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Oslo: ¿Por qué el discurso de las FARC es el mismo?


análisis Mbsuroccidente 



León Moraria
18 de octubre del 2012
 farc ep        Tuvo lugar en Oslo (Noruega) hoy jueves 18 de octubre, el primer encuentro entre los representantes de las FARC y los negociadores nombrados por el gobierno colombiano. Encuentro pactado para que las partes se miraran las caras y los países garantes sirvieran de testigos. ¡Nada más!
         En el acto oficial, los discursos de cada una de las partes estaban acordonados de limitaciones para no decir nada. En efecto, el discurso o declaración del jefe de la delegación oficial del gobierno, se limitó a las palabras de protocolo y la elocuente insinuación de no “hacerse ilusiones sobre los resultados”. Quien no piensa vencer ya está vencido.
         El vocero de las FARC-EP, el comandante Iván Márquez, conforme al acordonamiento/limitaciones establecidas, debía hacer lo mismo ¡No decir nada! Pero, el representante de las FARC, combatiente fundido en el crisol de la lucha revolucionaria, tenía que poner sobre la mesa, ante los garantes, la prensa internacional y la opinión pública mundial, los elementos fundamentales de las conversaciones de paz y las razones por las cuales las FARC –EP, durante años, han permanecido esperando que el gobierno volviera a la mesa de dialogo. No fueron las FARC las que abandonaron la mesa de conversación en El Caguán, sino, el gobierno en cabeza de Pastrana.
         Desde la Colonia y durante la República, los gobiernos en Colombia tienen la tradición histórica de no cumplir con los acuerdos y pararse de la mesa cuando les viene en gana. Ocurrió con la Rebelión de los Comuneros del Socorro en 1871 (Manuela Beltrán). Ante el avance del multitudinario ejército comunero, el gobierno del Virrey pidió conversar, delegó en el arzobispo Caballero y Góngora y éste firmó la paz con los líderes de la rebelión, José Antonio Galán. Cuando depusieron las armas y se dispersaron, los persiguieron, encarcelaron, torturaron, enjuiciaron y asesinaron, con la bendición del arzobispo. Veinte años después, en cada ciudad capital de América Latina, se declara la independencia de España.
         En la época de la violencia, desatada durante los gobiernos de Ospina Pérez y Luareano Gómez, Gaitán hace el llamamiento a la paz. El pueblo colombiano se moviliza tras de su líder. Se reúne la famosa concentración o Manifestación de el Silencio, donde no se oía sino la respiración anhelante de la multitud reunida para oír a su líder pronunciar la “Oración por la Paz”. Un mes después Gaitán caía asesinado.
         De idéntica manera a lo ocurrido con los Comuneros, el presidente Belisario Betancur llega a los acuerdos de Casa Verde, que dieron origen a la creación de la Unión Patriótica para la participación cívica. Ante la fuerza política que dicho movimiento adquiere en toda Colombia, a los miembros de la Unión Patriótica, desde sus candidatos presidenciales, Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, al dirigente campesino, obrero o líder municipal, los buscan en sus casas, sitios de trabajo y los asesinan. Esa historia ha sido dicha y repetida mil veces y lo será, cada vez que sea necesario dejar en claro que no son las FARC las que incumplen, sino, el gobierno, tanto en la rebelión de los Comuneros; en las movilizaciones convocadas por Gaitán; en los Acuerdos de Casa verde; en el Caguán y en cada oportunidad que el pueblo colombiano habla de paz. ¿Por qué el gobierno se niega a cumplir los acuerdos y buscar la paz? ¡Es su obligación constitucional! No sólo para alcanzar la paz interior, sino, para evitar conflictos con los países limítrofes, víctimas durante más de medio siglo de esa guerra.
         El discurso de Iván Márquez, en Oslo, es el mismo discurso del Caguán, el mismo de Casa Verde, el mismo de Manuel Marulanda en Marquetalia cuando funda las FARC; el mismo de Gaitán. ¿Por qué? Porque las causas del conflicto hoy, son exactamente las mismas de hace diez, veinte, cuarenta y cinco o sesenta años. En Colombia, las causas sociales y económicas que originaron el conflicto hace sesenta años, son las mismas, lo único que ha variado, es el grado de violencia y horror escalados. Vale repetir la frase de Voltaire, “la civilización no suprime la barbarie, la perfecciona” De los chulavitas de Ospina Pérez y Laureano Gómez que le realizaban a sus víctimas el corte de franela y el corte de corbata con machete; el cambio, durante los gobiernos de Uribe Vélez y Juan Manuel Santos, ha consistido en que ahora los narcoparamiliatres organizados por el gobierno y entrenados por la embajada gringa, realizan el desmembramiento del cuerpo de las víctimas con moto sierra.
         En el relato que estoy escribiendo referido a un frente guerrillero, en la lucha armada de la década de lo sesenta del siglo pasado, me he encontrado con el testimonio que le daba, Olga, una mujer campesina (1950), desalojada de El Chaparral (Tolima), víctima de la violencia, huye a Bogotá, donde conoce a un estudiante venezolano, crean una relación sentimental, le cuenta el horror que vivió con su familia, asediada por la policía, los chulavitas y el ejército: asesinatos, crímenes, violaciones, robo de ganado y de todo lo que producían.  Relato muy parecido al publicado por Rebelión hace dos días, de Lizet y su hermana Yuribí, en una zona campesina aledaña a Cúcuta. Ella, su hermana y un tío, asediados por los paramilitares, el ejército y la policía, se incorporan a las FARC. El relato de Lizet (2012), Norte de Santander, es exactamente igual al relato de Olga (1956), la campesina desalojada del municipio Chaparral (Tolima). En sesenta años, la tragedia no ha variado, es la misma, impuesta por la oligarquía al pueblo colombiano en cualquier región del territorio nacional. Yuribí, que como guerrillera había estudiado enfermería, muere asesinada en un bombardeo realizado por la aviación.
         Si estos son los hechos ¿Por qué el discurso de Iván Marquez en Oslo, debía ser diferente al discurso de Manuel Marulanda, hace cuarenta y cinco años en Marquetalia, cuando funda las FARC-EP? Las causas de la guerra continúan siendo las mismas, con Ospina Pérez o con Juan Manuel Santos.

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