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Rito Alejo: el carnicero de Urabá y el soldado ejemplar de Uribe

Análisis
Tomado de Otra América
Por Paco Gómez Nadal*

La derecha le puso un sobrenombre al general (r) Rito Alejo del Río: el Pacificador de Urabá. Ahora, el Juzgado 8 Especializado de Bogotá lo ha condenado a 25 años de cárcel por asesinato y vínculo con los paramilitares. Uno de los colombianos ejemplares para el ‘presidente’ (r) Álvaro Uribe. Las comunidades lo recuerdan como "el carnicero".

Rito Alejo del Río en activo... una cara pública y otra real.



El 29 de abril de 1999 el Hotel Tequendama, propiedad del Ejército de Colombia, estaba de gala. Unas 1.500 personas se reunían en un acto de desagravio y homenaje a dos generales: Rito Alejo del Río y Fernando Millán. Los organizadores fueron el entonces ex gobernador de Antioquia y candidato presidencial Álvaro Uribe Vélez y uno de sus ideólogos, Fernando Londoño (ministro de Interior y Justicia entre los años 2002 y 2004).

Aquel día se rendía homenaje a Del Río porque había sido destituido por el entonces presidente Andrés Pastrana, a quien Uribe y sus secuaces acusaban de ‘blando’ con la guerrilla. Claro, que Pastrana no se atrevió a desttiuir a tan prestigiosos milikos hasta que no leyó este párrafo escrito por el Departamento de Estado de EEUU: “Los comandantes militares locales y los grupos paramilitares llegaron a acuerdos tácitos en algunas regiones, y los grupos paramilitares operaron libremente en algunas zonas que se encontraban bajo control militar. Las autoridades asignaron dos oficiales de alto rango, quienes tienen vínculos con los grupos paramilitares a posiciones de alto liderazgo: el brigadier general Rito Alejo del Río Rojas y el brigadier general Fernando Millán Pérez”.

En cambio, durante el masivo homenaje de la derecha (con presencia de reconocidos empresarios ‘paisas’ y de otros `puntos de la geografía nacional', así como de ‘intelectuales’ como Plinio Apuleyo), Uribe, orador de fondo dijo que “nadie mejor que el general del Río comprendió que a Urabá había llegado la hora de la paz, el Estado, la Ciudadanía, y a fe que avanzó notablemente”.  Agradeció que, como gobernador de Antioquia, “en todas partes estaba presente el acompañamiento discreto y eficaz del General”. Por si faltaba algo aseguró que Rito Alejo del Río es “un buen ejemplo para los soldados y policías de Colombia”. Habría que exigir la lista de los 1.500 asistentes a ese sentido homenaje para saber quién es quién…. ¿o ya lo intuímos?

“Al héroe no lo podemos volver ahora el villano. Meter a la cárcel a Rito Alejo es como haber metido a la cárcel a Bolívar después de la Independencia”. Harold Bedoya
Algo parecido cree otro insigne colombiano, que aspiró a presidir el país después de haber sido comandante general de las Fuerzas Armadas, Harold Bedoya. Claro, Bedoya fue el primero en recibir denuncias sobre las macabras relaciones de Del Río con el paramilitarismo por parte del subcomandante de la Brigada XVII de Carepa (Urabá), coronel Alfonso Velázquez. Bedoya destituyó al denunciante y allanó el camino para que Rito Alejo desatara la ira de sus dioses de la muerte en la  Operación Génesis.

Aseguraba Bedoya en una entrevista después de la segunda detención del general (r) Rito Alejo del Río en 2008 que seguía confiando en él “ciegamente”. “Fue un general extraordinario y lo han tratado de la manera más atroz en que se puede tratar a un héroe nacional. (…)Él fue lo mejor de lo mejor. Al héroe no lo podemos volver ahora el villano. Meter a la cárcel a Rito Alejo es como haber metido a la cárcel a Bolívar después de la Independencia”, aseguraba con rotundidad Bedoya. Por si quedaba alguna duda, el ex militar le recomendaba al periodista una ueva fuente: “Pregúntele al presidente Uribe, que lo conoció, que le hizo homenajes… no se le olvide que todo el departamento de Antioquia se volcó en un homenaje al general en el Tequendama. No creo que el presidente Uribe estuviera de acuerdo con homenajear a un criminal”.

 

Cuando conocí al “carnicero de Urabá”

Si Uribe, como gobernador de Antioquia, condecoró a Rito Alejo del Río y lo llamó “el Pacificador de Urabá”, las organizaciones de Derechos Humanos y las comunidades del Urabá antioqueño y chocoano lo conocen como “el carnicero”. Un hueso demasiado grande para este periodista cuando sólo tenía 25 años.

Era julio de 1996 cuando conocí a Rito Alejo del Río. Hacía prácticas en el diario El Colombiano y caí en Urabá: la guerra desangraba las bananeras, la entonces alcaldesa Gloria Cuartas me conmocionaba con cada gesto de dignidad y valentía; me tocaba beber hasta caerme con milicianos de la guerrilla y con paracos para conseguir información; se daban los primeros intentos de neutralidad de las comunidades… y yo… yo era un pelao sin experiencia en conflicto armado lo que me hacía titubeante pero, a veces, inconsciente.

En uno de mis viajes a Urabá decidí entrevistar al entonces máximo responsable de la base militar de la Brigada XVII, en Carepa. Hablé largo con Del Río, me hice el extranjero, en imbécil, el solidario con su lucha y habló como buen fanfarrón y asesino que está convencido de que está haciendo lo que cualquier “varón” tenía que hacer: acabar con los guerrilleros a cómo fuera. Vi con mis ojos a civiles recibiendo entrenamiento dentro de la base (eran paramilitares) y Del Río presumió de la estrecha colaboración con los civiles armados (paracos). El tipo era un militar chusco, vulgar... tan varonil como desagradable con su barriga en pleno apogeo. Alguien tuvo que estar apuntándole la estrategia…. y eso nos lleva hasta la Gobernación de Antioquia.

Publicamos mucho de lo visto y lo escuchado porque en aquel entonces la dirección de El Colombiano lo permitía y protegía a sus periodistas. Es más, recuerdo que el general ahora condenado llamó amenazando por lo publicado, pero se encontró con el muro de la dirección. Esos tiempos han cambiado en el periódico. Ese asesino no.

Recuerdo lo que viví en Urabá en ese terrible año 1996 como si fuera hoy. No conocí la guerra, sino la sevicia, la maldad. Vi actuar a los paracos en Turbo o Río Sucio, presencié el acoso armado a Gloria Cuartas, perdí amigos recientes y recogí decenas de testimonios campesinos del horror.

 

¿Y los que faltan?

Quizá por eso, hoy siento que se ha ganado una pequeña batalla gigante. Rito Alejo del Río simboliza lo peor de Colombia, a los elementos de las Fuerzas Armadas que violan sistemáticamente los derechos humanos. Hay que felicitar a Gloria Cuartas, al padre Javier Giraldo, al Banco de Datos de Violencia Política y a miles de civiles que han arriesgado o entregado su vida para que la verdad de la Operación Génesis –y de tantas otras- se supiera.

Pero falta el paso clave: que los jueces hagan el vínculo entre la acción militar coordinada y la autoría intelectual de los políticos que hoy siguen teniendo el poder en el país. Lo de Uribe, hablando y jodiendo todos los días desde las redes sociales, es tan grave como tener a Goebbels de columnista en el Der Spiegel en Alemania. Pero recuerdo que Juan Manuel Santos era el ministro de Defensa durante los miles de asesinatos y desapariciones de civiles por parte del Ejército, esos que ahora se denominan de forma aséptica como “falsos positivos”.

Hoy la cuenta de Twitter de Uribe está en silencio al respecto. Tampoco habla Horacio Serpa, el entonces Ministro de Interior y al que vi abrazarse a Rito Alejo del Río en Apartadó…

La justicia tiene mucho trabajo en Colombia, pero con la sentencia contra Rito Alejo del Río se ha dado un paso. Confieso que yo hoy voy a brindar porque se pudra en la cárcel.

*Periodista español con 14 años de trabajo en América Latina. Primero, como redactor del diario El País de España; después como directivo editorial de diarios como La Tribuna (Nicaragua) y La Prensa (Panamá); cómo colaborador de Gatopardo, El Tiempo y Cromos (Colombia), El Guayacán (Panamá), Courrier International (Francia) o Frontera D (España); y como asesor editorial dentro de García Media Latinoamérica desde hace seis años. Es Premio Mención Especial de Derechos Humanos de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y autor de los libros Los Muertos No Hablan (Aguilar, 2002) y El Malcontento, las otras palabras (Otramérica, 2010).

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