democrática y electoral a otros credos, doctrinas y organizaciones políticas, es probable que hoy no sea materia de conocimiento ni de interés alguno del ungido por fuerza de la sangre para detentar sin mayores títulos su dirección.

Por tal, creer que su sedicente jefe es apto para dirigir una organización política de la dimensión histórica del Partido Liberal, aun en estado de insolvencia o extinción, no pasa de ser un regateo al menudeo con la historia, con sus jefes históricos y con el liberalismo raso de todos los tiempos.

Y con el país, desde luego, si reparamos en el papel secundario que el Partido Liberal ha tenido en la negociación del fin del conflicto armado que se adelanta en La Habana con otra guerrilla, FARC-EP, igualmente surgida de las entrañas campesinas por la misma causa de la de los Llanos.

Solo que con aquellas de 1953, las cosas tuvieron un precio irrisorio, en especie, y ningún costo político ni reelección presidencial marcando los tiempos y tonos que hoy se tratan de imponer: “un hacha y un machete”. “Y una libra de café”, que solo alcanzaron a recibir los que firmaron primero. (Jorge Enrique Meléndez, El Tiempo, Domingo, 22 de Septiembre de 2013).

Ahhh…Y, a cambio de su desmovilización, un certificado de que no tenían deudas con la justicia.

El mismo certificado que hoy se regatea por la presión de francotiradores nacionales y extranjeros  y que, en la relación costo - beneficio que su expedición entraña para la paz de Colombia, no es que resulte oneroso. Y sí, la menos costosa de las opciones que conlleven a la consolidación de un proceso de paz en Colombia. Y por ahí, a transitar por vía segura y despejada las alamedas de la paz real y efectiva.
Esas que Santos aún no se atreve a remover con decisión y visión de estadista, timorato como actúa por los tiempos alterados de su reelección.

Que para nada coinciden, como el pretende y concibe, con los de la Paz, la Mesa de La Habana y la que ya se empieza a armar con el ELN.

*Poeta
@CristoGarciaTap
elversionista@yahoo.es

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