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Los tiempos del proceso de paz no pueden ser los tiempos del momento político

Análisis
Tomado de ANNCOL
Por Carlos Medina Gallego



En las últimas semanas se han venido produciendo una serie de acciones y pronunciamientos por parte del gobierno del presidente Santos en relación con el proceso de conversaciones de Paz de la Habana, que generaron, inicialmente, una pausa por decisión de la Comisión de Paz de las FARC-EP, ante la propuesta presentada por el gobierno ante el Congreso Nacional, para que se hiciera coincidir las posibilidades de un referendo de acuerdos con las elecciones del próximo año; esto se suma a la aprobación de un Marco Jurídico para la Paz, que fue presentado y aprobado con anterioridad y que se considera no se corresponde a un acuerdo con la contraparte de tal manera que sea el espejo jurídico en el que se comienza a reflejar el Marco Político para la Paz que es lo que realmente constituye el Acuerdo General. Ahora viene presionando en tiempos los acuerdos de la mesa de conversaciones movido, tal vez por las premuras de un momento político que no se muestra del todo claro.

Pienso que mas allá de las incertidumbres de los conflictos que se está desarrollando, de las presiones de los detractores del proceso de paz y de los opositores del gobierno, de las premuras de la coyuntura política, el proceso de paz de La Habana debe gastarse el tiempo que necesite para ser exitoso.

El tiempo del éxito del proceso está constituido por tres tiempos distintos, entre otras posibles formas atribuibles al tiempo como tal: el tiempo de la política, el tiempo institucional y el tiempo legislativo. Cada uno de estos tiempos tiene sus premuras y sus rituales, sus protocolos, pero el más importante de todos es el tiempo de la política, porque es el tiempo de las definiciones, los otros son tiempos ejecutivos de formalización de acuerdos y de impulso de los mismos.

El tiempo de la política se mueve a la velocidad de la disposición de las voluntades que conversan sobre la base de las propuestas que se formulan y la viabilidad de las mismas. Es el tiempo de la discusión propositiva, de la flexibilización de las posiciones, de los consensos y acuerdos. Es el tiempo en el que se van definiendo la naturaleza de los problemas y las posibilidades de su superación dialéctica; en él se construyen las líneas gruesas del futuro posible y se perfilan las acciones que hay que emprender. Este tiempo es esencial, porque en ahí se juega en construcción un proyecto ético y político que debe dar bienestar y seguridad a la nación desde una perspectiva que se define en un nuevo marco político democrático e incluyente.

Es, si se quiere, el tiempo donde se refunda la política como la práctica del interés común y se delinean las rutas que ha de seguir el proceso en materia de cambios para garantizar la paz estable y duradera a la que se aspira. Este tiempo se mide en acuerdos.

El tiempo de la política requiere de la mayor inteligencia y de la mayor cordialidad, de un lenguaje comprensivo y conciliador, de un comportamiento franco y sin artimañas, sin planes B. De los resultados obtenidos en él las partes deben salir satisfechas, no porque consiguieron todo lo que pretendían, sino porque no renunciaron a nada de lo que no se podía renunciar y obtuvieron lo real posible.

Este tiempo se construye en alianzas y coaliciones, en acuerdos que posibilitan la acción conjunta y el compromiso mutuo, es el tiempo en el que se estructura la fuerza política de paz que es la que viabiliza o no los acuerdos a los que se llegue.

El tiempo institucional define la acción del gobierno, la duración del mismo y las posibilidades de sacar adelante los retos que se ha formulado a través de su plan de gobierno convertido en plan de desarrollo. Este tiempo se mide en periodos presidenciales, años fiscales, planes, programas y acciones de gobierno dirigidos a garantizar que los actos administrativos cumplan con los propósitos que en materia de desarrollo económico, político y social se ha fijado el gobernante.

La iniciativa de marchar en un proceso de solución política al conflicto armado y tratar de hacer efectivo el derecho a la paz como mandato constitucional, hace parte de la política del gobierno actual y se desarrolla conforme a su voluntad. Si bien se apoya en la coalición de gobierno, es en esencial de iniciativa del ejecutivo cuya duración en el cargo está limitada por ordenamiento jurídico y constitucional de la nación. Las posibilidades que el proceso de conversaciones y la implementación de los acuerdos se dé en un solo periodo de gobierno es ninguna. Los riesgos que el proceso al ser iniciativa del mandatario se transforme con un nuevo presidente con propósitos distintos, son mayores. La necesidad de convertir la iniciativa del gobierno en política de Estado es absoluta. En estas circunstancias, lo mejor sería que quien inicio el proceso lo lleve hasta que el mismo se transforme en política de Estado, que obligue a los gobiernos venideros a mantener los acuerdos y sacarlos adelante.

El tiempo constitucional también tiene sus protocolos y rituales y el proceso necesariamente va a tener que pasar por él cualquiera que sea el camino de refrendación de los acuerdos que se tome. La posibilidad que exista una fuerza política de paz representada por los distintos partidos que conforman la mesa de unidad nacional y a la que se sume la discreta representación de la izquierda democrática en apoyo a las iniciativas parlamentarias de paz, va a resultar muy útil, pues las leyes o actos legislativos tendrían un curso fluido en el parlamento resultado de ese acuerdo.

La posibilidad que el mapa político en el parlamento se modifique en las elecciones del 2014 y entre a él una fuerte oposición proveniente del Centro Democrático, liderada por el ex-presidente Uribe es real. Mantener las fuerzas mayoritarias a favor del proceso es un reto que debe formularse el ejecutivo y los partidos de la coalición durante periodo electoral que se avecina, pero también a la que debe sumarse la izquierda democrática y en general, en las urnas, el país entero.

Permítanme cerrar este articulo insistiendo: El tiempo del proceso de paz es el tiempo del éxito de los acuerdos, de la refrendación y del postconflicto. No puede botarse al basurero de las malas decisiones políticas por la premura del momento un esfuerzo como el que se está realizando en La Habana, que busca poner fin a SESENTA AÑOS DE GUERRA.

* CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento para la Paz

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