Ir al contenido principal

“La joda va para largo”

Análisis
Tomado de Cambio Total
Por: Alfredo Molano Bravo

ENTRE ADORMILADO Y FANTASIOSO iba viajando el martes desde Cali hacia Popayán. Una carretera que después de pasar los aburridores cultivos de caña de azúcar del valle se vuelve interesante y bella en la loma. Adelante de Piendamó un pasajero gritó: “¡Ahí vienen!”, como si los estuviera esperando.




La buseta frenó detrás de un bus que había frenado detrás de un camión. Miré por la ventanilla y vi que de las lomas que dan al occidente bajaban saltando cercas cientos de campesinos negros. Gritaban y agitaban largos garrotes; la mayoría cargaban pequeños morrales. No había salido de mi asombro, cuando vi que del lado opuesto llegaban otros tantos indígenas con la misma actitud, aunque un poco menos nerviosos, seguramente por la práctica que tienen de tomarse la carretera Panamericana. Mezcladas las corrientes, atravesaron los vehículos, les desinflaron las llantas y nos ordenaron a todos los nerviosos y obedientes pasajeros que nos bajáramos porque “la joda va para largo”. En dos minutos ya eran 20 carros, entre ellos un carrotanque que desocuparon y un camión lleno de ladrillos que repartieron. Dieron paso a una ambulancia y a dos camiones del Ejército. Cinco minutos después, los soldaditos regresaron a toda velocidad viendo que seguía concentrándose más y más gente en la carretera. Iban asustados y sudorosos. Me atreví a preguntarle a uno de los manifestantes de dónde venían y me respondió: “A usted qué le importa, pregúnteme más bien a qué venimos”. Se lo pregunté: “A quedarnos”, me respondió con calma. Era evidente: algunos traían ollas y otros, costales con yuca y plátano. No vi niños, como dijo después la Policía, y había pocas mujeres, la mayoría indígenas. Los pasajeros, que éramos ya peatones, comenzamos a caminar con nuestros bártulos cuando vimos dos aviones militares sobre lo que ya era un monumental trancón. Al rato llegó un helicóptero. El culillo aumentaba a lo largo de la vía; todos sabíamos que en cualquier momento llegarían las cuadrillas del Esmad con sus granadas y su violencia. El miedo se transformaba en rabia y en ganas de pelear.

Las negritudes venían a pie desde Suárez y Buenos Aires, regiones mineras donde se explota el oro con batea desde hace cuatro siglos; hace unos años les construyeron la hidroeléctrica de Salvajina, que les quitó tierras y minas. Ahora, las retroexcavadoras explotan lechos de quebradas y los paramilitares vuelven a rondar sembrando el terror para que las comunidades terminen por aceptar la entrada de las grandes mineras.

Los indígenas nasas, que le han mostrado al país la fuerza organizativa que tienen, están en la carretera más como campesinos que como indígenas, en el sentido de que no sólo reclaman para sus resguardos las tierras de Cartón Colombia, sino también precios de sustentación para sus productos, crédito subsidiado, desmonte de los monopolios de los insumos agrícolas, libertad de comercio para sus semillas ancestrales, vías para sacar sus cosechas y, sobre todo, desmilitarización de las regiones.

El país hierve de fiebre. Los “labriegos” de Boyacá, que no salían a pelear desde la batalla del Pantano de Vargas; los cafeteros de Chinchiná; los lecheros de Ubaté; los paperos de Ipiales; los alverjeros de Sumapaz y los cacaoteros de Santander, todos salen, atraviesan troncos y se enfrentan a las tropas del Gobierno, cansados de las protestas pacíficas, de los pliegos de petición, de las respetuosas solicitudes burladas. Los gobiernos, con el incumplimiento sistemático y deliberado de los acuerdos que firman con los campesinos y con el cumplimiento estricto de los acuerdos que firman con EE. UU., Europa, Corea, han obligado a la gente a las vías de hecho, a enfrentarse con las fuerzas armadas, para luego argumentar con cinismo que los labriegos están siendo utilizados por la guerrilla. Desprecian a la gente al mostrarla como una masa estúpida, ignorante y maleable, susceptible siempre de ser manejada por los agentes del mal, y por eso son capaces de firmar los TLC pensando sólo en los intereses de los “agentes del bien”.

Todo parece indicar que la “tortilla se les volteó”, como cantábamos hace 50 años —¡medio siglo!— cuando entramos los buses a la Universidad Nacional, en agosto de 1963. Casualmente recordaba las pedreas de aquellos años arrastrando un maletín de rueditas por la vía Panamericana, saltando troncos, esquivando torpedos de los manifestantes y bombas de la fuerza pública, la que mucho tiene de lo primero y nada de lo segundo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La guerra y la paz, el petróleo y el fracking

Análisis Tomado de Las 2 Orillas Por Gabriel Ángel


Todos los días vivimos el pulso permanente entre la guerra y la paz. De pronto pasan a primer plano las maniobras militares ordenadas por el presidente Nicolás Maduro en la frontera, y las furiosas reacciones del lado colombiano, que neciamente fanfarronean en torno al inmediato apoyo que recibirían del gobierno de Trump, en caso de cualquier ataque militar.


Retumba el coro acusador contra la revolución bolivariana. Los medios despliegan incontables declaraciones en torno a la presencia de guerrillas en el vecino país, con pleno apoyo del gobierno venezolano, al tiempo que la Cancillería colombiana anuncia acciones inmediatas de denuncia ante la OEA y la ONU, con la presumible intención de conseguir el respaldo externo, a objeto de legitimar las agresiones encaminadas a derrocar al chavismo.



La cordura parecía apabullada ante la avalancha de irracionalidad guerrerista. Hasta que surge una lucecita que permite ver las cosas de otro modo. La…

Caen líderes, dirigentes, exguerrilleros y niños

Análisis Tomado de Las 2 Orillas Por Gabriel Ángel

Si algo queda claro de los episodios que en materia de orden público sacuden al país, es que se equivocan de cabo a rabo quienes insisten en echar leña al fuego de la confrontación militar, los amigos de la guerra, así como se equivocan también los que se empeñan en reavivar una lucha armada que lo único que produce a diario son múltiples horrores. La verdad es que la única solución viable es la implementación integral de lo acordado en La Habana.

El Estado colombiano firmó un Acuerdo de Paz con la organización guerrillera más fuerte e influyente en la vida nacional, las Farc. Gracias a este se puso fin a un conflicto de más de medio siglo y el país sintió un profundo alivio. En extensas regiones se pudo por fin vivir en la normalidad, y se esperaron ansiosamente, de acuerdo con lo pactado, los planes de ayuda del Estado que erradicarían la pobreza y elevarían su nivel de vida.
La salida de las Farc, que ejercían poder y establecían un ord…

Salida de Botero debe ser acompañada por un cambio en la política de seguridad

Comunicado Tomado de FARC Por Consejo Político Nacional

La renuncia del ministro de Defensa, Guillermo Botero, es una oportunidad para que el gobierno de Iván Duque ajuste su errada política de seguridad y defensa, que está llevando al país hacia el pasado de guerra y odio que se venía dejando atrás.
El asesinato de líderes sociales e integrantes de las FARC-EP  en proceso de reincorporación, las recientes masacres de indígenas en el departamento del Cauca, y la trágica muerte de ocho menores de edad en un desproporcionado bombardeo autorizado por el presidente Iván Duque,  son expresiones nefastas de esta situación.
La salida del ministro Botero no puede paralizar las investigaciones sobre las responsabilidades en los varios casos de presuntos crímenes de Estado. Los asesinados no pueden quedar en la impunidad. Pero, además, es necesario y urgente cambiar la doctrina del enemigo interno. El gobierno debe cambiar su interés de profundizar y empezar nuevos conflictos.
La actual política de s…